Editorial

Tonterías de derechos humanos

“El mundo de los últimos 25 años ha mejorado muchísimo, sobre todo en los países que aplican al receta democrática liberal, a pesar de lo que deja entrever este burócrata de los DDHH”.

Todo el mundo puede decir alguna sandez de vez en cuando, ya que nadie es perfecto. Pero la acumulación de tonterías declaradas en un reportaje de fin de año al semanario Búsqueda por el secretario de Derechos Humanos (DDHH) de la Presidencia de la República merece, francamente, un destaque veraniego particular.

Un primer conjunto de lugares comunes refirió a valoraciones políticas sobre la democracia. En efecto, según el burócrata de Presidencia, la democracia no logra "encontrar alternativas al capitalismo como forma de gestión. Ese es un aspecto, el otro es que lo que hizo crisis fue el modelo liberal de la democracia. Y creo que lo que estamos viendo en la región y en el mundo es no solo una crisis de las izquierdas, sino también del liberalismo".

El problema es que el mundo de los últimos 25 años ha mejorado muchísimo, a pesar de lo que deja entrever este burócrata de los DDHH. Eso ocurrió gracias a la extensión del capitalismo económico y del liberalismo político. Que la izquierda sudamericana, corrupta, clientelista y no del todo convencida del valor de la democracia liberal, crea que porque ella está en crisis entonces todo el sistema democrático lo está, es propio de un solipsismo muy adolescente que infelizmente está muy extendido entre cierta intelectualidad de izquierda.

Alcanza con leer alguno de los siguientes libros de reciente edición para verificar que la verdad está muy lejos de lo que afirmó el burócrata de DDHH a Búsqueda: "En defensa de la Ilustración", de Steven Pinker; "La gran convergencia", de Richard Baldwin; "Progreso: 10 razones para mirar el futuro con optimismo", de Johan Norberg; y "Una prosperidad inaudita", de Edmundo Phelps. Todos están traducidos al castellano, por suerte, y todos disponibles para ser comprados en internet, de forma de facilitar la lectura de la gente de izquierda con el perfil de este preocupado burócrata.

El análisis del porqué de la fuerte emigración internacional de los uruguayos dejó también muchísimo que desear. Dijo que "no son personas que se fueron en la misma condición que en el 2002, cuando no tenían trabajo. Lo que está sucediendo es que está tan techada la inclusividad (…) Es como que la democracia está fosilizada en su capacidad de oportunidades". El empeñoso y oficialista burócrata intentó así relativizar la responsabilidad del gobierno en el notorio fracaso que significa que, nuevamente y desde 2015, decenas de miles de uruguayos jóvenes y relativamente más formados que el resto de la población hayan decidido emigrar del país.

Pero el problema no es una supuesta "fosilización" de oportunidades de la democracia, ¡por favor! Ella, justamente, es la que ha potenciado por décadas a los países que la conjugan y es la que los ha transformado en receptores de millones de inmigrantes que llegan de países en los que, precisamente, lo que falta muchas veces es democracia. Vaya como ejemplo de países democráticos que hoy en día reciben gente, entre tantos otros, Estados Unidos o Australia. Y vaya como ejemplo de países autoritarios que expulsan gente, Cuba y Venezuela, que por cierto son considerados modelos a seguir por buena parte del Frente Amplio.

Finalmente, un tercer conjunto de tonterías refirió a que Uruguay tiene problemas en la "progresividad en la inclusión". En efecto, para este burócrata de los DDHH la problemática del voto en el exterior es un tema donde "la democracia no ha entrado".

El disparate aquí es mayúsculo, ya que la verdad es que el pueblo uruguayo fue consultado directamente y decidió soberanamente. Con total libertad se expresó en 2009 al respecto: dijo que no quería permitir el voto de los uruguayos en el exterior. Acaso al oficialista burócrata de los DDHH este resultado dictado por la soberanía popular no le haya gustado. Pero eso no le da derecho a afirmar de que "la democracia no ha entrado" en este tema, porque, definitivamente, a la sandez está sumando aquí una enorme mentira histórica imposible de dejar pasar.

Lo más tragicómico de estas majaderías no es que se digan con total impunidad y con pose de estar afirmando grandes e inteligentes verdades. Lo más trágico es cuando el lector recuerda que este burócrata de los DDHH, como tantos otros acomodados similares del gobierno frenteamplista, cobra un altísimo salario de más de $ 110.000 al mes por decirlas.

Cuando se verifican declaraciones como estas es que se hace evidente que en este 2019 se precisa que llegue un viento popular bien fuerte que, decididamente, barra con tanta cara tontería propalada desde el gobierno.

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