EDITORIAL
diario El País

Tiempo de unidad nacional

Nuestro país está atravesando por el peor momento de la pandemia, con una aceleración importante en el número de contagios, al mismo tiempo que el proceso de vacunación avanza con rapidez.

Esta experiencia no es única del caso uruguayo, algo similar vivieron Israel y otros países del mundo al atravesar etapas similares, por lo que su historia importa, así como el conocimiento acumulado en el año largo que lleva el mundo enfrentando esta situación.

Nuestro país muestra un notable avance en la cantidad de personas vacunadas, cumpliendo un ritmo que nos coloca a la cabeza del continente, después de Chile, y entre los más destacados del mundo. Incluso recientemente el New York Times destacó a Uruguay como uno de los cuatro países de todo el continente americano que logrará completar la vacunación con las dos dosis requeridas para toda la población objetivo en el presente año.

El esfuerzo en esta materia en indiscutible, pese a las críticas absurdas que existieron desde la oposición y gremios varios. Uruguay se destaca por la cantidad de dosis recibidas y en camino, de vacunas aprobadas por los organismos competentes, en cumplimiento de los plazos establecidos y con una logística que permite vacunar en todo el país a un excelente ritmo.

Basta ver la situación de muchos países de la región que comenzaron antes pero fueron pasados por Uruguay en pocos días o el absurdo del presidente argentino que argumenta que con una dosis de la vacuna ya es suficiente porque no tienen con que vacunar.

Esta etapa nos encuentra en el peor momento desde el punto de vista de los casos activos y, especialmente, de los nuevos casos por día. Al momento de escribir estas líneas desconocemos las decisiones que adoptó el consejo de ministros presidido por Luis Lacalle Pou. Es claro que el camino pasa por equilibrar la libertad y la responsabilidad individual con el objetivo de que los casos de Covid-19 no continúen creciendo al ritmo de las últimas semanas, mientras el avance de la vacunación comienza a hacer efecto sobre esa curva.

El trabajo denodado del gobierno no puede desconocerse. El presidente de la República está en todos los temas, decide y actúa. La Ministra de Economía logra mantener nuestras finanzas en trayectoria sustentable mientras se incrementan los recursos para fines sanitarios, sociales y económicos. El Ministro de Desarrollo Social atiende a un número cada vez mayor de beneficiarios con nuevos planes que miran más allá de la pandemia. El Ministro del Interior baja los delitos, disuelve aglomeraciones y expulsa del país a residentes irresponsables que organizan fiestas prohibidas de medio millar de personas. Los ejemplos podrían seguir, pero los mencionados alcanzan para mostrar a un gobierno activo y presente.

Desde el lado de la oposición se desdoblan los gobernantes y el partido kamikaze de Miranda en su vuelo final. Cosse y Orsi, marcando sus naturales matices procuran tomar medidas que mitiguen la situación. No puede achacárseles más que declaraciones desafortunadas, pero su acción es bienvenida en estos momentos y eso debe ser reconocido.

La inmensa mayoría del país apoya el esfuerzo nacional contra la pandemia y respalda la acción de quien trabaja de sol a sol para que podamos enfrentar esta peste de la mejor forma posible.

Por otro lado, el Frente Amplio como partido y sus legisladores parecen vivir en otro país o, mejor aún, en otro planeta. Convocan a marchas y movilizaciones al mismo tiempo que piden tomar medias; piden restringir la movilidad y votan en contra de la ley para evitar aglomeraciones; insultan y provocan mientras dicen tener la mano tendida. En la deriva al absurdo que lleva el partido opositor, cada vez en posiciones más ridículas y antipatriotas, carga buena parte de lo que debería ser el natural sentido de unidad nacional en estas circunstancias.

Convocando marchas como las del 8 de marzo, que casualmente dos semanas después coincide con el día de más casos, manifestaciones públicas para juntar firmas contra una ley eminentemente popular de apoyo masivo y defendiendo manifestaciones contraindicadas especialmente en este momento muestran que su estrategia, como en los sesenta, vuelve a ser cuanto peor, mejor.

Afortunadamente son una minoría radical, cada vez más minoría y cada vez más radical. La inmensa mayoría del país apoya el esfuerzo nacional contra la pandemia y respalda la acción de quien trabaja de sol a sol para que podamos enfrentar esta peste de la mejor forma posible. Contamos con un presidente al mando que nos hace sentir orgullosos del esfuerzo que se lleva adelante, que no por casualidad pertenece al partido cuya quilla hiende mejor las aguas embravecidas.

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