EDITORIAL

La tentación totalitaria

Se podrá decir que quienes defienden violaciones de los derechos humanos, como Guianze en los casos de Venezuela y Cuba son una minoría, pero es preocupante su influencia en el oficialismo, en varias instituciones de la sociedad civil y en medios de opinión pública.

Resulta curioso que pese a que (casi) todos los uruguayos solemos expresar nuestro apoyo a la democracia, a la República y al Estado de Derecho como base de toda convivencia civilizada, muchos no tienen empacho en defender dictaduras con los argumentos más inverosímiles. Quienes condenan con razón y justicia nuestra pasada dictadura no ven ninguna contradicción hoy, en apoyar la dictadura cubana o la más reciente dictadura venezolana que hundió en la pobreza a la mayoría de su población.

Las recientes elecciones en Cuba son para algunos personajes vernáculos ejemplo de democracia. Los 605 candidatos oficiales para la Asamblea Nacional propuestos por el gobierno tuvieron la totalidad de los votos válidos, en una elección de resultado incierto dado que el gobierno solo dejó que se presentaran 605 candidatos oficialistas. Esta Asamblea desbordante de pluralismo elegirá al sucesor de Raúl Castro solo si el siniestro dictador finalmente decide dejar el poder, de lo contrario seguirá asolando a la pobre Cuba. En todo caso, se espera que poco cambie en un sistema que ha hecho de la persecución de los opositores, su cárcel, tortura y muerte, la razón de su existencia. La persistencia de las dictaduras que siguen sometiendo a los pueblos de Cuba o Venezuela no puede sorprender, lo que no deja de hacerlo es el apoyo que le manifiestan desde nuestro país. La falta de solidaridad con los muertos, los presos políticos y quienes mueren de hambre, es un cargo por demás importante, pero hay otro de consecuencias más prácticas y relevantes para nuestro país y es el riesgo de que vuelva a cundir el desprecio por la democracia y las propuestas de signo totalitario. Esta semana la expresidente del Instituto Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo (¡nada menos!), Mirta Guianze, a modo de ejemplo del pensamiento totalitario que vive y lucha en nuestro país, expresó en una entrevista en un portal, su apoyo sin cortapisa a los regímenes dictatoriales del continente. Vale la pena citar las preguntas y las respuestas para ver la catadura de las declaraciones, pero se advierte al lector que en caso de tener convicciones democráticas pueden provocarle náuseas y vómitos.

—¿Cuba es una dictadura?

—No. Tienen un sistema de gobierno que es el que se ha dado. La gente goza de todos los derechos, tienen educación y salud de una manera que nosotros acá no la tenemos; allá todo es gratis. Puede haber disidentes, pero en general la gente está conforme.

—¿Venezuela es una democracia?

Para mí sí. Podrá ser criticada, pero es la forma de gobierno que ellos tienen. Creo que la mayoría de la gente no ha leído la Constitución venezolana. En Venezuela hay cinco poderes y tienen una manera de gobernar que nosotros no debemos juzgar ni condenar. Lo que tenemos que hacer es colaborar para que el pueblo de Venezuela encuentre su camino.

Cuesta creer, pero ayuda a entender el relativismo moral que sufre nuestro país cuando se oyen expresiones tan burdas de hemiplejia moral, para usar la siempre precisa definición de Ortega y Gasset. Habla muy mal, por cierto, de nuestro país, que una persona con estas opiniones antidemocráticas haya ocupado cargos de relevancia y en especial el último, la presidencia del Instituto de Derechos Humanos.

¿Cómo alguien que expresa que Cuba y Venezuela son democracias puede hablar de democracia? ¿Cómo alguien que dice sin ruborizarse que en Cuba la gente goza de todos los derechos puede auto- erigirse en defensora de los derechos humanos? ¿Con qué legitimidad puede hablar de derechos humanos en nuestro país quien desprecia los derechos humanos por mera ceguera ideológica?

Lamentablemente, además, Guianze no está sola. Varios senadores y diputados del Frente Amplio se han expresado recientemente en forma similar, aunque en general no con tanto candor y entusiasmo en la defensa de regímenes criminales y despreciables para cualquier persona que valore mínimamente la democracia.

Se podrá argumentar que quienes defienden violaciones de los derechos humanos, como hace Guianze en los casos de Venezuela y Cuba, son una minoría, pero no deja de ser preocupante su influencia en el partido de gobierno y en varias instituciones de la sociedad civil y en medios de opinión pública.

Thomas Jefferson manifestó con acierto, ya hace mucho tiempo, que el precio de la libertad es su eterna vigilancia. Por eso no vale hacerse los distraídos ni se puede dejar pasar por alto expresiones repudiables y peligrosas como son las que sojuzgan la democracia y los derechos humanos a prejuicios ideológicos.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos

º