EDITORIAL

Nos toman por tontos

¿Son aceptables declaraciones como las del Ministro de Defensa que tras los embarques millonarios de drogas lo único que se le ocurre decir es que hay que legalizar la cocaína? ¿Acaso cree que son tan tontos los uruguayos?

Desde que comenzó la campaña electoral, todas las semanas tanto el Frente Amplio como la izquierda en su conjunto (sindicatos y ciertas organizaciones militantes) hacen algo que muestra su clara desubicación respecto a la realidad y su incapacidad para entender el mundo que los rodea.

Su más reciente tendencia es tomarnos a los uruguayos por tontos. Consideran que pueden decir y hacer lo que quieren, y luego desdecir y deshacer aquello que habían anunciado, como si ninguno de nosotros nos diéramos cuenta, como si realmente fuéramos personas cortas de entendederas.

Y no solo ven así a la población en general, sino a personas en particular. Y vaya sorpresa que se han llevado.

Si el Ineed, cumpliendo la función que le corresponde, marca algunas observaciones al funcionamiento de la educación, enseguida salen a descalificar ese trabajo con una soberbia que asombra. Y parecen hacerlo sobre el supuesto de que respecto a estos temas nadie entiende, lo que les da luz verde para decir lo que quieran. Los uruguayos entenderán mucho, poco o nada sobre educación, pero una cosa sí les quedó claro: el mecanismo descalificado, el Ineed, fue creado para tener resultados con mejores garantías que los que daban las también descalificadas pero internacionalmente prestigiosas mediciones de PISA. ¿Ahora resulta que estas tampoco sirven?

¿Quiénes entonces somos los tontos?

Dos embarques millonarios de droga, salidos de Montevideo, son capturados en Europa y para explicar por qué no hubo controles donde debió haberlos, el ministro de Defensa sale a opinar sobre la necesidad de legalizar la cocaína. ¿Cree acaso que no nos dimos cuenta que intentaba distraer nuestra atención de lo que era importante? ¿Pensó que tirando fuegos artificiales olvidaríamos lo que realmente había sucedido? ¿Nos tomó por tontos?

Ahora el candidato a presidente hace una jugada magistral, pensando que todos entraríamos en ella muy contentos, y resultó que le salió mal y con esa maniobra arrastró a varios.

Se le ocurrió que para ganar los votos de un electorado que tal vez él crea tonto, necesitaba pedir el apoyo de un cantante de calidad opinable pero de innegable popularidad. Lo que un político no podía hacer, que lo hiciera un ídolo de las masas. De inmediato saltaron voces feministas en protesta (entre ellas la de la inefable Fabiana Goyeneche) recordando que este cantante, Gustavo Serafini, conocido como El Gucci, había sido acusado de abusador.

Ante eso, Daniel Martínez retiró de inmediato la oferta sin darse cuenta que Gucci podrá cantar canciones de gusto regular, tendrá arrastre en barriadas muy populares, pero de tonto no tiene un pelo. Ni él, ni su hinchada. Y le armó al candidato un lío de novela. Con asesoramiento legal incluido.

Es que las radicalizadas feministas creen que con acusar a alguien en las redes ya está todo dicho, porque en el fondo consideran que sus seguidores también son tontos. Una periodista sostuvo que el cantante debía hacerse a un lado por el solo hecho de ser sospechado. De ese modo, habilita que la mera acusación en las redes termine siendo la prueba irrefutable de que una persona cometió un delito, sin instancias judiciales y sin otras garantías: acusación que estaría entre la calumnia y la extorsión.

Sin duda, los casos de violación, acoso y violencia doméstica son delicados y complicados de manejar. Pero mientras la Justicia no demuestre lo contrario, aún sabiendo que el caso es difícil, la acusación no se sostiene. Y puede terminar convirtiéndose en un arbitrario escrache o una forma de chantaje.

Los que subestimaron la lucidez de Gucci no previeron su reacción. Bajarse de la candidatura sería admitir algo que él dice que no hizo. Además, tomó la delantera: quiere hacerle juicio a quienes según él, lo calumniaron (incluida Goyeneche) pues sostiene que pueden perjudicar su carrera musical.

Lo tomaron por tonto y el tiro les salió mal. No terminan de entender que no pueden subestimar la inteligencia de la gente. Creen que pueden contradecirse todas las veces que quieran sin que nadie se dé cuenta.

La gente empezó a darse cuenta y lo hace saber. Si bien es llamativo este distanciamiento con la realidad, la soberbia que los lleva a decir y hacer cosas que ya no son aceptables, es el resultado del desgaste y anquilosamiento tras 15 años de ejercer el gobierno. Por eso es buena la alternancia de partidos, como saludable práctica en una democracia.

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