EDITORIAL
diario El País

Turistas que van y que vienen

No habrá una llegada masiva de argentinos a las costas uruguayas durante la temporada veraniega. La semana pasada, con claridad y con indisimulado pesar, el presidente de la República anunció que las fronteras se mantendrán cerradas como lo han estado desde que llegó la pandemia.

Se continuarán considerando, sí, las excepciones que han funcionado hasta el momento.

Por lo tanto, será un cierre estricto aunque no absoluto y en los hechos significará que no habrá el habitual ingreso abierto al turismo proveniente de los países vecinos, tal como ocurre todos los veranos.

Esto derivará en un duro golpe a los operadores turísticos, quizás el sector más perjudicado por lo pandemia. Como resultado, también será un golpe a los uruguayos en general. Es mucho el dinero que entra al país por este rubro y si bien zafral, es mucho el empleo que genera el turismo. Empleo real pues se trata de una actividad en que el contacto entre el turista y el servicio que se le presta, es directo y personal. El turista quiere ser orientado por alguien, no por su computadora. Su habitación en el hotel es limpiada y preparada todos los días por personal del hotel, no por un robot. La información requerida se le brinda en forma minuciosa y detallada por quienes están en la recepción. Buenos chefs y mozos cordiales lo atenderán en el restaurante y un buen guía sabrá llevarlo si contrata un tour.

Es mucho el empleo que genera el turismo, y si bien solo se concentra en la temporada veraniega, sigue siendo importante para quienes trabajan en ese rubro. Por lo tanto, el impacto se sentirá.

Como un consuelo de tontos, se puede argumentar que de todos modos hubiera sido una temporada mala. La situación económica argentina es de tal gravedad que muy pocos hubieran venido. Uruguay les saldría carísimo, nadie les aceptaría sus devaluados pesos argentinos y a no ser que tuvieran cuentas bancarias acá, solo hubieran podido sacar escasos dólares de su país.

Peor habría sido tener las fronteras cerradas y a la misma vez saber que con sus billeteras llenas, los argentinos estaban deseosos de gastar sus divisas en un suelo uruguayo que les es vedado. La coincidencia de que se sumen dos factores negativos en una única vez ayuda a pensar que hubiera podido ser peor. Y sí, es consuelo de tontos.

El anuncio del presidente no sorprendió. Bastaba ver los resultados de una relativa apertura veraniega en Europa y cómo ello repercutió en un rebrote fuerte de la pandemia para entender que lo mismo ocurriría acá de reabrir las fronteras. Más cuando en los dos países vecinos la situación es complicada.

Hasta en Uruguay hubo un repunte que no viene siendo dramático por el momento, pero que es llamativo y un poco preocupante. Todo indica que ese rebrote no es a causa de la paulatina apertura de las perillas, realizada con protocolos muy precisos, sino por la irresponsabilidad de quienes se creen inmunes e impunes y se saltean todos los recaudos para hacer fiestas clandestinas y marchas callejeras donde las multitudes se congregan, los tapabocas no existen y el virus se propaga.

Todo indica que ese rebrote no es a causa de la paulatina apertura de las perillas, realizada con protocolos muy precisos, sino por la irresponsabilidad de quienes se creen inmunes e impunes.

Esto hace pensar que aún con fronteras cerradas, el solo movimiento que genera el turismo interno ayudará a que con traslados a balnearios y centros turísticos, se traslade también el virus. Por lo tanto, al alentar el turismo interno necesariamente deberá hacerse con un riguroso cumplimiento de las debidas medidas de control, cuidados y protocolos. Si no se hubieran aplicado protocolos y cuarentenas (más laxas o más estrictas según en qué país) las cifras de contagiados, de enfermos graves y de muertos hubieran sido realmente dramáticas.

Argentina mantiene a su población bajo una de las cuarentenas de mayor rigor en el mundo, pero quiere abrir sus fronteras para que visitantes de los países vecinos crucen a hacer compras dado lo barato que está todo allá. Tanto rigor para los de adentro no se aplicaría para los de afuera.

Ahora bien, si un uruguayo viaja a Buenos Aires o Gualeguaychú o Concordia, no podría ir por el día porque para volver debe presentar un hisopado hecho 72 horas antes. Lo cual, recordemos, tiene un costo. Además, una vez retornado debe cumplir con la cuarentena que se le exige a toda persona que ingresa al país. En ese contexto, lo barato se vuelve caro. Cuando miramos el tramado de medidas que se están aplicando acá y en el resto del mundo para reducir el efecto de la pandemia, a veces todo parece ser muy surrealista. El problema es que la enfermedad como tal no es surrealista. Existe.

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