EDITORIAL
diario El País

La transformación del Frente

Los tres lustros de gobierno nacional parecen haberle sentado muy mal al Frente Amplio como partido político.

En buena medida, el camino del Frente antes de llegar al poder en 2005 fue el que marcaba el manual de estilo de la ciencia política: su programa de gobierno se fue moderando, su candidato era una persona de centro izquierda con reflejos conservadores, su anunciado ministro de economía daba tranquilidad a los mercados (especialmente antes de conocerlo) y se mostraba abierto y dialogante.

El ejercicio del gobierno parece haber transformado radicalmente al Frente Amplio. Donde antes había idealismo sincero hoy existe pragmatismo descarnado, donde había programas elaborados hoy existe improvisación, donde había coordinación y compañerismo hoy existe lucha fratricida, y la lista podría continuar.

La búsqueda del poder por el poder mismo, dejando de lado ideas e ideales, envenenó el alma frentista, alejándolo de sus causas nobles, aún las más sentidas.

Las recientes revelaciones de los viajes en primera clase del exsecretario de la Presidencia Miguel Toma con una acompañante que notoriamente no estaba vinculada al trabajo por temas de derechos humanos, es la expresión más gráfica del quiebre ético de la coalición de izquierda. Hasta sus causas más sentidas terminaron bastardeadas e incineradas en la hoguera de mezquinos intereses personales.

La virtual ausencia de sus líderes del pasado en la conducción partidaria y la alta segmentación sectorial le impiden, al mismo tiempo, llevar adelante una estrategia como partido político. Con Vázquez descontrolado en un Zoom semanal desesperado porque a quien llamó pompita de jabón resultó un presidente mejor y más popular que él, Mujica dedicado al stand up y a su inmerecida fama y gloria internacional, desentendido de la causa política. Astori por su parte, fuera de escena a fuerza de su declinante votación, hoy el Frente Amplio notoriamente carece de conductores o coordinación.

Esto lleva el nivel de competencia a pescar dentro de la propia pecera, sin mirar para afuera, con un doble efecto: el achicamiento del partido y el corrimiento de sus posiciones a la izquierda. Fíjese el amable lector cada vez que habla un legislador, dirigente, presidente o secretario del Frente en los medios, a quién se dirige. Siempre es al militante frentista, a exaltar sus odios y temores, a la búsqueda de refugiarse en terreno conocido.

Esta zona de confort frentista está a la izquierda de las posiciones que le permitieron ganar tres elecciones nacionales con mayoría absoluta en el Parlamento. Su ala socialdemócrata, que supo ser fuerte con Astori y hasta mayoritaria con Hugo Batalla, hoy no encuentra a ningún sector con intención de ocuparla. Virtualmente desaparecidos Asamblea Uruguay y el Nuevo Espacio, con la Vertiente Artiguista y el Partido Socialista apostando por nuevos formatos de radicalización kirchnerista y discurso marxista, con Bergara sumado al MPP y Nin Novoa perdido en Cerro Largo, evidentemente la centro izquierda frentista está huérfana y nadie parece interesado en reclamarla.

El FA ha perdido sus reflejos democráticos, se radicaliza, pierde el tono y pierde el rumbo. Allá el Frente, si se pierde mala suerte, la noche tendrá razón como reza la canción de Rubén Lena, pero en ese camino intenta hacerle daño a un gobierno popular y al propio país.

Estos movimientos, y la lucha interna por sacar cabeza, desembocan en el tono agresivo que el Frente Amplio está exhibiendo. Aun en medio de una pandemia que está causando en el mundo la peor recesión desde la crisis de 1929 y ante una estrategia a todas luces exitosa en la comparación internacional, el Frente Amplio le pega al gobierno como si faltaran dos meses para las próximas elecciones. Como niño con los ojos vendados intentando pegarle a una piñata que se encuentra a sus espaldas, pega y pega, pero no emboca uno solo de los golpes.

Más allá de los problemas que esto depara para el propio Frente Amplio, que se empezarán a sentir en las encuestas con el devenir del tiempo a medida que se aleja del centro y de los intereses reales de los uruguayos, consumido en un discurso de radicalismo ideológico propio de otros tiempos, esta degradación y deformación de uno de los principales partidos políticos de nuestro país es un problema para nuestro sistema democrático.

El FA ha perdido sus reflejos democráticos, se radicaliza, pierde el tono y, en consecuencia, pierde el rumbo. Allá el Frente, si se pierde mala suerte, la noche tendrá razón como reza la canción de Rubén Lena, pero en ese camino intenta hacerle daño a un gobierno popular y al propio país, con actitudes temerarias que alientan una escalada de enfrentamientos que debe evitarse a toda costa.

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