EDITORIAL

Velitas incendiarias

Parece que los Mujica, Sendic y De León quieren seguir jugando a empresarios con la plata de los contribuyentes. Son impermeables al clamor de la opinión pública que no quiere más Fondes o Alures para seguir rezando al socialismo.

No cabe la menor duda: si siguen prendiendo velitas al socialismo, nos van a incendiar el país. En nuestra edición de ayer, la periodista Valeria Gil informó sobre el contenido de un documento borrador de la "unidad temática de trabajo, empleo y relaciones laborales" del Frente Amplio. Allí se trazan propuestas de gobierno para el período 2020-2025, que serán debatidas por la Comisión de Programa y luego puestas a votación en el Congreso del FA del próximo diciembre.

El documento en cuestión contiene bastante del "lugarcomunismo" que ha caracterizado la retórica frenteamplista desde 2005, presente en algunas medidas que pasaron más o menos desapercibidas durante el período de bonanza económica, pero que en los últimos tiempos demuestran hacer agua por todos lados.

Allí se expresa, entre otras cosas, que si el FA alcanza el gobierno por cuarta vez, creará más empresas públicas de derecho privado y pondrá al Estado a asistir financieramente a aquellas, privadas, que tengan "un gran impacto sobre el empleo".

Parece que los Mujica, Sendic y De León quieren seguir jugando a empresarios con la plata de los contribuyentes.

Son impermeables al clamor de la opinión pública, que no quiere más Alures que usen los dineros públicos escapando al control del Tribunal de Cuentas, ni más Fondes que los arrojen al barril sin fondo de proyectos inviables.

Uno quiere creer que estas definiciones, que son diametralmente opuestas a las que debería tomar un gobierno honesto para hacer un país de primera, deben provenir del ala mujiquista del FA, que suele caracterizarse por el voluntarismo sin sustento racional y el triunfo de las orejeras ideológicas sobre el pragmatismo. Pero cuando al mismo tiempo comprueba que nos espera una rendición de cuentas (formulada por el ala astorista) con incremento del gasto, la verdad es que da para desmoralizarse. Parece que se pueden seguir excediendo con tal de llegar al famoso seis por ciento para la educación, esa cifra mágica que supuestamente resolverá el cúmulo de inequidades del sistema. Es todo muy críptico, porque al mismo tiempo que aumentan el gasto educativo sin un solo atisbo de cambio en su conducción, advierten que no invertirán los recursos que demanda la ley contra la violencia de género. ¿Qué define las prioridades presupuestales? ¿Las emergencias sociales más trágicas o la amenaza de bloqueo que realizan ciertas organizaciones sindicales?

Esa colección de contradicciones discepolianas que nos regala el oficialismo mostró esta semana otro capítulo asombroso. El periodista Leonardo Haberkorn reveló en El Observador que el Banco Central, después de haber pagado más de 60.000 dólares a dos equipos académicos para que escribieran sobre el cincuentenario de esa institución, se limitó a publicar los trabajos solo en la web (y en forma parcial), rechazando incluso la posibilidad de que los propios autores los convirtieran en libro. Lo que surge de quienes testimonian su frustración por el hecho, es que el presidente del Banco, Mario Bergara, no se mostró de acuerdo con la forma en que los investigadores destacaron su gestión. Parece que un representante del BCU llegó a usar el contador de palabras de Word para comprobar que los nombres de antiguos presidentes del Banco aparecían más veces que el de Bergara…

Como el expresidente Julio de Brun integró uno de los equipos académicos, relató que se tomó el trabajo de asegurarse de que su propio nombre apareciera menos veces que el del jerarca actual. Pero ni así lograron calmar la molestia de Bergara, que en un sinceramiento público sobre el tema admitió que "todos sabemos que el diablo está en los detalles. Y acá no faltan detalles y mucho menos faltan diablos".

Así estamos, con un partido de gobierno que, a medida que se acerca el período electoral, expresa su creciente nerviosismo a través de la formulación de medidas inconsistentes y gravosas, o echando mano a la ilusión mesiánica de haber refundado al país a partir del 2005. Y si la realidad no les da la razón, la que se equivoca es la realidad.

Los tres hechos políticos que hemos reseñado tienen un denominador común: cuando se diseñan políticas ilógicas, cuando se atiende más a los corporativismos que al conjunto de la sociedad y se desprecia a la Academia en beneficio del autobombo, todo se agrava. Son esas inocentes velitas que Mujica quería encender para el socialismo, y que terminan quemando recursos y dignidad republicana.

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