Editorial

Tierra de nadie

Convertir ese premio al conocimiento y la dedicación del alumno en una votación de “miss simpatía”, donde no faltan los papás que organizan la campaña electoral de sus hijos, dice mucho de lo relegados que quedaron los valores de la escuela vareliana.

La educación bajo el gobierno frenteamplista sorprende con eventos deplorables prácticamente todos los días. El fenómeno de la agresión de madres de alumnos a maestras y directoras es propio de estos tiempos, y tiene que ver con la consolidación del irrespeto a la función docente, una trágica desvalorización pública de su importancia como agente de superación personal y motor de movilidad social. La cachetada y el trompazo como rechazo a la autoridad académica no se da solo en los estratos sociales menos favorecidos. Ocurre también, de forma simbólica, en algunas instituciones privadas, donde por insó-lito que parezca hay padres que presionan a los profesores para que suban las calificaciones de sus hijos o los hagan aprobar exámenes difíciles. Allí no hay una violencia directa, pero la perversión del vínculo es idéntica, reflejo de una sociedad que denigra el conocimiento y practica la prepotencia, tanto a través de la agresión física como de la presión del dinero.

Es en ese contexto de desvalorización en que deben analizarse los recientes emergentes del deterioro educativo difundidos en estos días.

En un país donde los más jóvenes cada vez hablan y escriben peor, una minoría de iluminados está logrando el objetivo de pervertir la lengua española con la ridícula pretensión de favorecer así la equidad de género.

El idioma es un organismo vivo y hace ya décadas que la Real Academia Española abandonó una actitud prescriptiva (esto está bien dicho y esto no), por una descriptiva, abierta a incorporar las modificaciones que se producen en forma espontánea en el habla cotidiana. Pero lo de duplicar artificialmente los sustantivos para quedar bien con ambos géneros o cambiar sus "o" finales por "x" y "e", son invenciones pergeñadas entre cuatro paredes, que nada tienen que ver con la evolución natural de la lengua. Argumentan sesudamente a favor de una supuesta carga ideológica que las palabras estarían propagando en forma subliminal, cuando está demostrado que hay lenguas donde los sustantivos son todos de género neutro, pero eso no impide que en las sociedades que las hablan se maltrate a la mujer y se persiga a los homosexuales y transgénero. Si siguen en ese nivel de improvisación, ignorancia y necedad, tal vez algún día pidan eliminar del diccionario vocablos como "asesino" y "violador", pretendiendo con eso abatir la criminalidad y la violencia sexual.

El ejemplo puede parecer exagerado, pero no lo es. Ya existen en algunos países desarrollados listas de libros, óperas y películas censuradas, no por los sectores conservadores de la sociedad, sino por los auto denominados progresistas, que en su torpe sarampión de corrección política mal entienden que el artista que expone una situación violenta, la está publicitando. Ocurrió acá nomás, hace unos meses.

La Comedia Nacional presentó en el Solís una ambiciosa producción de "Otelo" de Shakespeare, y no faltaron los espectadores indignados porque el moro de Venecia estrangula a su pareja al final de la tragedia. No es chiste, ocurrió así. Es más bien la exhibición impúdica de la incultura. Una incultura que no es, como antes, vergonzante para quien la expone, sino al contrario, motivo de orgullo arrogante.

En ese contexto, la nueva circular de Primaria que elimina definitivamente los méritos en la designación de los abanderados, también parece una anécdota menor, pero tampoco es tal. Convertir ese premio al conocimiento y la dedicación del alumno en una votación de "miss simpatía", donde no faltan los papás que organizan la campaña electoral de sus hijos, invitando a los compañeros a pijama parties y regalándoles alfajores, dice mucho de lo relegados que quedaron los valores de la escuela vareliana, en una sociedad hundida en el barro del consumismo, la frivolidad y la demagogia.

Para colmo, ayer informó El Observador que a raíz del último paro de maestros, hubo escuelas donde los alumnos quedaron en la calle, porque no había nadie siquiera para abrir las puertas. Con una justificación digna del cómico Peter Capusotto, una dirigente de la Federación Uruguaya de Magisterio declaró que el abandono en la vereda es "responsabilidad de los padres", porque "envían a los niños y no chequean que hayan ingresado al local escolar". En cualquier momento cierran los hospitales por paro, y nos echan la culpa por enfermarnos justo ese día.

En esta tierra de nadie que es la educación uruguaya, están arruinando el futuro de las nuevas generaciones, por sus propios prejuicios e incapacidad. Háganse cargo.

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