Editorial

Las tropas siguen en Haití

Una vez más el Frente Amplio optó por apoyar la decisión del gobierno de prorrogar la presencia de tropas uruguayas en Haití. Lo hizo cuando se cumplen diez años de la primera votación de sus legisladores a favor de la permanencia del ejército uruguayo en ese doliente país caribeño.

Desde entonces, desde aquella fragorosa sesión en la cual el Frente Amplio revisó su tradicional oposición a esas misiones y se plegó a la postura de blancos y colorados, sus integrantes han seguido respaldando esa presencia.

Es verdad que la apoyaron siempre con polémicas internas, rezongos varios y barras del Parlamento enardecidas. Incluso con la renuncia a su banca de un diputado socialista, Guillermo Chiflet, quien en diciembre de 2005 declaró que, coherente con su postura en la oposición, era contrario a respaldar esa intervención favorable "a la política imperialista de Estados Unidos". Aunque su renuncia fue lamentada desde la izquierda, sus compañeros votaron en bloque por seguir en Haití, cosa que vuelven a hacer ahora al prorrogar la misión hasta octubre de 2016 pese a que se había anunciado durante la campaña electoral que el último soldado uruguayo saldría de allí este 31 de diciembre. Uno de los argumentos utilizados para postergar el repliegue es que al conservar las fuerzas en el terreno se contribuye a consolidar a Uruguay como integrante del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Una de las paradojas de esta historia de sucesivas prórrogas es que mientras sectores radicales de izquierda insisten en que las tropas uruguayas actúan en Haití "como verdaderas fuerzas de ocupación" funcionales a los designios de la Casa Blanca, los gobernantes del Frente Amplio han sabido ufanarse en el plano internacional de la colaboración que prestan a Naciones Unidas. Tanto es así que Tabaré Vázquez y José Mujica resaltaron en su momento en foros internacionales que en proporción con el tamaño de su población Uruguay era el país que cooperaba con más soldados en ese tipo de misiones.

Una labor ejecutada dentro del programa de misiones de paz de Naciones Unidas que en el caso de Haití tiene como finalidad estabilizar el país, pacificar y desarmar grupos guerrilleros y delictivos, promover elecciones libres y fomentar el desarrollo institucional y económico. A medida que algunos de esos objetivos se fueron cumpliendo, Uruguay, al igual que otras naciones participantes en el programa, fue reduciendo el total de sus efectivos que en un principio superaban el millar en tanto que ahora son unos 250.

Hay que decir que lo de Haití no es una situación excepcional sino un capítulo más en un extenso programa de ayuda que nuestro país integra desde 1952 cuando envió un contingente de observadores a la tumultuosa frontera entre India y Pakistán. Desde entonces intervino en 24 misiones de paz en donde trabajaron más 30.000 militares compatriotas. En la actualidad hay más de un millar y medio de "cascos azules" de nuestro país desplegados en varias regiones, entre ellos los que cumplen tareas de pacificación en escenarios tan complicados como el Congo.

A diferencia de otras intervenciones aceptadas por casi todos los partidos políticos el caso de Haití generó debates en la izquierda desde el comienzo en parte por prejuicios ideológicos y en parte por desconocimiento de los problemas de esa debilitada nación del Caribe. De no haber mediado la presencia de Naciones Unidas es probable que se hubiera desatado una guerra civil con indecibles sufrimientos para la población haitiana acosada desde siempre por carencias de todo tipo y sometida a una situación de pobreza sólo comparable a la que se observa en las más atrasadas sociedades africanas. Para colmo de males los sucesivos gobiernos votados por los haitianos estuvieron lejos de llenar las expectativas, en particular el último, el de Michel Martelly, que fracasó en toda la línea.

Ante ese panorama ciertos dirigentes socialistas, comunistas y de otros sectores del Frente Amplio instaron a retirar las tropas con el argumento, nunca demostrado, de que su permanencia empeora la situación. Otra razón para pedir el retiro es, según dicen, que el ejército uruguayo se entrena allí "en una nueva forma de reprimir y eso se nos puede volver un día en contra". Empero, a pesar de tan tremendistas objeciones, llegado el momento la coalición de gobierno se alineó como lo hizo su Mesa Política al aprobar por unanimidad la continuidad de la misión en Haití propuesta en un proyecto de ley del Poder Ejecutivo. Y los legisladores la votaron sin que a nadie se le ocurriera renunciar.

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