EDITORIAL

Uruguay y el mayo francés de 1968

El cincuentenario del mayo francés, tan recordado en estos días, no debería oscurecer lo sucedido en nuestro país en un año crucial que, a diferencia de lo que sostiene la izquierda, no fue el de la instauración de la dictadura en Uruguay.

En estos días se ha recordado largamente el cincuentenario del mayo francés con sus protestas estudiantiles, sus lemas tan pegadizos como "la imaginación al poder" y sus líderes convertidos en vedettes internacionales. Lo que ese movimiento logró para Francia es aún tema de discusión. De lo que no hay duda es que su propagación más allá de sus fronteras causó fuertes efectos en otros países, incluido Uruguay, en donde llegó a hablarse en aquel 1968 de una "rebelión estudiantil" y a señalarlo por algunos como el año en que empezó el período dictatorial en Uruguay.

Aquella "rebelión" se expresó en sus momentos álgidos mediante grandes manifestaciones de jóvenes en zonas céntricas de la capital, en particular en las cercanías de la Universidad de la República. Más allá del clásico pedido de mayor presupuesto para la enseñanza en la lista de reclamos había de todo, des- de la rebaja del precio del boleto estudiantil hasta la sustitución del sistema democrático por otras formas de gobierno "popular" con intervención estelar de "las masas" y apelaciones a la formación del "hombre nuevo" delineado por el castrismo.

Todo muy vago, pero capaz de movilizar a los estudiantes y bloquear el dictado de cursos en liceos y la Universidad. Fue un año de huelgas continuas que afectaron a la enseñanza. Peor que eso, fue un año cargado de violencia en donde por detrás de aquellas manifestaciones callejeras actuaban los tupamaros y otros grupos de izquierda que buscaban obtener por las armas lo que no podían conseguir por las urnas.

Asaltos a sucursales bancarias, un sabotaje con bombas que logró silenciar la radio Ariel de Jorge Batlle, robos de armas y explosivos por doquier y el secuestro del entonces presidente de UTE, Ulysses Pereira Reverbel, demostraron que aquel año era distinto y que la "rebelión" uruguaya iba por caminos muy diferentes de los de Francia. Estaba claro que los tupamaros aprovechaban ese momento de movilización para captar adeptos y radicalizar sus objetivos.

La respuesta del gobierno de Jorge Pacheco Areco fue la instauración de medidas prontas de seguridad, una suerte de estado de sitio con suspensión de garantías individuales prevista en la Constitución y con control del Parlamento, que podía anular las tales medidas en cualquier momento. Discutibles o no, era indudable que en Uruguay se vivía una emergencia que requería una demostración de autoridad. Podrá polemizarse sobre si la que se adoptó entonces fue la más correcta, pero lo que no puede afirmarse —como lo vienen haciendo los gobiernos del Frente Amplio— es que aquellas medidas de 1968 marcaron el comienzo de la dictadura en nuestro país.

Esa idea de que durante el año del mayo francés Uruguay dejó de ser una democracia no se sostiene. A pesar de ello placas en lugares públicos, menciones hechas por líderes de izquierda y hasta normas legales como la de reparación a las víctimas de la dictadura, toman el 68 como punto de partida del período dictatorial. Esa tesitura resulta funcional para los tupamaros, que pretenden justificar sus acciones de aquellos años como una expresión de resistencia a la dictadura que, según ellos, ejercía Pacheco Areco. Así, Mujica y compañía se presentan como defensores de la democracia cuando en realidad procuraron dinamitarla por todos los medios.

Decir que la dictadura en Uruguay comenzó en aquel año turbulento es ignorar que más allá de las medidas prontas de seguridad hubo oposición parlamentaria al gobierno como lo demostró Wilson Ferreira Aldunate al derribar a varios ministros del gobierno a través de resonantes interpelaciones.

Si el país hubiera estado bajo dictadura tampoco hubiera podido surgir el Frente Amplio que entre 1968 y 1971 trabajó para convertirse en una nueva fuerza política de oposición radical al gobierno. Y aparte de ello, el 68 no les sirve a los tupamaros como fecha para legitimarse pues bien sabido es que su decisión de tomar el poder por las armas para hacer del Uruguay una segunda Cuba había sido adoptada en 1963, año de sus primeros golpes armados.

Como se aprecia, a la hora de hablar del 68 y sus efectos, lo ocurrido en Uruguay guarda poca relación con el escenario francés, plagado de mítines y fantásticos discursos, todo ello muy mediático, y por cierto menos violento que los acontecimientos ocurridos en nuestro país. Rescribir la historia reciente es una de las pasiones de la izquierda, pero por más que lo intenten nunca podrán demostrar que aquel fue el año de su levantamiento contra la dictadura que, como es sabido, fue instaurada en Uruguay cinco años después en el aciago 1973.

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