Editorial

El triunfo del capitalismo

“Las medidas a estudio en Cuba vuelven a confirmar que el capitalismo liberal es el único sistema conocido que permite el desarrollo de los países, el abatimiento de la pobreza y las mejoras sociales”.

Ha sido noticia por estos días que la dictadura cubana se apresta a introducir cambios significativos en su Constitución. Amén de lo poco relevantes que suelen ser las normas formales en un país gobernado en forma autoritaria, donde las personas están, finalmente, a merced de los caprichos de los sátrapas de turno, en este caso es sintomático del estrepitoso fracaso de la "revolución cubana".

Durante muchas décadas en nuestro continente la "revolución cubana" encabezada por Fidel Castro fue el principal producto de exportación de la isla, incentivando revueltas que sembraron destrucción, odio y muerte con resultados trágicos. Pero ciertamente los que más la sufrieron fueron los propios cubanos, con la estela de asesinatos y torturas que arrastra la sanguinaria dictadura de los hermanos Castro, los miles que perdieron su vida intentado escapar de la isla y la pérdida de las libertades más básicas para todos sus habitantes.

El control de la prensa, del derecho de reunión y de expresión marcaron a una de las dictaduras más oprobiosas que conoció un continente plagado de terribles regímenes despóticos a lo largo del siglo XX. La involución económica de Cuba verificó, por si faltaran ejemplos, el desastre que produce el socialismo en términos de calidad de vida, como ocurrió, en definitiva, siempre que se lo aplicó a lo ancho del mundo y a lo largo del tiempo.

Luego de hacer padecer a los cubanos la ignominia de la falta más absoluta de las libertades más básicas en términos individuales, políticos y económicos, ahora, más de medio siglo después, los dictadores se dieron cuenta que su sistema no funciona. En la nueva Constitución propuesta se elimina el término comunismo y se pasa a admitir la propiedad privada, vale decir, la negación más palmaria de lo que defendieron tercamente contra la realidad más evidente.

Finalmente reconocen que el comunismo no funciona, como admitió en términos económico la China que hoy es la principal abanderada del libre comercio en el mundo. Admitir la propiedad privada y desterrar el comunismo es la forma de aceptar que es necesario el mercado para aumentar la producción y distribuir los bienes y servicios que demanda la población. En los próximos tiempos, necesariamente, se asistirá a una mayor libertad económica con la que se verá que la economía puede crecer, los salarios aumentar y la calidad de vida de las personas mejorar. Esta es la forma en que China e India, por ejemplo, vienen sacando a cientos de millones de persona de la pobreza en las últimas décadas, y es la forma en que el planeta en su conjunto pasó de tener a más de la mitad de la población en la pobreza extrema hace medio siglo, a menos del 10% al día de hoy. Ojalá la libertad económica se abra paso rápidamente en Cuba y que de su mano pronto le siga la libertad política, para que se instale en ese hermoso país una democracia que haga de la larga noche castrista solo un terrible y doloroso recuerdo.

La contracara de esta evolución la constituye la increíble debacle a la que el chavismo está conduciendo a Venezuela. Según datos del Fondo Monetario Internacional difundidos esta semana, la caída del producto acumulada en los últimos 4 años es del 50% y se espera una hiperinflación para 2018 de 1.000.000%. El lector leyó bien, un millón por ciento de inflación, vale decir la desaparición de la moneda y con ella del sistema de pagos y la coordinación económica en ese país. La emigración masiva hacia otros países del continente es la cara más visible desde el exterior de la brutal tragedia que sufren los venezolanos, así como la desnutrición, las muertes por falta de medicamentos o por la violencia desatada por el gobierno lo es dentro de Venezuela.

Pese a quien le pese, el capitalismo liberal —no el prebendario o capitalismo de amigos de signo estatista y corrupto que padeció tantas veces nuestro continente— es el único sistema conocido que permite el desarrollo de los países, el abatimiento de la pobreza y las mejoras sociales como demuestran todas las estadísticas disponibles. Por otro lado, los sistemas socialistas siempre han terminado destruyendo los países donde se aplicó y tarde o temprano son abandonados cuando los pueblos logran liberarse del yugo de la nomenclatura que los explota. Curiosa conclusión de la ideología de Marx, hoy abandonada hasta en Cuba; finalmente el capitalismo ha sido la gran fuerza que ha liberado a los trabajadores mientras que el comunismo los ha explotado y esclavizado.

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