editorial

Tiempo de tomar medidas

En el día de ayer el Banco Central publicó los datos sobre la evolución del Producto Interno Bruto (PIB) correspondiente al segundo trimestre del año sorprendiendo negativamente al gobierno y a los analistas privados.

De acuerdo a la información divulgada el PIB cayó 0,1% comparando el segundo trimestre de 2015 con el segundo de 2014 y, más importante aún, descendió 1,8% en términos desestacionalizados respecto al trimestre anterior. De repetirse números negativos en la próxima publicación trimestral estaremos oficialmente en recesión, con lo que la desaceleración que veníamos sufriendo será una realidad envidiable.

Es cierto que este dato negativo está determinado en parte por la evolución negativa del rubro energía, gas y agua, debido a la sequía, pero también debe tenerse en cuenta que Montes del Plata sigue impulsando hacia arriba los números.

El ministro de Economía ha afirmado, llamativamente, que el dato no lo sorprendió, pero al mismo tiempo admitió que: "Se espera un crecimiento modesto de entre 2 y 2,5% para este año, lo cual para las condiciones del país es un muy buen número" La ambigua reflexión de Astori da pie a un tema clave en momentos en que se está discutiendo el presupuesto nacional, elaborado con supuestos que han sido calificados como optimistas por la unanimidad de los analistas serios del Uruguay.

La razón del optimismo del gobierno no necesariamente es mero voluntarismo político sino que las circunstancias han cambiado para peor en los últimos meses, luego de que el gobierno ya había comenzado a trabajar en el presupuesto. En particular, el último mes ha estado cargado de malas noticias que vienen desde Europa, China y más reciente y cercanamente Brasil. Estos shocks externos negativos no solo profundizan la tendencia negativa del contexto, sino que también cambian su naturaleza, vale decir, no son necesariamente transitorios como se podía pensar en un comienzo, sino que van adquiriendo características de permanentes.

Esta situación, marcada por los datos fríos que provienen de la realidad no por la opinión de agoreros u opositores, es la que debe hacer reaccionar al gobierno. Lo peor que se puede hacer es ignorar la realidad o pretender como el inefable Pangloss en el Cándido de Voltaire que vivimos en el mejor de los mundos posibles y todo sucede para bien.

Cuando se elabora un presupuesto nacional quinquenal es más prudente utilizar un criterio conservador que uno excesivamente optimista. La razón es sencilla, si los números son mejores que los que indica el criterio conservador mucho mejor para el país, habrá más recursos para destinar a los fines que se consideran deseables en las próximas rendiciones de cuentas y se podrán mejorar las finanzas públicas. Si por el contrario se utiliza un criterio optimista y la realidad es peor de la que se previó los recursos que se asignaron suponiendo incrementos de los ingresos del Estado que no se produjeron supondrán un deterioro significativo del frente fiscal en una circunstancia nada recomendable para que ocurra.

Ya el presupuesto en su versión original tiene cifras fiscales por demás discutibles. Parte de un déficit fiscal de 3,5% del PIB que son unos 2.000 millones de dólares y se pensaba mejorar hacia el fin del quinquenio solo un punto del producto. Como consecuencia de esto tanto la deuda pública bruta como la neta aumentarán a lo largo de los próximos cinco años.

Hoy, que el propio ministro de Economía afirma que la economía crecerá entre 2% y 2,5% cuando el proyecto de ley de presupuesto prevé un 2,5% para 2015 y una recuperación hacia 3% a lo largo del actual período de gobierno debe revisarse el presupuesto. Se puede argumentar que el Parlamento con mayoría de los sectores radicales frentistas es más propenso a aumentar el gasto que a moderarlo y que esperar que elabore un proyecto más restrictivo que el que provino del Ejecutivo es un acto de ingenuidad lindante con la estupidez. Concedido, pero también es la única actitud patriótica y responsable con la hora que vive el país y la única forma de evitar males mayores en el futuro cercano.

No se puede esperar a corregir el rumbo en la próxima rendición de cuentas en 2016, para entonces puede ser muy tarde.

Es hora de tomar medias y el presidente Vázquez debe tomar el toro por las astas, llamar a los líderes de su "fuerza política", a los de la oposición y hablar con franqueza y determinación de las medidas que hay que tomar. Ahora, sin más demora.

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