EDITORIAL

Transparencia, agua y jabón

Mucha transparencia, agua y jabón en cada rincón del Estado, caiga quien caiga y afecte a quien afecte, es la única salida creíble y positiva. Depende del sistema de partidos en su conjunto y en particular del FA que controla el Ejecutivo y el Legislativo.

El clima político enrevesado que se respiró durante 2017 no ha cambiado demasiado en lo que va del 2018, pese a que costaba pensar que se siguieran sucediendo episodios del mismo tenor sin solución de continuidad. El cruce de acusaciones del más diverso tipo, donde se intercalan los pedidos de informes, intervenciones de organismos estatales, partidarios y declaraciones destempladas, marcan una tónica de debate en el barro en el que, finalmente, todos los partidos salen perdiendo.

Los hechos de las últimas semanas, casi que podría decirse de la última semana, confirman esta tendencia que tiene algunas consecuencias positivas si logran extraerse las lecciones correctas y otras negativas en cuanto solo se busca el emparejamiento hacia abajo de los partidos y de los políticos procurando salvar el pellejo propio.

Todo lo vinculado al mal uso de las tarjetas corporativas por parte de jerarcas públicos, viajes oficiales, viáticos, etc., es positivo que se conozca y se transparente, de forma que los abusos del pasado no vuelvan a cometerse. El rol de la prensa para ventilar los temas que los políticos quieren ocultar es clave para el sano funcionamiento de una democracia que se precie de tal.

Es cierto que a veces el tema viene mezclado con maniobras políticas, como lo fue indudablemente el pedido de información del inefable Daniel Placeres sobre el comportamiento de los directores blancos y colorados del Banco República en el período previo a los gobiernos del Frente Amplio, pero eso forma parte del clima que estamos viviendo. Si seguimos así se pedirán informes sobre los directores del Banco Seguros del Estado en la Administración de Baldomir o sobre la fundación del Banco República en el siglo XIX cada vez que haya un funcionario frentista comprometido.

Más allá de la clara intencionalidad política en la solicitud de información vieja por parte de un personaje oscuro de la política nacional vinculado a temas que sí merecen una exhaustiva investigación, es positivo que la información se conozca. No puede menos que esbozarse una sonrisa cuando quien denuncia a otros políticos por el uso de tarjetas corporativas sea el diputado Daniel Placeres, protagonista central de múltiples episodios de favoritismo estatal en empresas fallidas y negocios con Venezuela, pero bienvenido sea al mundo de la transparencia.

La oportunidad de la difusión del informe justo después del pedido de procesamiento de Sendic y compañía pone en el tapete un tema que debería abordarse de una vez por todas: lo difícil que es obtener información sobre el funcionamiento del Estado. La hora y las circunstancias marcan un momento propicio para una política de transparencia total que debería partir de la puesta en línea de todos los gastos que realiza el Estado en todas sus reparticiones y de los gastos que realicen todos los jerarcas, que decida cada ministerio o cada directorio de empresa pública y que deberían procesarse siempre que sea posible por un mecanismo competitivo.

Si el gobierno lo desea puede publicar esta información desde el año 2000 o desde el 1900 para mostrar información sobre otras administraciones, pero sería muy bueno de una vez por todas terminar con el oscurantismo en el manejo de los dineros públicos. Es más, la única salida edificante que tiene el sistema de partidos como tal para salir del lodo en que se ha hundido, es con medidas concretas que aseguren que los diversos hechos denunciados en los últimos meses no se podrán repetir en el futuro porque deberá existir un estricto control ciudadano donde la prensa tendrá un papel protagónico.

La discusión que viene dándose donde constantemente surgen nuevos casos de corrupción en los gobiernos del Frente Amplio a los que se responde con casos del pasado, solo termina en el desprestigio de todo el sistema de partidos. Por cierto que el chapoteo en el barro es la especialidad del oficialismo y por eso quiere llevar a todos a ese terreno, pero es una situación tremendamente negativa para el país y el prestigio de nuestra democracia.

Mucha transparencia, agua y jabón en cada rincón del Estado, caiga quien caiga y afecte a quien afecte, es la única salida creíble y positiva. Del sistema de partidos en su conjunto y en particular del Frente Amplio que controla el Poder Ejecutivo y la mayoría del Legislativo, depende que esto pueda llevarse a la práctica y nos permita pensar en que la política se salva a sí misma reformándose y aprendiendo de los errores cometidos.

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