EDITORIAL
diario El País

Tontas teorías reeleccionistas

La idea fue planteada hace unos días en una de esas pesadas columnas propias del calor veraniego escritas por uno de esos analistas políticos que insisten en hablar de temas intrascendentes para el país con tal de evitar tener que criticar la forma en la que el Frente Amplio ejerce la oposición.

Se trata del inefable tema de la posibilidad de la reelección inmediata del presidente de la República.

Sabido es que nuestra Constitución no prohíbe la reelección presidencial. Exige sí, empero, que ella no sea inmediata, es decir, impide que el presidente actual pueda presentarse a ser reelegido por los ciudadanos para un siguiente mandato. Si se quisiera cambiar, por tanto, esta disposición, se precisaría de una reforma constitucional. Y toda reforma en este sentido implicaría también un profundo cambio político para el país, ya que la prohibición reeleccionista inmediata del presidente es una de las viejas y sabias herencias que nos legó la Constitución de 1830.

La columna politológica se plantea que tarde o temprano habrá que discutir en Uruguay sobre la conveniencia de la reelección inmediata. Pero lo dice como si nunca antes se hubiera hablado del tema. Como si, en definitiva, en cada proceso de cambio electoral y constitucional del siglo XX a nadie se le hubiese ocurrido nunca habilitar la reelección inmediata. Y eso que ellos fueron numerosos: 1917, 1934, 1942, 1951, 1967 y 1996, si nos atenemos solamente a los cambios efectivos de Constitución, ya que hubo muchos más que fueron proyectados en todas esas décadas pero que quedaron por el camino.

En Uruguay, los partidos políticos siempre han sido mucho más importantes que tal o cual persona específica o líder natural. Eso ha ocurrido gracias a la sabia disposición que viene de 1830 y ha impedido que fuertes personalidades pudieran seguir en el poder por varios periodos.

Se omite así, en la sandez de creer que el mundo institucional empieza el día en el que al ombligo analista se le ocurre que hay que discutir de tal o cual tema, que la prohibición de la reelección inmediata del presidente ha sido una característica fundamental de toda nuestra historia democrática, y que ella, evidentemente, tiene mucho que ver con el hecho de que el Uruguay sea, sin duda, la democracia de mayor calidad institucional de todo el continente americano.

En efecto, en una región que ha sido pródiga en caudillos que creyeron estar siempre por encima de la institucionalidad, la habilitación de la reelección inmediata que primó por doquier en América fortaleció a esas figuras salvadoras, a la vez que dificultó el asentamiento de la modernidad que implica la adhesión al Estado de derecho por encima de cualquier personalismo clientelista o paternalismo tradicional.

Una democracia precisa de partidos fuertes. En nuestro país, ellos siempre han sido mucho más importantes que tal o cual persona específica o líder natural. Y eso ha ocurrido en parte gracias a esa sabia disposición que viene de 1830 y que ha impedido que fuertes personalidades pudieran mantenerse en el poder por varios períodos de gobierno. Porque muchos de los líderes más importantes, en efecto, tuvieron que buscar un heredero en su propia colectividad de forma de poder luego intentar volver a la presidencia. Les salió bien a Batlle y Ordóñez y a Tabaré Vázquez, por ejemplo; pero le salió mal a Luis Batlle con la reforma que propició Martínez Trueba en 1952.

Pero en cualquier caso, a la que le salió bien es a nuestra democracia en sí, porque se fortaleció nuestra institucionalidad republicana: nadie se creyó tan importante como para no poder ceder el poder inmediatamente de finalizado su mandato.

Y hay que conocer muy poco de historia comparada del continente, y muy poco también de la esencia del poder que siempre procura perennizarse, como para no darse cuenta de que en nuestra cultura política habilitar la reelección presidencial inmediata sería mucho más perjudicial que beneficioso.

Cada tanto aparecen globos sonda que plantean temas que distraen la atención de lo verdaderamente importante para el país.

En materia politológica, por ejemplo, ya sería hora de que en vez de estas majaderías innecesarias como la de la reelección presidencial inmediata, los analistas proizquierdistas explicaran porqué es que el FA procesa renovaciones en sus liderazgos que son incapaces de asumir y reconocer que Cuba y Venezuela son sendas dictaduras; o porqué el sesgo del FA está enteramente marcado por la extrema izquierda hecha de comunistas y tupamaros, y con un profundo declive de los que se autodefinen como socialdemócratas.

En vez de preguntarse por este tipo de temas que sí son importantes para la salud política del país, los análisis politológicos veraniegos se dedican a plantear tontas teorías reeleccionistas. Son tan inútiles como vacuos.

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