EDITORIAL
diario El País

La transición en marcha

En el día de ayer, pese a los tropezones, la democracia uruguaya mostró al mundo, una de sus señas de identidad con el viaje del presidente de la República Tabaré Vázquez y el presidente electo Luis Lacalle Pou a la asunción del nuevo mandatario de la República Argentina.

Más allá del protocolo, es un mensaje de los que enorgullecen, porque demuestra que en el Uruguay, gane quien gane las elecciones, la transferencia del poder es pacífica y sin traumas.

Afortunadamente los uruguayos nos hemos acostumbrado a estas imágenes, incluso a la participación conjunta de expresidentes en eventos a los que son convocados, pero sabemos que no es la regla en la región. También tenemos la solidez de nuestro sistema de votación que pese a que sigue siendo perfectible, da garantías a todos y permite que nadie cuestione el resultado electoral en victoria o en derrota.

Desde 1985 los tres principales partidos del país se han alternado en el ejercicio del poder, ha habido mayorías parlamentarias de un solo partido, gobiernos de coalición y acuerdos puntales con jefes de gobierno de distinto signo. Que hayamos tenido 3 gobiernos colorados, 3 frentistas y 2 blancos muestra quizá mejor que cualquier otro elemento esta diversidad que nos distingue, en medio de un continente que, lamentablemente, se muestra con brotes de violencia e inestabilidad en demasiados países.

El presidente electo Luis Lacalle Pou ha decidido avanzar rápido con la designación de su gabinete y se apresta a anunciarlo el próximo lunes. El mensaje es claro, quiere formar los equipos con celeridad para comenzar las reuniones bilaterales con sus contrapartes y así tener al gobierno en marcha desde el 1º de marzo. El sentido de urgencia que quiere darle el presidente Lacalle a su gobierno va de la mano con el sentido de urgencia que tienen los uruguayos. Es indispensable mejorar lo más rápido posible la situación de inseguridad, que la economía vuelva a crecer y genere empleos y que mejoren en términos genéricos, los servicios públicos y la calidad de vida de los uruguayos, especialmente los más humildes.

Debe entenderse como una valoración especial a los uruguayos, esta sana ansiedad del presidente electo por buscar soluciones para los principales problemas de los uruguayos. Para el pequeño empresario que está viendo si tiene que cerrar, para el trabajador que no sabe si conservará su empleo el próximo mes o el que busca desde hace tiempo sin suerte cada semana, es importante. Para el dueño o el trabajador de un quiosco o una ferretería a la que asaltaron 10 veces en el mes sin respuesta de la policía, para quien le desvalijaron la casa varias veces y tiene miedo de dejarla sola cada vez que sale, cada día cuenta.

Por esos motivos es un acierto del nuevo gobierno proponerle al país soluciones prácticas, a muchos de estos problemas desde el punto de vista legislativo, con una ley de urgente consideración. Esto permitirá una rápida aprobación, gracias a la mayoría parlamentaria de la coalición multicolor y ojalá también al aporte del FA, de una batería de propuesta contenidas en el programa de gobierno del Partido Nacional y en el Compromiso con el País firmado por todos los partidos del bloque oficialista. Esta ley, junto con la de presupuesto, serán las dos principales banderas del nuevo gobierno y en su aprobación, contenido y resultado se juega buena parte de la suerte del país en los próximos 5 años.

El nuevo gobierno que asumirá el 1° de marzo del próximo año, deberá enfrentar por cierto, desafíos importantes, como el enorme déficit fiscal que deja el saliente, junto a la deuda pública más grande de la historia del país. Deberá enfrentar el número de asesinatos y rapiñas más alto de la historia. Deberá hacerse cargo de un número creciente de asentamientos y personas viviendo en situación de calle. Deberá recomponer la imagen del país en el mundo dañada por el apoyo a dictaduras infames. Deberá ocuparse de números récord de empresas en concordato y la pérdida de 60.000 empleos en los últimos 5 años.

Todo esto llama a una iniciativa decidida y el próximo gobierno tienen una hoja de ruta que le permitirá avanzar con firmeza en la solución de los grandes temas del país. Ojalá encuentre una oposición constructiva y un mundo gremial empresarial y sindical abierto al cambio que el país necesita, sin poner palos en la rueda ni ser obstruccionista por el mero capricho de serlo.

Los uruguayos tenemos una gran oportunidad de lograr un salto cualitativo hacia adelante en el próximo quinquenio si logramos trabajar unidos por lo que verdaderamente nos importa.

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