Editorial

Vázquez y el ego de Mujica

Hasta el 1° de marzo el Presidente soy yo, y después del 1° de marzo tengo 30 legisladores". La frase de Mujica, trasmitida al actual Director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Álvaro García (El Observador, 23/02) era una advertencia, sin anestesia, a la nueva administración de cómo serían las reglas de juego y el relacionamiento entre su grupo y el nuevo gobierno.

Mujica hizo de su presidencia un culto a la personalidad. Todo giró en torno a él, a su permanente búsqueda de micrófonos y reflectores desde donde lanzar mensajes sobre cualquier tema. Se convirtió en un todólogo a la hora de opinar y, lo peor, es que terminó convencido que sabía de todo y que el resto, pobres mortales, estaban a años luz de la profundidad de su sabiduría.

Volver al llano, regresar a ocupar una banca en el Senado (con el antecedente de la absoluta "nada" que fue como legislador), perder el protagonismo de sus viajes al exterior (fueron más de ochenta que realizó durante su mandato), dejar sin material a Kusturica, no estaba ni está en sus planes. Le ganó la vanidad y, como decía el gran Atahualpa Yupanqui (Coplas del Payador Perseguido): "La vanidad es yuyo malo/ que envenena toda huerta…". Un ejemplo de este talante egocéntrico a grado extremo, se puede encontrar en un reportaje de Búsqueda (26/02): "Logré que Uruguay exista, lo puse en el mapa". Casi como dijo aquel rey francés conocido como Luis XV y su modestia infinita: "Después de mí, el diluvio".

Así planteadas las cosas, no sorprenden las dificultades que debe (y deberá) enfrentar al gobierno de Vázquez con el líder del MPP y sus 30 hombres. Peor será incluso cuando su esposa Lucía Topolansky pierda las elecciones a la Intendencia de Montevideo y se convierta en la resentida compañera, mal perdedora, que sufre también el apagón en torno a su persona y solo será una mano más para votar en el Senado. O alguien bien dispuesta a conspirar contra todo aquel que proponga cambios en las políticas de gobierno y busque arreglar los desarreglos "heredados" de su marido.

Cuando aún no llega a un mes de haber asumido, los choques de Vázquez y Mujica han alcanzado muchos puntos concretos. Tal vez el más duro ha sido el Fondes, ese fondo creado por decreto de septiembre de 2011 para canalizar un porcentaje de las utilidades del BROU hacia la financiación de proyectos autogestionados por los trabajadores. Es decir, todas aquellas empresas que de alguna manera quedaron obsoletas recibían generoso apoyo financiero y se les entregaban a los trabajadores para dirigir, producir y competir. Los resultados que se alcanzaron, con la velocidad que hoy tienen los cambios tecnológicos, están en la órbita del fracaso, pero se siguió invirtiendo el dinero del Estado, lo que no impidió que varias de ellas ya cerraran sus puertas. El enfoque de Vázquez va por el apoyo a las pequeñas y medianas empresas (Pymes), que deberán tener proyectos "sostenibles económica y financieramente".

Obviamente, que el Pit-Cnt ha planteado su frontal discrepancia con la modificación introducida al Fondes, lo que por un lado fortalece la posición interna de Mujica y por otro hace presumir que es buena para la sociedad, aunque no para ellos.

Pero además hubo choques en otras áreas; en política exterior se ha pasado de "morir abrazados al Mercosur" por una política de "regionalismo abierto", donde lo jurídico esté por encima de lo político. El Plan Juntos quedará en el área del Ministerio de Vivienda (parece elemental, pero no lo es), se han postergado o descartado el puerto de aguas profundas en Rocha y el Antel Arena y la reglamentación de la ley de marihuana —aquella que apoyó George Soros para convertirnos en un laboratorio experimental— quedó sin plazo conocido.

Entre Vázquez y Mujica nunca hubo mucha simpatía, pero se las ingeniaron para disimular sus sentimientos. Ahora la cosa es muy distinta. Mujica ha salido fuerte a cuestionar los cambios del Presidente al legado de su gobierno y tiene 30 de los 66 legisladores del FA. No creemos que facilite las cosas porque ello significará que asume un papel secundario cuando la película de Kusturica está por estrenarse y, además, su autocomplacencia se ha disparado a niveles exorbitados y será difícil que baje a tierra. Vázquez deberá mover sus piezas con astucia —que la tiene— para satisfacer el ego del exmandatario y al mismo tiempo llevar adelante un gobierno serio que le permita entrar en la historia indiscutible de este país.

No será fácil, porque la coyuntura internacional no ayuda y el déficit que recibió de la anterior administración es grande, pesado y peligroso. Pero del resultado de este choque, depende el futuro de los uruguayos.

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