Editorial

El tránsito, los accidentes y la política

La epidemia de accidentes mortales en el tránsito sigue creciendo, lo cual deja en evidencia los errores cometidos en las políticas públicas, y el enfoque partidista de quienes las llevan adelante.

Por segundo año consecutivo, el 2018 cerró con un incremento de la mortalidad en el tránsito del 14%". Así comienza una columna publicada hace unos días en La Diaria por Gerardo Barrios, quien fuera presidente de la Unasev, la unidad de Presidencia creada para enfrentar este flagelo que golpea al país, durante la década de 2007 a 2017.

Usted creería que ante el dato tan negativo, el artículo del funcionario sería un gesto de humildad y de alguna forma de explicación de qué es lo que se hizo mal en ese organismo que él manejó durante 10 años, pero no. Se trata de un larguísimo texto en el que se hace una exhibición envidiable de amor propio, a la vez que se machaca con los mismos argumentos errados que la Unasev ha convertido en su obsesión, muy por encima de su cometido de reducir los accidentes: criticar a Cerro Largo por no querer imponer la prohibición de conducir motocicletas sin casco, y al candidato opositor Luis Lacalle Pou, por plantear eliminar la tolerancia cero al alcohol. O sea, politiquería de saldos en vez de ciencia, información y estrategia.

No pretendemos convertir esta pieza en una ensalada de cifras. Las propias palabras del ex presidente de la Unasev dejan en claro que la situación actual en la materia en Uruguay es mala. Que el país tiene unas tasas de mortalidad y de accidentes impropias de un país con el desarrollo humano que posee. Y que de alguna manera, la estrategia diseñada por la Unasev no está funcionando.

Justamente, de todo lo que funciona mal en materia de tránsito en el país, Barrios elige mencionar dos elementos que son insignificantes para explicar la situación actual. Cerro Largo es un departamento importante, claro, pero en el contexto nacional lo que allí suceda no explica las cifras lamentables de mortalidad general del país.

En materia de alcohol vale decir que nadie ha puesto en duda el impacto negativo del consumo al conducir. Ahora sí se ha puesto en duda dos cosas: la eficacia de la "tolerancia cero", y que el consumo de alcohol sea un factor prioritario en la epidemia de accidentes actual.

Dos ejemplos: EE.UU. es uno de los países donde el consumo de alcohol es más combatido y regulado, y sin embargo ni uno de sus estados tiene una política de cero alcohol. Es más, por estos días el estado de Utah, bastión de la iglesia mormona, ha generado una polémica por querer bajar la tolerancia a 0,05. En Europa, en tanto, de los 28 países miembro, solo 3 tienen tolerancia cero. Y algunos de gran desarrollo humano como Francia, ni siquiera la imponen a los conductores de transporte público. ¿Será que nosotros somos mucho más vivos?

Otro dato, de los accidentes de tránsito en Uruguay, apenas un 6% de los involucrados tenían restos de alcohol en sangre. Salvo para las aseguradoras que usan la tolerancia cero para evitar pagar sus pólizas en cualquier caso, no parece que ese tema sea central en la lucha contra los accidentes para nadie.

Sin embargo hay dos aspectos que si son centrales, y que ni la Unasev ni los gobiernos de turno han decidido encarar. El primero, el estado de la infraestructura. Según datos oficiales, el factor vía y el entorno representa el 28% de las causas de accidentes. ¿Qué se ha hecho en ese sentido en estos años? Cualquiera que circule por el país o las calles de la capital, sabe que no se ha hecho nada.

Segundo, el factor de los vehículos. Este representa el 8% de las causas de siniestros, y sin embargo tampoco se ha hecho nada. El control técnico vehicular solo se exige en la capital como forma de recaudación, y no se fiscaliza en las calles. Las rutas siguen siendo un museo a cielo abierto, e incluso se usa para el transporte profesional vehículos que en otros países serían considerados armas homicidas. Medidas de seguridad elementales como airbags y frenos ABS son considerados elementos de lujo a la hora de importar. Y lo que es peor, una ley prevista para exigir medidas de seguridad mínimas en los coches que se importan, duerme en un cajón ante la presión de algunos operadores del mercado. ¿Y aquello de "ningún interés superior a la protección de la vida"? Parece que solo sirve si es para usarlo políticamente.

La realidad es que la Unasev, por más buenas intenciones que ha tenido en algunos puntos, ha sido víctima del flagelo de la politización y la comodidad. Es mucho más cómodo atacar a un intendente de otro partido o culpar a los conductores, que enfrentarse con la burocracia interna y con las estructuras que han impedido en la década de mayor bonanza de ingresos del Estado, invertir en vías de circulación modernas y en imponer normas que aseguren la circulación de vehículos más seguros.

Todo lo demás es cháchara.

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