EDITORIAL

Las tropas siguen en Haití

Desde hace más de una década la participación de tropas uruguayas en la misión de Naciones Unidas en Haití causa discusiones en el Frente Amplio, en donde ciertos grupos opinan que Uruguay nunca debió intervenir militarmente en esa isla caribeña porque eso es "hacerle el caldo gordo al imperialismo" y entrometerse en problemas políticos ajenos.

Sin embargo, a pesar de esos debates, nuestros soldados siguen en Haití y todo indica que no se irán en octubre próximo tal como estaba previsto.

Ahora, el gobierno de Tabaré Vázquez vuelve a pedirle a sus legisladores que voten otra prórroga a la permanencia de nuestras tropas, esta vez hasta abril de 2017 tal cual lo solicita Naciones Unidas. En su última campaña electoral el Frente Amplio anunció que en diciembre de 2015 no quedarían soldados uruguayos en Haití, pero ya se sabe que la realidad puede más que cualquier promesa de campaña. De manera repetida los legisladores frentistas se han visto obligados a olvidar sus principios de no intervención en los asuntos haitianos para ceder ante los compromisos de política internacional asumidos por Uruguay. Es un caso claro en donde el principismo tan común en la izquierda cuando era oposición se transformó en realismo político por el hecho de estar en el gobierno.

Precisamente, en nombre de esa realidad que es la interminable tragedia de Haití, el año pasado se logró convencer a los legisladores oficialistas que votaran una última —esta vez sí, "la última", les aseguró el canciller Nin Novoa— prórroga hasta el próximo mes de octubre, fecha en que terminaría la participación de los "cascos azules" uruguayos en la misión de Naciones Unidas en el país más pobre de América Latina. En estos momentos, cuando esa fecha se avecina, el canciller no tiene más remedio que retractarse nuevamente y anunciar el envío al Parlamento de un proyecto de ley para que nuestros soldados continúen en Haití hasta abril de 2017. Después de eso "no va más" dijo, pero algunos de sus correligionarios no pueden disimular su escepticismo.

Es que el asunto remueve viejas heridas dentro del Frente Amplio. En 2005, tras una serie de encendidas polémicas y ante las barras enardecidas del Parlamento que no querían soldados uruguayos en Haití, se votó finalmente la incorporación de Uruguay a la misión de Naciones Unidas en ese país. Las protestas subieron de tono al punto que un diputado socialista renunció a su banca tras declarar que no podía modificar la opinión que siempre había sostenido como opositor, contraria a una intervención militar que resultaba favorable "a la política imperialista de Estados Unidos". Aunque su renuncia fue lamentada en la izquierda, muchos de sus excolegas parlamentarios consideraron que lo del imperialismo, si bien era un buen eslogan para usar cuando eran opositores, no justificaba abstenerse de ayudar a Haití, un país en ruinas amenazado por la hambruna y la guerra civil.

A partir de entonces Uruguay integra el contingente de "cascos azules" de Naciones Unidas junto con las fuerzas militares de otros países que contribuyen en la tarea de mantener el orden en la isla, distribuir alimentos y prestar servicios sanitarios entre otras actividades. Tan importante es esa labor que nadie en su sano juicio podría sostener que la misión de Naciones Unidas deba retirarse en este momento cuando el resultado de las elecciones del 2015 fue anulado y está en el mando un endeble gobierno provisorio, con un presidente interino que apenas logra controlar la situación. Según los relatos de los militares uruguayos allí estacionados, la tensión social es cada vez más palpable en un país con graves déficit de infraestructura, un Estado carente de recursos y una población de 10 millones de habitantes de los cuales el 80% está por debajo de la línea de pobreza.

Un argumento empleado por la cancillería para justificar la continuidad de la misión en Haití es la presencia de nuestro país en el seno del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Un retiro de la delegación militar uruguaya sería visto como una defección inaceptable para un país que ocupa tan elevada posición y que cuenta además con una larga tradición en los programas de paz de ese organismo. En efecto, desde 1952 hasta la fecha Uruguay intervino en 24 misiones en donde actuaron unos 30.000 militares compatriotas. En la actualidad hay más de un millar y medio de "cascos azules" de nuestro país desplegados en varios países entre los cuales está Haití, siempre necesitado de una cooperación internacional que por razones humanitarias no se le debe negar.

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