Editorial

Títulos y desvergüenza

Se da la paradoja de que en nuestro país la educación se ha ido barranca abajo, como lo demuestran las pruebas PISA; sin embargo, los susodichos no dudan en adornarse con plumas que les son ajenas y no tienen empacho en hacerse pasar por lo que no son.

Cualquiera que afirme que el Uruguay está irreconocible, tendrá razón. Y lamentablemente no para bien. No se trata solo de la pérdida de calidad de vida del momento en que ya nadie puede caminar sin mirar para atrás y hacia los costados. Cuestión de ver si no hay un rapiñero detrás suyo si está a pie o que avanza hacia su moto o su automóvil, si anda motorizado. O que no pueda vivir en una casa sin estar detrás de barrotes o tener un comercio con vidrieras a la vista, o una farmacia o almacén sin atender a la clientela desde detrás de una reja, si vive en un barrio periférico. O de perder la vida en un atraco e ir a engrosar la chocante lista de muertes violentas en lo que va del año. O perder para siempre a un hijo o a cualquier familiar, amigo o vecino.

En una larga lista de ejemplos de decadencia figura la falta de respeto que muestran distintos personajes en cargos de relevancia que se florean con títulos que no les corresponden. Se da la paradoja de que en nuestro país la educación se ha ido barranca abajo, como lo demuestran índices de todos los colores, empezando por pruebas internacionales como las PISA; sin embargo, los susodichos no dudan en adornarse con plumas que les son ajenas y no tienen empacho en hacerse pasar por lo que no son.

No se sabe bien si es por aquella cultura que nos caracterizaba respecto de la ambición de educarse, como bien lo captara Florencio Sánchez, en "Mhijo el Dotor", o ni siquiera eso. Simplemente porque todavía en la normativa hay alguna exigencia de tener un título profesional para ocupar ciertos puestos de trabajo y sin pudor alguno, se miente a cara descubierta.

Hemos llegado a un punto en que ni siquiera se puede confiar en la honorabilidad de alguien que ocupó la segunda jerarquía en el gobierno, la vicepresidencia de la nación, como es el caso de Raúl Sendic. Semejante mensaje, semejante engaño, tiene un efecto muy pernicioso en la sociedad, aunque no se detecte a primera vista. Y el daño es mayor dado que el señor sigue por ahí en campaña como si nada, haciendo declaraciones a los reporteros que lo buscan, mientras su partido sigue deliberando desde el año pasado si lo sanciona (no podría ser candidato) o no. Y con el agravante de que la actual vicepresidenta, la Sra. Topolansky, con total desparpajo, aseguró en su momento haber visto el inventado título de Licenciado en una carrera inexistente. A la larga y de mala gana, al final masculló algo dando marcha atrás en su aseveración.

Ahora, por medio de El País se ha sabido que nada menos que la persona que fiscalizaba y asesoraba al ministro de Salud Pública, Jorge Basso, en la compra, autorización y control de medicamentos, aparecía en los documentos oficiales que llevaban su rúbrica como Licenciada Lourdes Galván Lasarte, aunque no posee dicho título.

En su ausencia, porque está de licencia, y la del ministro Basso que también está ausente, el subsecretario de la cartera de Salud Pública, Jorge Quian, declaró que la supuesta Licenciada en Economía, fue cesada. Si es así, enhorabuena, porque lo que está en juego aquí, no es solo la capacitación de esta persona para realizar la labor que acomete, aspecto que habría que determinar, ya que se trata de un área que no solo es muy delicada sino que mueve sumas millonarias, sino la falta flagrante de honestidad con la que ha actuado.

En decretos recientes, firmados por el presidente Vázquez y el ministro Basso, del partido socialista al igual que la mencionada, fue designada en su calidad de licenciada para integrar las direcciones del Instituto de Regulación del Cannabis, del Fondo Nacional de Recursos como miembro alterno o participar en misiones oficiales por el MSP.

Hasta hace poco nadie dudaba de una persona que se presentaba como abogado, sociólogo, ingeniero o licenciado, pero el asunto Sendic cambió la perspectiva. A partir de allí, el periodismo empezó a tratar de corroborar esas cucardas profesionales. En ello ayuda mucho como herramienta investigativa internet, que no solo sirve para desparramar noticias falsas, sino para lo contrario. Para comprobar verdades.

Así es que se han conocido varias situaciones de la misma especie, como ser el subdirector técnico del Instituto Nacional de Rehabilitación, Gustavo Bellarra que resultó no ser sociólogo o la hermana del exdirector de Asuntos Sociales del Ministerio del Interior, Leonardo Anzalone, que fue contratada como psicóloga sin que hubiera revalidado un mentado título del exterior.

Esta clase de acciones contribuyen a degradar a las instituciones, a la actividad política, al servicio público y al deterioro de los valores.

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