EDITORIAL

Trasplantes y solidaridad humana

La ley actual en Uruguay recogió la tendencia del Derecho comparado y establece un marco de condiciones que permite a cada persona tomar sus propias decisiones de acuerdo a sus creencias y a las garantías que se le otorgan.

El pasado 15 de noviembre fue el día del trasplantado. Los trasplantes de órganos salvan unas 100.000 vidas por año en el mundo y hacen a la solidaridad y defensa de la vida como compromiso de la sociedad.

En la legislatura pasada se aprobó la ley de trasplantes como respuesta a las recomendaciones de la Conferencia Global de la Organización Mundial de la Salud (OMS) cuya principal conclusión fue que encarar la lucha contra la insuficiencia de trasplantes es un imperativo ético y una responsabilidad social de los Estados.

La ley vigente incorporó adelantos de legislaciones europeas (en estos días en Alemania) y de Chile y Argentina con el fin de aumentar las donaciones de órganos en beneficio de miles de personas que esperan recibir un trasplante. En el caso del Uruguay, el Parlamento tomó en cuenta que nuestro país es uno de los líderes mundiales en cuanto al número de donantes (casi el 60% de la población) y que el sistema funciona con las garantías que ofrece el Instituto Nacional de Donación y Trasplante de Células, Tejidos y órganos en coordinación con el Centro Nacional de Recursos.

Sus disposiciones recogieron el modelo del consentimiento presunto sin alterar el principio de que la voluntad del donante continúa siendo la piedra angular del sistema. La única diferencia consiste en que el silencio de una persona fallecida es interpretado como su consentimiento para la ablación de órganos y tejidos.

No obstante, se mantiene abierta la opción de no ser donante mediante una manifestación expresa al Registro habilitado a esos efectos con las garantías de la reserva que la ley contempla.

La norma, que entró en vigor un año después de ser promulgada, responde a una nueva realidad, ya que, como es sabido, actualmente son más las personas que necesitarían un órgano que los potenciales donantes debido a los adelantos de la medicina que permiten trasplantes de corazón, riñones, hígado, pulmones, páncreas, córneas, piel y otros.

El espíritu del legislador representó un gran acierto, debido a que en un país como el Uruguay, donde existe una gran receptividad en materia de donación y trasplante de órganos, el nuevo régimen se orientó a lograr la autosuficiencia recomendada por la Organización Mundial de la Salud.

En este contexto, la sociedad ha aumentado su sensibilidad y solidaridad humana en temas que involucran aspectos tan delicados como la muerte y la posibilidad de salvar miles de vidas que dependen de la voluntad de los donantes de órganos y tejidos.

Todos los días nos enfrentamos a delitos que afectan la integridad física de muchos seres humanos o a accidentes fatales en los cuales muchas personas, en especial jóvenes, pierden sus vidas con el dolor que esto significa para familiares, amigos y para toda la comunidad.

La posibilidad de que los órganos de los fallecidos puedan salvar la vida de otros o mejorar la calidad de su existencia es una realidad que nos hace más humanos y menos egoístas.

Valores que se invocaron en la Exposición de Motivos fueron parte del proyecto de ley que fuera aprobado con el apoyo de los tres partidos con representación parlamentaria en la legislatura pasada.

Ortega y Gasset distinguía entre ideas y creencias. Las creencias son las cosas relacionadas con nuestras vidas, como que la donación de un órgano es un gesto humano tan natural como necesario. En consecuencia, la ley vigente al establecer el consentimiento presunto, interpretando el silencio como la voluntad de ser donante, recoge la tendencia mayoritaria pero haciendo prevalecer la decisión en contrario, expresamente manifestada.

Esta innovación contribuye a descartar muchas ideas que se plantean como escudo para negarse a buscar una respuesta a las innumerables dudas que este tipo de solución plantea.

En definitiva, la ley actual en Uruguay recogió la tendencia del Derecho comparado y establece un marco de condiciones que permite a cada persona tomar sus propias decisiones de acuerdo a sus creencias y a las garantías que se le otorgan en función del grado de información al que se accede.

Es el mejor aporte que se ha hecho al día que se conmemoró. Y también es una señal renovada que entraña el mensaje de que más allá de tantos temores infundados, la vida de cada persona puede trascender en otras a las que se les prolonga. Es el mejor mensaje de solidaridad en un mundo que muestra un lamentable alejamiento de sentimientos humanos básicos.

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