Editorial

Tolerancia cero no se justifica

El estudio presentado por la Unasev muestra que la tolerancia cero de fines del 2015, no ha conseguido alcanzar las metas trazadas. En el 2017 el total de accidentes de tránsito aumentó 2,6% respecto el 2016, el total de lesionados creció un 1,9% y los fallecidos un 5,4%.

El senador Lacalle Pou lanzó su propuesta de elevar la tolerancia para el alcohol a los conductores, de 0 a 0,3 si es Presidente y el debate se armó de inmediato. Aunque a decir verdad, con mayoría a su favor. Por más que el expresidente del Sindicato Médico, ahora devenido en político que revista en el grupo colorado de Fernando Amado, y su sucesor hayan descalificado su iniciativa con críticas radicales como, "demuestra lo poco que sabe del tema".

Sin embargo, hay buenos motivos para la idea de Lacalle. Primero por una cuestión de sentido común, porque cuando se ponen normas absurdas por lo exageradas, existe la tendencia a no cumplir con ellas como suele ocurrir con los límites de velocidad disparatados a los que se respeta a desgano. Por otra parte, no viene mal antes de emitir opinión, fijarse en lo que hacen otros países y sus resultados. Lo mismo que investigar lo sucedido en nuestro territorio a partir de ese límite draconiano, que ha demonizado en exceso el tomar una copa de vino o un vaso de cerveza. Y en especial, porque desde su vigencia a partir de diciembre del 2015, no da para festejar.

A fin de dar una idea y no cansar con mucho número, la tolerancia permitida en España es 0,5%, en el Reino Unido 0,8%, en Suecia 0,2%, y en Francia 0,5%. Junto a esto, conviene ver las tasas de mortalidad para tener un panorama más completo. En España es del 3,7% cada 100 mil habitantes, en el Reino Unido 2,7%, en Suecia 2,8% y en Francia, 5,4%. El promedio de fallecimientos en la Unión Europea cada 100 mil habitantes, es 5,1%. En Uruguay, con la tolerancia cero impuesta en diciembre del 2015, la tasa llega al 13,5% cada 100 mil. Y en el país vecino, los argentinos con 0,5% de tolerancia tienen una incidencia de muertes del 7,6% en Buenos Aires .

Pero hay más indicadores interesantes para esta discusión. Según informa la Unasev, organismo dependiente de la Presidencia creado en el 2007, de un total de 17.000 controles realizados el año pasado a conductores que tuvieron un siniestro de tránsito, el 93,2% registró 0 g/L de alcohol en sangre. Cifra que se mantiene parecida al 2016, (93,6%).

Por el otro lado, las 1.163 personas que intervinieron en siniestros de tránsito en 2017 y se les detectó alcohol en sangre representan un 6,8% del total. En el rango de 0 a 0,3, solo el 1%.

Aparte de que no siempre fueron los culpables del accidente ya que basta que alguien lo choque de atrás, para quedar registrado en la estadística y castigado. Esto quiere decir que la extrema reglamentación que pocos logros ha obtenido, se ha impulsado sobre todo el mundo por un problema que atañe a un 7% del total de los conductores que intervinieron en siniestros habiendo bebido.

Además resulta una contradicción enorme que esta rigurosidad en pos de prevenir accidentes no se aplique para los fumadores de marihuana —en condiciones nada recomendables para conducir— pues se hacen mucho menos controles para detectar el cannabis que para verificar rastros de alcohol. En la Noche de la Nostalgia, momento en que se hace un gran operativo, la diferencia entre un control y otro ha sido abismal.

El estudio presentado por la Unasev muestra que la tolerancia cero de fines del 2015, no ha conseguido alcanzar las metas trazadas. En el 2017 el total de accidentes de tránsito aumentó 2,6% respecto el 2016, el total de lesionados creció un 1,9% y los fallecidos aumentaron 5,4%. Difícilmente se cumpla con el objetivo del decenio (2010-2020) si en el 2017 hubo 470 fallecidos en lugar de 380, como se anhelaba. Por lo tanto, hay que buscar las causas de estos números en otra parte. El mal estado de nuestras carreteras y caminos, a diferencia de la red vial de los otros países mencionados, tiene seguramente mucho que ver en el lamentable ranking de muertes y fallecidos en el tránsito de Uruguay. El gobierno ha estado gravemente omiso en esta responsabilidad a pesar de la alharaca cuando se remienda una ruta o con el lanzamiento de las PPP, a las que hicieron tan poco atractivas para los inversores que la respuesta escaseó.

Y si de accidentes se trata, un índice a destacar es el que contradice la mala fama que pesa sobre las mujeres al volante. Las espirometrías positivas de protagonistas de accidentes de tránsito es más de tres veces superior en el sexo masculino (8,1%) que en el femenino (2,4%). Y otro dato para tener en cuenta es el de la edad de quienes manejaban cuando hubo accidentes fatales. Mientras a la gente de edad se le exige renovación anual del permiso y examen de salud en la propia Intendencia, su incidencia en ellos es bajísima. Sin embargo, es la juventud la que ocupa el primer lugar. Por lo tanto, corresponde un cambio en los criterios actuales de los reglamentos.

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