EDITORIAL

Tres deseos navideños

La Navidad, sea que uno tenga espíritu religioso o no, es un tiempo especial en Uruguay. Tiempo de reuniones familiares, de balances, de renovar esperanzas. Como es tradición desde tiempos inmemoriales, El País no se publica en el día de Navidad. Y por eso nos podemos dar el lujo, al día siguiente, de trasladar ese espíritu a esta pieza editorial, alentando la ilusión de que al menos tres deseos se cumplan para la sociedad uruguaya en general, en lo poquito que nos queda de este atribulado 2019, pero sobre todo en el 2020 que ya comienza.

El primer deseo tiene que ver con la paz, un sentimiento que corresponde con la Navidad y su significancia, tanto a nivel de fe, como a nivel cultural. Si bien Uruguay no ha sido víctima en su historia moderna de grandes conflictos, guerras o episodios de violencia descontrolada, todos somos conscientes de que el clima en la sociedad que vivimos no es todo lo pacífico que anhelamos. Ni que deberíamos, teniendo en cuenta el tipo de país que hemos construido en los últimos 200 años.

El lamentable episodio de días atrás, donde un compatriota fue asesinado mientras festejaba pacíficamente un resultado deportivo, nos pone frente a los ojos, la dimensión del problema que tenemos entre manos. No solo por la actitud reñida con los valores más básicos del ser humano de quien abre fuego contra una multitud, solo para recibir una recompensa en drogas. Sino por el nivel de descomposición general que el episodio revela, desde la institucional, hasta la individual de quien ordenó semejante acción.

No caeremos en la simpleza de desligar todas las culpas en la responsabilidad individual de los actores. Que la tienen, y es de esperar que la justicia les aplique toda la severidad del sistema. Pero este episodio es solo la cereza de la torta en una situación de deterioro del tejido social e institucional que viene padeciendo el país desde hace ya varios años. El deseo que podemos pedir desde este espacio es que el nuevo gobierno, con mirada fresca y menos cargada de prejuicios, logre por un lado encaminar el tema de la seguridad pública. Pero también transmitir otro mensaje a la sociedad, que permita devolver cierta estructura racional al vínculo entre los uruguayos.

El segundo pedido es más materialista, si se quiere. Pero es difícil acometer los grandes problemas espirituales de una sociedad, cuando esta no logra resolver sus necesidades más básicas. Y nuestro país viene enfrentando desde hace varios años, una situación de estancamiento económico, de desestímulo a la producción, a la creatividad, al impulso individual que mejora a todos. Sí, ya sabemos que al decir esto despertamos a todos los fantasmas de la discusión estéril de la última campaña, donde algunos se aferran a datos económicos tan endebles como fatuos, para decir que vamos viento en popa.

Cualquier uruguayo que viva en este suelo sabe que no es así. Y que hace ya años que el motor de nuestro progreso material está apagado, o funcionando en niveles mínimos, que no logran satisfacer las necesidades de una mayoría de la población. Esperemos que este 2020 que asoma logre ser el año bisagra que nos permita dejar atrás el estancamiento, las políticas basadas en el resentimiento, en la división, y en la lucha estéril entre unos y otros, para repartir un mendrugo cada vez más escaso. Y podamos enfocarnos en un crecimiento genuino, donde la torta para repartir sea cada vez más grande, y los criterios de ese reparto tengan más que ver con los méritos que con el volumen de los gritos.

El último deseo es tal vez el mas simple de concretar. Aunque al parecer, tiene menos chance de volverse realidad. Estamos cerrando un período electoral de enorme tensión. Con tal de aferrarse al poder, algunos dirigentes y fuerzas políticas han sembrando el virus de la discordia, de la división, del rencor entre los uruguayos. Pero el tiempo electoral ya terminó, las urnas dictaron sentencia, y empezará en pocos meses un nuevo gobierno que conjuga los anhelos y esperanzas de un porcentaje mayoritario de los uruguayos. El deseo que queremos dejar aquí es que se cierre de una vez este ciclo de división y peleas. Que el nuevo gobierno pueda hacer su trabajo, tal como manda la letra fría del sistema, pero también las más puras tradiciones que han convertido a Uruguay en un país distinto en esta región. Basta de conflictos y peleas estériles. Así como otros tuvieron su oportunidad y gobernaron tomando las medidas que entendieron adecuadas, es hora de que el nuevo gobierno haga lo mismo.

Los beneficios de su éxito, serán para todos los uruguayos.

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