EDITORIAL
diario El País

Turquía y Grecia en pugna

Cuando el Covid no hacía estragos en la pujante industria del turismo, Grecia primero y Turquía después, se habían posicionado entre los lugares preferidos para visitar del otro lado del Atlántico. 

Inclusive entre los uruguayos, que en los últimos tiempos cambiaron una cierta mentalidad sedentaria por una mucho más itinerante.

Las islas griegas y la costa turca, para todos los enamorados de la navegación por las transparentes aguas del Mediterráneo y las civilizaciones de la zona, se convirtieron en un imán poderoso.

Sin embargo, hoy la bella Kastellorizo, más allá de su atractivo turístico, se ha convertido en centro de tensión geopolítico. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, despachó hace unos días al Oruc Reis, una nave especial para hacer exploraciones, escoltada por barcos de guerra, en dirección a Grecia a fin de realizar estudios sísmicos en las cercanías de la isla. En los últimos 10 años, las investigaciones submarinas han descubierto la existencia, en las profundidades del mar hacia el este, grandes depósitos que representan casi 50 veces, la cantidad de gas que se consume anualmente en Francia.

Pero el interés por los yacimientos fósiles es solo uno de los motivos para la hostilidad latente en ese rincón del mundo. Los despreocupados navegantes que desde Turquía pretenden descender en el archipiélago heleno, no pueden dejar de captar la animosidad en el ambiente. Los trámites de inmigración, aunque solo se trate de una estadía de pocas horas, son de rigor y cara de pocos amigos, al intentar desembarcar en territorio griego. La gastronomía, los bailes, la música y muchas de las costumbres que emparentan indisimuladamente a ambos pueblos, son al mismo tiempo el fruto de cientos de años de dominación otomana. Los griegos no lo olvidan.

Los codiciados reservorios se encuentran muy debajo de la superficie, así que explotar esa riqueza submarina exige un importante esfuerzo técnico y financiero. Y por otra parte, el precio del petróleo y el gas han caído mucho en estos tiempos, por lo que su explotación hoy día no es tan atrayente. Pero Erdogan tiene en paralelo otros intereses para empujar la doctrina de la Patria Azul o Mavi Vatan por razones de orgullo herido y cálculos políticos domésticos. El primer mandatario turco siente que está siendo dejado de lado en la potencial explotación de las materias primas en el Mediterráneo oriental. En efecto, cuando Grecia, Chipre, Egipto, Israel, la Autoridad Palestina, Jordania e Italia acordaron la creación del East Mediterranean Gas Forum, Turquía quedó de lado. Luego Israel arregló la construcción de un gasoducto que a pesar de las objeciones turcas, transportará gas desde las aguas israelíes hacia Europa, vía Chipre y Grecia.

Que la situación se empeore entre Turquía y Grecia, dos naciones miembro de la OTAN, no es para nada recomendable y preocupa a más de un gobernante. Pero no hay que descartar ulteriores motivaciones por parte de Erdogan. Le puede ser útil para distraer en casa, respecto de los problemas políticos internos. La economía turca lleva años de crisis y esa coyuntura se ha visto exacerbada con la aparición de la pandemia. La lira turca está muy depreciada y el presidente ha perdido muchísima popularidad, lo cual pone en duda su reelección en el 2023.

Que la situación se empeore entre Turquía y Grecia, dos naciones miembro de la OTAN, no es para nada recomendable y preocupa a más de un gobernante. Pero no hay que descartar ulteriores motivaciones por parte de Erdogan.

En Europa hay preocupación sobre como lidiar con el impredecible y agresivo mandatario turco y Alemania (fueron aliados en la Primer Guerra) intenta atraerlo a una mesa de negociación, mientras este advierte que no tolerará un ataque al barco enviado en misión exploratoria. Erdogan hace alarde de su posición contestataria respecto de la Convención de las Naciones Unidas sobre la Ley de los Derechos del Mar del año 1982. Esta legislación otorga a los distintos estados el derecho a la explotación de las materias primas que se encuentren dentro del radio de las 200 millas náuticas. Una protección que llevó años de debate para alcanzar un consenso y que significó un importante beneficio para un país como el nuestro, con escasa extensión territorial pero amplia zona costera.

Que nuestra Fuerza Naval no cuente con la debida dotación de embarcaciones, combustible y pertrechos para defender nuestra riqueza ictícola y seamos víctimas frecuentes de los depredadores que pescan a piacere y de cualquier manera, es otra cosa. Son solo nuestras, las graves carencias cuasi históricas, que impiden cumplir con una tarea de semejante importancia.

Pero en el caso que nos ocupa, es mucho más complejo pues Grecia tiene varias islas y a menudo a muy corta distancia de la costa turca. ¡Complicado!

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