EDITORIAL

Los totalitarios y las dictaduras

Dirigentes de los partidos comunistas de varios países de la región se reunieron en Montevideo para discutir sus estrategias que, como no podía ser de otro modo, consistieron en apoyar a gobiernos dictatoriales del continente y promover el regreso de otros.

Qué ocurriría si en un hotel céntrico de Montevideo, los líderes regionales de partidos nazis realizaran un encuentro? Sin lugar a dudas el país se escandalizaría y habría una multitudinaria manifestación de protesta frente al hotel.

Nadie quiere que vuelva a la escena un partido totalitario que predicó el racismo, el antisemitismo, que dominó por la fuerza a media Europa, que construyó campos de concentración y hornos crematorios como solución final racial. Ante esa terrible historia, el rechazo es total y contundente. Por suerte.

Sin embargo no genera el mismo rechazo que en un hotel céntrico se reúnan los representantes de los diferentes Partidos Comunistas de la región, partidos que en los países donde reinaron fue mediante regímenes totalitarios que violaron derechos humanos, persiguieron opositores hasta ejecutarlos, que crearon los Gulag en la Siberia como forma de castigo y de trabajo forzado esclavo, que sometieron a media Europa por varias décadas con regímenes liberticidas, que diseñaron modelos sociales y económicos que terminaron en grandes hambrunas y pobreza generalizada. Se estima en 120 millones el número de seres humanos muertos por esa ideología en el mundo.

Sin embargo, un encuentro de comunistas latinoamericanos sí se hizo en Montevideo, capital de una república democrática liberal, que no persigue a quienes piensan diferente.

Por alguna razón que algún día explicarán los sabios, las democracias occidentales han sido duras al cuestionar un tipo de totalitarismo, pero muy laxas con el otro. Lo cierto es que dirigentes de esos partidos de varios países latinoamericanos, se reunieron en Montevideo para discutir sus estrategias que, como no podía ser de otro modo, consistieron en apoyar a los gobiernos dictatoriales del continente y promover el regreso de otros, que cuando gobernaron fueron arbitrarios, autoritarios, patoteros e inmensamente corruptos.

Eso es lo que hacen los partidos totalitarios: apoyan dictaduras violadoras de derechos humanos. Eso hicieron los nazis al aliarse con regímenes parecidos a los suyos (fascistas y de signos similares) y eso también hicieron los comunistas de todo el mundo.

Y sus razones para apoyar esas dictaduras, tienen. Por algo son totalitarios.

Así, por ejemplo, justifican con asombrosa frivolidad, la impresionante megacorrupción de los Kirchner en Argentina, desnudada sin pudor alguno ante el mundo entero para que a nadie le quede dudas de lo que pasó en ese país. Sin embargo, la representante comunista argentina, entiende que “no hay pruebas concretas contra Cristina, son todas construcciones mediáticas”.

En otras palabras, las bolsas llenas de dinero cargadas en el medio de la noche a un convento, las costosas rutas nunca terminadas, los caros trenes comprados en el exterior que en realidad eran pura chatarra o las valijas con cifras millonarias que se trasladaron de un lugar a otro nunca existieron para la representante comunista. Parecería que Cristina Fernández fue la imagen perfecta de pureza y honestidad y lo que de ella se dice es un invento construido por los medios.

También el secretario general del Partido Comunista de Venezuela, Óscar Figuera, muy suelto de cuerpo repitió, aquello que solían decir las dictaduras militares de los años 70: en estos países: “no hay presos políticos, sino políticos presos”.

Y el dirigente comunista uruguayo, Juan Castillo sigue tejiendo teorías conspirativas sobre un imperialismo que quiere quedarse con el petróleo venezolano. Un imperialismo, dicho sea de paso, que durante décadas compró y pagó en fecha el petróleo venezolano, una compra que si bien era decididamente importante para Venezuela, fue tan solo una mínima parte de todo lo que Estados Unidos compraba a diferentes países petroleros.

Parece mentira que sigan insistiendo con cuentos de poco sustento, aunque es verdad que la lógica totalitaria históricamente fue siempre la de inventar la realidad, relatar la mentira como si fuera verdad. Algo de esto sabía un totalitario de fuste como Goebbels.

Se asusta además Castillo, porque ve que “vienen por todos” y teme que quieran derrocar justamente a las dictaduras del continente: la de Venezuela, la de Nicaragua, la de Cuba. No es que haya que derrocarlas, deberían caer por su solo peso, por ser gobiernos violadores de derechos humanos y hambreadores de sus pueblos. Por ser dictaduras. Por aquello que con tanta vehemencia cantaban los uruguayos en los años 80: “se va a acabar, se va a acabar”. Los comunistas, en su visión totalitaria del mundo, no quieren el fin de ninguna dictadura, sino su prologación hasta la eternidad.

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