EDITORIAL
diario El País

¿Quién no es Uruguay?

El bloque opositor PIT-CNT-FA-ONG compañeras lanzó este fin de semana la campaña contra los 135 artículos de la LUC que, seguramente, serán sometidos a referéndum el año próximo.

Amén de los clásicos sonsonetes de la izquierda, plagados de lugares comunes y frases vacías, se destacó el eslogan publicitario que encabezará la campaña “La LUC no es Uruguay”. El nivel de fascismo y exclusivismo que trasunta bien merece un análisis del tipo de oposición que está sufriendo nuestro país.

La recolección de firmas para realizar un referéndum contra una ley, total o parcialmente como en el caso en cuestión, es naturalmente un derecho de los ciudadanos. Es una de las instituciones de democracia directa que establece nuestra Constitución y que, amén de las críticas de las que es susceptible, tiene la gran virtud de actuar como cláusula de escape para quienes se oponen a una iniciativa legislativa.

Sin embargo, en este caso el referéndum en sí mismo es un completo absurdo por varias consideraciones. En primer lugar porque es la ley más publicitada y plebiscitada de la historia política nacional; durante toda la pasada campaña electoral el actual presidente de la República promocionó sus contenidos y la forma en que se llevaría adelante, por lo tanto nadie puede llamarse a sorpresa.

En segundo lugar, porque la ley se dio a conocer meses antes de que fuera ingresada al Parlamento, lo que amplío sus círculos de discusión y el tiempo que tuvo todo el país para analizarla, comentarla y criticarla. Si hay algo que no faltó en la discusión de la LUC fue tiempo, instancias y lugares en medios de comunicación para su consideración.

En tercer lugar, porque el propio procedimiento de la ley de urgencia establece tiempos para su tratamiento similares al de la rendición de cuentas, que se vota todos los años, incluye cientos de artículos y versa sobre los más diversos temas. A nadie se le ocurriría tildar a las rendiciones de cuentas de poco democráticas, por lo tanto tampoco se puede de buena fe endilgarle este calificativo a la LUC.

En quinto lugar, porque recibió aportes y fue modificada por los cinco partidos que componen la coalición de gobierno, excluyendo aspectos que eran relevantes para el Poder Ejecutivo como la liberación de la importación de combustibles. No existió imposición alguna del gobierno, fue una ley negociada y finalmente votada por una amplia mayoría en la cámara de diputados y de senadores recién emanados del voto popular.

Por tanto, ¿a cuento de qué viene el eslogan de que “La LUC no es Uruguay? A cuento de la visión totalitaria de la realidad que tiene el bloque opositor. Es la misma visión totalitaria que les impide comprender que perdieron las elecciones en buena ley y que la democracia es un sistema que se defiende siempre, más allá de los resultados.

El debate de ideas puede y está bien que sea duro y frontal, pero llevar las diferencias al punto de autoproclamarse uruguayos y negarle esa condición al adversario implica un punto de intransigencia deleznable.

La misma visión totalitaria que los lleva a apoyar dictaduras si son de compañeros y más aún si regaron generosamente de dinero sus bolsillos en tiempos de petróleo caro.

Solo a un fascista se le puede ocurrir que blancos, colorados, cabildantes, independientes y Partido de la Gente no son Uruguay. Mal que les pese en su intolerancia cerril son tan Uruguay como los frentistas a los que ningún simpatizante de la coalición les negaría su condición nacional.

El debate de ideas puede y está bien que sea duro y frontal, pero llevar las diferencias al punto de autoproclamarse uruguayos y negarle esa condición al adversario implica un punto de intransigencia deleznable y violenta.

El presidente de la República ha seguido el camino opuesto. Siempre ha expresado que el cambio elegido por los uruguayos en 2019 no era para sustituir una mitad por la otra sino para construir puentes y así ha actuado. Pese a los ataques permanente y a los palos en la rueda hasta para generar planes sociales o generar empleo, ha mantenido la mirada elevada y la tranquilidad de espíritu del verdadero estadista.

Mientras Mujica sigue como toda su vida revolcándose en el fango de sus rencores, el presidente Lacalle Pou gobierna con visión de Estado para todos los orientales.

Mal que les pese a los frentistas, todos quienes nacimos en esta tierra y todos quienes la han elegido para vivir, aunque no los voten, tienen los mismos derechos que ellos a expresarse democráticamente y gobernar cuando son la mayoría. No solo les falta a los dirigentes frentistas un baño de humildad, es mucho más grave. No son capaces de comprender las reglas de la democracia más elementales, por lo que hay que estar alerta a sus impulsos totalitarios.

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