EDITORIAL
diario El País

Uruguay y Argentina

La coincidencia de los calendarios electorales en nuestro país y en Argentina deparó que tengamos cambios de gobierno al mismo tiempo, aunque el período de transición en el país hermano sea mucho más rápido.

Esta simultaneidad también depara cambio de signo ideológico en ambas márgenes del Plata, lo que, a juzgar por los resultados de los períodos de compatibilidad política, no es una mala noticia.

En Argentina, el fracaso de la administración de Mauricio Macri deparó el regreso del kirchnerismo. Si bien es dado esperar que Alberto Fernández suavice algunas de las peores aristas de esas administraciones, las medidas de incremento de impuestos, aumento del dólar para el turismo y de las retenciones al campo, no dejan dudas de qué tipo de gobierno se trata.

Lamentablemente el país vecino se encamina a profundizar la recesión que sufre, al galope de medidas estatistas y proteccionistas que fracasaron en el pasado. Si a eso le sumamos que la situación internacional ya no es tan favorable como en tiempos de Néstor y Cristina Kirchner podemos ver que la tormenta perfecta está formándose.

Es curioso como la venda política, de un lado o del otro, a veces impide analizar la realidad basada en hechos. El problema básico de Argentina ha sido un gasto público exorbitante con más personas viviendo del Estado que las que contribuyen a sostenerlo, enormes déficits fiscales y acumulación de deuda, devaluaciones e inflación endémica.

Ni los gobiernos peronistas ni el macrismo supieron revertir esta situación y, lamentablemente, parece que el nuevo gobierno tampoco lo hará, sino que acelerará las políticas populistas. Por la suerte del país vecino es de desear que el nuevo gobierno tome un rumbo más pragmático basado en la situación que debe enfrentar la Argentina, pero no parece ir en esa dirección con sus primeras medidas.

En Uruguay, mientras tanto, el gobierno que asumirá en marzo de 2020 ya ha anunciado su gabinete, los ministros y sus equipos sostienen reuniones bilaterales con sus pares del actual gobierno y se preparan las primeras medidas de carácter general y de cada cartera. La transición transcurre con normalidad y buenos gestos entre el presidente entrante y el saliente, amén de la zancadilla de las tarifas públicas y otras mezquindades del gobierno que se va.

El gobierno que asumirá en 2020 tiene claro que deberá resolver algunos problemas importantes que deja la actual administración, que requieren medidas de fondo.

Algunos de estos problemas son visibles y nos preocupan a todos, como el descalabro de la seguridad pública en el número récord de homicidios y rapiñas de la historia nacional o la pérdida de más de 60.000 trabajos en lo que va de la presente administración.

Otros son menos visibles o no figuran en las encuestas de la preocupación pública, pero son también absolutamente fundamentales. El déficit fiscal que supera el 5% del producto, como explicó el futuro director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto Isaac Alfie, debe ser reducido desde el primer día, dada la inadmisible irresponsabilidad del gobierno actual. Tanto el déficit como la deuda han aumentado de forma extraordinaria, poniendo en jaque al país y requiriendo medidas desde el propio 1° de marzo, para poner el país a salvo del desbarranque.

Todos los analistas independientes, incluso el actual equipo económico, coinciden en que la trayectoria fiscal de Uruguay es insostenible y, sin embargo, a lo largo de 15 años de gobierno no han hecho más que empeorar la situación fiscal del país, hasta llevarla a terreno donde ya no se puede seguir jugando con fuego.

El próximo gobierno tiene claro que debe evitar un escenario como el de Macri, que es muy similar al del Frente Amplio; incremento del gasto, déficit elevado e insostenibilidad fiscal. También sabe que debe impedir los incrementos tributarios que pueden ser recesivos, de forma que ha escogido sensatamente, el camino de la reducción del gasto público exorbitante que hoy soportamos.

Argentina y Uruguay, países indisolublemente unidos por la historia, el afecto entre los pueblos y una cultura común, enfrentan hoy circunstancias políticas muy disímiles. Mientras que los uruguayos nos dimos la oportunidad de corregir el rumbo a tiempo y evitar el abismo, los argentinos aceleran el paso hacia una brutal caída. Confiamos en que Uruguay transite por un sendero mejor el año próximo y deseamos fervorosamente que el nuevo gobierno argentino gane en sensatez y logre evitar lo peor.

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