Un fuero especial

ES sabido que los fenómenos de corrupción que aquejaron al partido de gobierno y a sus colaboradores en el país hermano de Brasil evidenciaron una extensión y una profundidad insospechadas, que naturalmente afectaron la imagen presidencial, aunque muchos han seguido creyendo que el Presidente no ha estado implicado en ellos. Renuncias y destituciones, procesos abiertos a colaboradores encumbrados, sobornos a legisladores, inescrupuloso manejo de fondos ilegales, fueron en el correr de los meses una realidad obsesionante, cuyas consecuencias no se han apagado. Felizmente las cosas parecen irse encauzando. Lo que pudo ser un duro barquinazo institucional ha encontrado su cauce en el pleno ejercicio de la democracia y de su estado de Derecho.

Inicialmente se intentó ocultar. Es probable que sin el afán de revancha del denunciante, hubiere quedado en sombras el desdichado cuadro. Finalmente salió a la luz, en un proceso que se fue dilatando y extendiendo hasta adquirir tales proporciones como para afectar a buena parte de la dirigencia del partido de gobierno. A todo lo largo de este proceso no trascendió que ese vasto panorama de corrupción hubiese encontrado quien lo defendiera como arma legítima para abatir un régimen corrupto anterior.

SIN embargo, en el congreso del Partido Socialista uruguayo, uno de sus integrantes exhumó la teoría de que todo ello no era reprochable, porque no lo hicieron para enriquecerse sino para, sumiéndose en la corrupción de la ilegalidad, poder abatir así, con sus propias armas, al corrompido sistema que estaba instalado en ese país.

Más allá del episodio concreto, esta teoría no es en verdad de exclusividad de quien la proclama con todo entusiasmo. Es la que ha inspirado muchas actitudes de aquellos sectores de izquierda que, invulnerables a los cambios, siguen invocando la generosidad de sus propósitos —como si fueran los exclusivos depositarios de la generosidad— para rescatar así un fuero especial, donde el delito deja de serlo e inclusive la tiranía más despiadada, guiada por esos propósitos es apenas un error tan pequeño y desdeñable que ni siquiera merecería un "perdón, me equivoqué". Ni tampoco suficiente para desistir de la utopía y ver de ensayarla nuevamente.

LAS tiranías de Stalin, Mao, Ceaucescu, Kim Il Sung, Pol Pot, y tantas otras más, hijas todas del marxismo leninismo, nacieron de la creencia de que la utopía todo lo redime. Todas contaron en vida con la entusiasta adhesión de esos sectores, y después de su muerte con la nostálgica adhesión de fuertes sectores de la izquierda inmovilizada o paralítica. Como cuenta hoy, con entusiasmo no decaído, el casi medio siglo de la tiranía cubana. Es en definitiva la lógica que a lo largo del mundo una y otra vez ha pretendido explicar los extravíos por la nobleza de los móviles que se dicen perseguir. No ha habido utopía más ensayada una y otra vez que la del socialismo marxista, como que lo ha sido en todos los continentes, en los más diversos países y siempre ha terminado en tiranía y los pueblos que tales ensayos han padecido, han descubierto, cómo sus países se convirtieron en inmensas prisiones sin escape, porque además de la vigilancia que lo impide, muros, alambradas o el propio mar y sus tiburones han reforzado la seguridad del encierro. Y aún sigue el sueño de la utopía invocado, para bendecir aquellas realidades tan incontrastables.

ES la expresión de una mentalidad que alardea de mesiánica. A fuerza de repetírselo ha terminado por creérselo. Reivindica entonces una suerte de fuero especial que si bien no está previsto en ley alguna, emana del solo hecho de su ideología y de sus altos propósitos. Poco importa que traiga el aroma de viejos absolutismos a los que no alcanzaban ni la ley ni la justicia porque se colocaban por encima de ellas.

La sola misión de erigir el socialismo parece suficiente para redimirse desde el inicio. Desde la asonada en la calle, a la violencia contra las cosas o el atropello al derecho de los demás, desde la guerrilla que mata, secuestra, roba para tirar abajo el régimen constitucional, hasta la dictadura de cincuenta años de la tiranía cubana, todo adquiere un matiz redentor por aquella misión que cada vez que ha logrado concretarse, ha terminado en un régimen esencialmente contrario a la naturaleza y a la dignidad de la persona humana. Siempre es la libertad la que muere, la delación se hace clima, la corrupción repta en silencio, la tiranía se instala como en dominio de su propiedad y con ella se instala la mentira.

ESCUCHAR desde tiendas del partido de gobierno, que es legítima la corrupción para derrotar a los presuntos corruptos (siempre naturalmente que sea un gobierno de izquierda) es reivindicar ese mismo fuero de privilegio, y llama a la vez, tanto al asombro como a la prevención.

Cajas negras muy oscuras

Las cajas negras de los 630 vehículos que integran la flota municipal, tendrían que controlar los movimientos y consumo de combustible de cada una de las unidades que circulan a diario por la capital.

Se comprobaron ya algunas irregularidades por lo que, al ser 1.200 los choferes municipales habilitados para cargar combustibles, vale la pena generar más controles.

El reclamo de una investigación, planteada ante la Junta Departamental de Montevideo por el edil nacionalista Ripoll, no tuvo andamiento —siguen sin trasparencia— pese a que la denuncia se refería a tanques llenos y documentos que no coincidían con la operación.

"Lamento que no hayamos podido investigar" señaló ante sus pares el curul, en el plenario departamental, dejando constancia del "pase a la justicia" de los antecedentes referidos al tema, tratado en el plenario de la Junta.

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