EDITORIAL
diario El País

Tensión global (II)

El sábado pasado hablábamos de la preocupación que provocan los amenazantes movimientos de tropas rusas en las fronteras de Ucrania (100.000 hombres), más allá del reciente llamado a regresar a las bases, anunciado por el Ministro de Defensa.

A pesar de las sanciones ya impuestas por Estados Unidos, Vladimir Putin aprovechó su discurso a la nación en el Parlamento el miércoles pasado, para advertirle a Occidente en tono desafiante, “que no pasen la línea roja con Rusia”. Los aliados de la OTAN llevan semanas denunciando las intimidaciones dirigidas hacia Ucrania, la represión de los opositores, (ese mismo miércoles ocurrió con la gente que se atrevió a reclamar frente el Kremlin por la liberación de Alexéi Navalni) a quien no le permiten que lo trate su médico y ha perdido 16 kilos desde que lo metieron en la cárcel y 9 a partir de la huelga de hambre.

Pero además de las diferencias con los rusos antes mencionadas, hay otros elementos que causan tensión en las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Alemania, directamente relacionados con Moscú: el gasoducto Nord Stream 2. Una obra que anunciada en el 2015, ya está construida en un 92% y que va por debajo del Mar Báltico directamente hasta Alemania, cuyo principal dueño y operador es Gasprom, la empresa energética rusa. Su cometido es el transporte de 55 mil millones de metros cúbicos por año de gas, desde las entrañas rusas hacia Europa y el gobierno de Merkel lo ha considerado de gran interés comercial para el país. Una visión que no coincide con la de la Casa Blanca ni con la de otros miembros de la UE, al entender que devendrá en un arma estratégica en manos del Presidente ruso, que le facilitará una mayor posición de fuerza.

A no ser que el gobierno alemán pudiera utilizarlo como moneda de cambio para extraer ciertas concesiones de parte de Moscú, como por ejemplo, la promesa de no más hackeo cibernético e injerencia en campañas políticas, caso las norteamericanas; la desinformación, los asesinatos en suelo extranjero, la liberación de Navalny y resolver los conflictos con Georgia y Ucrania. Inclusive la promesa de elecciones libres, de acuerdo a las determinaciones de la Organización para la Cooperación y la Seguridad en Europa. Si bien a la hostigada Ucrania parece no quedarle mucho tiempo, dada la indisimulada ambición del mandamás del Kremlin. En la actualidad, Rusia provee el 40% de las importaciones de gas europeas y firmas norteamericanas compran billones (estilo anglosajón) de barriles de petróleo ruso. Si bien hay que decir que en los últimos tiempos, los europeos se han vuelto menos dependientes del gas de Rusia tras haber liberado, diversificado e integrado su mercado de energía. Pero esto no quita los temores de que el Nord Stream 2 fortalezca al gobierno de Putin.

En Munich, en el discurso frente a la Conferencia de Seguridad en febrero pasado, el Presidente Joe Biden prometió fortalecer la alianza transatlántica y no seguir adelante con el plan de su antecesor, Donald Trump, de retirar las tropas norteamericanas basadas en Alemania, aunque obvió un punto de roce entre ambas naciones, el Nord Stream 2.

Rusia sale beneficiada con el gasoducto que la conecta con Europa, mientras Alemania se acerca a la fecha de cierre de las plantas nucleares de energía, impuesta por ellos mismos.

Por otro lado, la Administración Biden no ha ocultado su oposición al proyecto. El 18 de marzo, el secretario de Estado Antony Blinken se refirió negativamente al gasoducto y afirmó que cualquier entidad envuelta en el Nord Stream 2 se arriesgaba a sanciones de Estados Unidos, debiendo abandonar inmediatamente los trabajos en dicho gasoducto. Una advertencia reiterada en una reunión con contrapartes de Alemania en el encuentro de la OTAN. Esto no obsta que Biden debe andar con cuidado a causa de las críticas hacia las políticas de castigos extraterritoriales en la UE, aun cuando puede gestarse un nuevo escenario en Capitol Hill, de crearse una coalición bipartidista en el Congreso que le permitiría seguir adelante con las sanciones.

Por otra parte, en Alemania la coalición de gobierno que surja en las elecciones de setiembre pueden reducir el compromiso con el Nord Stream 2, dado que los sondeos de opinión muestran que entrarían partidos que proponen en un caso, una moratoria a la construcción del gasoducto y otros que están en una posición más tajante aún, detener completamente el “pipeline” subacuático por razones ecológicas y políticas. Sin duda, Rusia sale beneficiada con el gasoducto, mientras Alemania se acerca a la fecha de cierre de las plantas nucleares de energía impuesta por ellos mismos, pero debería conseguir que los rusos den respuesta a las demandas de la UE y los Estados Unidos, si les interesa concretar el negocio.

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