Más de una vez hemos hecho referencia al consejo -también advertencia- que el ex presidente chileno Salvador Allende le dio al Gral. Líber Seregni, según recordara éste último. Cualquiera sea la opinión que se tenga sobre el difunto mandatario trasandino, lo cierto es que las palabras a las que aludimos tienen un extraordinario valor conceptual. En efecto, al conversar sobre las dificultades propias de un gobierno de izquierda, Allende destacó uno de los principales obstáculos que debió enfrentar y lo resumió con esta frase: "Tenga cuidado con los ultras de izquierda..."
Pasaron algunas décadas. Los dos interlocutores ya no existen, pero lo conversado entre ellos permanece como una lección sagaz y realista que siempre ha de ser tenida en cuenta. En nuestro país, el Frente Amplio, conglomerado de distintos sectores de izquierda, llega al gobierno y, a lo largo de sus primeros tres años en el poder, con sus iniciativas y omisiones, sus errores y sus aciertos, se ha enfrentado a los partidos de la oposición -totalmente ausentes en los organismos administrativos del Estado y con presencia minoritaria en ambas ramas del Parlamento- pero, más aún, se ha visto obligado a sobrellevar las críticas surgidas desde sus propios sectores radicalizados.
Así que, por un lado, el gobierno de izquierda, socialista/ comunista/ marxista y, por el otro, los radicales, extremistas, fundamentalistas o ultras o como quiera llamárselos. Unos y otros agrupados en el mismo partido, unidos por un lema y separados por un programa que no se cumple y por un futuro que no se logra acordar en definitiva.
El último ejemplo probatorio de lo que antecede se dio en ocasión del homenaje que se le brindó al "Che" Guevara -y también a la trágica "Toma de Pando"- el mismo día, a la misma hora y en sendos lugares distintos pero no muy distantes por parte de jerarcas del gobierno, en un caso, y de guerrilleros disidentes en el otro. En realidad, los homenajes fueron una oportunidad para denostar a los partidarios de la posición contraria. El ministro Bonomi fue claro: hay que romper con la insurgencia tradicional. ¿A quiénes aludiría? ¿A los violentistas de siempre?
Mujica, en el mismo acto, lo refrendó diciendo algo así como que la lección que nos dejó el "Che" es que la vida no se ofrenda sólo para blandir un fusil en una esquina o con un gesto heroico, sino poniéndola en todo momento al servicio de la causa popular. Este mensaje cuasi pacifista significa que el verdadero radicalismo revolucionario no se expresa mediante gritos histéricos ni gracias a la truculencia facilonga de algún letrero. Todo esto fue dicho acudiendo, en parte, a su habitual estilo lingüístico.
Pocas cuadras más allá, dentro del mismo vecindario, otros "compañeros" lanzaban sus dardos ultraístas contra la posición oficialista. Esta vez fueron Zabalza y Mejías Collazo, dos co-fundadores del MLN y de la OP 33 (el grupo sedicioso que secuestró la bandera, aún desaparecida, de los 33 Orientales) quienes demostraron que nada aprendieron en el medio siglo transcurrido desde que estaba de moda la posición sesentista, hoy archivada por todo luchador social con mediana sensatez.
Las expresiones vertidas por estos dos ex guerrilleros pueden ser recogidas en cualquier antología del anacronismo estéril y dogmático. Así, Mejías Collazo se ocupó en censurar a sus ex compañeros revolucionarios ya que están apoltronados y sucumbidos en el Parlamento, pisoteando el pensamiento del "Che". Zabalza se explayó a su gusto. Sintetizando, dijo:
-Todos estamos impregnados de democracia burguesa.
-¿Para qué analizar el pasado guerrillero si no estamos pensando en una estrategia revolucionaria, en subvertir?
-El problema es cómo hacer que las luchas sociales terminen generando una insurrección. (Algo similar había manifestado el Director de la OPP: Hacer que el asistencialismo genere votos para el Frente Amplio).
-La mayoría de la clase obrera es muy reaccionaria.
-Participar en las elecciones es convalidar la idea de la democracia burguesa. ¿Una persona más bobeando sentada en el Parlamento?
-Habrá que cortar puentes, que ocupar comisarías, capturar algún personaje de la derecha... (Interpretamos: ¿es una crónica de un secuestro anunciado?
Como se puede apreciar, en algo tenía razón el presidente Allende: desconfiaba de los ultras.