Editorial

El teatro de Mujica

Cuando estalló el escándalo de Pluna, el entonces presidente Mujica se lavó las manos y dejó que fueran al frente su ministro de Economía, Fernando Lorenzo y el Presidente del Banco República, Fernando Calloia, con el resultado conocido: ambos fueron procesados.

Si dijo algo en aquel momento, fue solo para minimizar las denuncias de la oposición frente a un remate trucho, que costó al país (solo por ese tema) una suma aproximada a los 138 millones de dólares. "Es un problema que no existe para la inmensa mayoría de la gente", dijo en su audición radial; "es probable que menos del 1% de la gente de este país viaje con cierta regularidad en aviones". Se dio por satisfecho. Ni una palabra sobre quién debía pagar esa pérdida (o ese invento) que, obviamente, no era él sino todos los ciudadanos, viajaran o no en avión.

Ahora que el tema del formidable agujero negro de Ancap está en el tapete, adopta una actitud similar. Los 500 o 600 millones de dólares de pérdidas de Ancap, más su endeudamiento (el 80% en dólares) de 2.173 millones en billetes verdes, es "teatro", "en Uruguay ya empezó la campaña electoral"; la oposición busca "sembrar sospecha" y "desatar el descrédito" de eventuales candidatos electorales ¡para el 2019!

¿En serio piensa eso o lo dijo para cumplir con la "barra" o disfrazar sus culpas? La oposición o los mismos integrantes de su partido, ¿deben callarse ante ese escenario de terror en el más importante complejo industrial del Estado o su obligación es denunciarlo?

Porque el dinero que se utiliza y se pierde no es de Ancap y los que pagan por ese manejo irresponsable tampoco es Ancap. Ancap es un ente público y sus propietarios no son ni Mujica, ni Martínez ni Sendic: son todos los uruguayos. Entonces, existe el derecho a saber qué pasa y qué se hace con lo que se aporta. Para tener una idea de la deuda de Ancap —la mayoría de la cual está a un año de su vencimiento— basta recordar que en el 2002, Uruguay comenzó a salir de la crisis gracias a un préstamo puente que impulsó el Presidente de los Estados Unidos, George Bush por 1.500 millones de dólares, o sea, 700 millones de dólares menos de los que hoy debe Ancap.

Para que Mujica tenga una idea de este "teatro", nada mejor que utilizar algunas afirmaciones que su ex ministro de Economía (que manejaba uno de los dos equipos económicos que funcionaban en su administración), Fernando Lorenzo hizo en la Investigadora Parlamentaria:

—La planta desulfurizadora (la de la fiestita por US$ 360 mil y que contó con la presencia de la presidente argentina) se programó por US$ 200 millones y costó el doble. Si el costo está mal calculado, la tasa de rentabilidad que justificó la decisión está en entredicho.

—Ninguna empresa genera pérdidas por invertir, salvo cuando los niveles de rentabilidad de los proyectos son insuficientes, por un cambio de coyuntura (que no se previó) o, directamente porque las estimaciones son incorrectas.

—La peor estrategia de endeudamiento, la que absorbe o genera más riesgos, es la que se hace en dólares cuando la estructura de ingresos no está "calzada" (Ancap cobra en pesos).

—"Nunca tuvimos" información sobre las inversiones de las empresas vinculadas (satélites) con Ancap, porque no requieren aprobación del Ejecutivo.

Y, finalmente, la frutilla de la torta: "No me siento reflejado en lo absoluto por ningún instrumento y resultantes de la política de financiamiento aprobados por Ancap". Y, entonces, si el ministro de Economía se desmarca de manera tan categórica sobre el manejo de Ancap, ¿quién en el Poder Ejecutivo que presidía Mujica tomaba o aprobaba las decisiones "estratégicas" del Ente?

No se trata de limpiar de responsabilidades al ex ministro Lorenzo. Está bien que no lo consultaban en muchas de las decisiones de Ancap, pero estaba informado, sabía lo que pasaba. Lo mismo que el entonces vicepresidente Astori. Y, en ese momento, se callaron la boca en una suerte de silencio positivo. Mucho se pudo haber evitado si algunas de las denuncias que hoy estudia la Investigadora hubieran salido a luz en su momento y no ahora, cuando ya han llevado a Ancap al borde del abismo.

Pero también es cierto —y esa es la sensación que quedó— que aportaron un poco de cordura en medio del caos de improvisación y talenteo que generaba Mujica, porque es Mujica y no otro el gran responsable de todo lo que pasó en los últimos cinco años. No solo en Pluna o Ancap.

El teatro (y la tragedia) es propiedad exclusiva de Mujica.

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