EDITORIAL

Como te digo una cosa

En épocas de descrédito ciudadano, con una preferencia por el FA que no llega ni siquiera al tercio de la población en condiciones de votar, el partido de gobierno echa mano a lo que venga con tal de mejorar sus guarismos.

Hay contradicciones del oficialismo que, si no evidenciaran una realidad tan dramática, podrían ganar un premio al humor político.

En el mismo momento en que el Frente Amplio ha diseminado por toda la ciudad una gran cantidad de carteles publicitarios que dicen “Yo voy por más crecimiento económico”, el Ministro de Economía de su propio gobierno, quien además ha sido el conductor de dicha área en los últimos quince años, acaba de asumir públicamente que “la economía uruguaya no crece y es una realidad que no podemos ocultar”. Lo dijo en el marco de un desayuno organizado por Somos Uruguay, según dio cuenta la periodista Pía Mesa en nuestra edición de ayer.

Alguien en el comando de comunicación del Frente Amplio tendría que prestar atención a estas contradicciones, a menos que sean propiciadas a propósito.

La frase célebre, la cita citable de “como te digo una cosa, te digo la otra”, grabada a fuego por el ex presidente Mujica para autoparodiar socarronamente el cúmulo de incoherencias de su discurso, ahora es asumida por su adversario interno de antaño, el racional líder de un ala moderada que luce devaluada y plena de sincericidios resignados.

La máquina demagógica no se detiene, porque al mismo tiempo en que el ministro reconoce públicamente su fracaso, Presidencia de la República difunde su spot sobre el índice Gini, ese en el que unos cocineros de gorro blanco que simbolizan al gobierno, confeccionan una torta que cortan en pedazos iguales para regalarla a sonrientes uruguayos que metaforizan la diversidad (aunque como bien comentó el humorista Darwin Desbocatti, el mensaje discrimina impunemente a los celíacos…).

Alegrarse de una buena performance en el índice Gini es algo así como celebrar que todos somos similarmente pobres y que los ricos se cuentan con los dedos, una virtud que Uruguay comparte con varios países africanos, dueños de índices Gini aún mejores que los nuestros.

Pero qué importa. En épocas de descrédito ciudadano, con una preferencia por el Frente Amplio que no llega ni siquiera al tercio de la población en condiciones de votar, el partido de gobierno echa mano a lo que venga con tal de mejorar sus guarismos. Y sus precandidatos repiten a coro ese argumento del reparto repostero o cualquier otro, para intentar tapar con un dedo una realidad deteriorada que salta a la vista de todos.

No fue la única de Astori. En las últimas semanas se despachó con su habitual autocomplacencia contra propuestas serias y fundamentadas para bajar el gasto público de los precandidatos Lacalle Pou y Talvi. Las comparó con la promesa de Juan Sartori de generar 100.000 puestos de trabajo. Pero hete aquí que nuestro colega El Observador desenterró anteayer un spot publicitario de hace diez años en que, en ocasión de la interna frenteamplista, el entonces precandidato Astori prometía la creación de nada menos que 200.000 empleos. ¡El doble de los que ofrece el “outsider” de la incombustible sonrisa! El matutino agrega que los efectivamente generados por ese gobierno del Frente Amplio no pasaron de los 62.000 (que son más o menos los mismos que se vienen perdiendo desde 2014 hasta la fecha). Como te digo una cosa…

Lo mismo puede decirse del insólito pedido del presidente del Codicen, Wilson Netto, para que no se difunda el último informe del Instituto Nacional de Evaluación Educativa, alegando que sus resultados pueden ser utilizados en el debate político de este año electoral. ¡Genial! ¿Sobre qué preferiría que se discutiera ahora, este iluminado jerarca? ¿Sobre la reproducción del cangrejo? ¿O quiere sustituir este insumo informativo oficial, técnicamente desarrollado, por alguna novelita subjetiva, manipulada a conveniencia del gobierno para ocultar su ineptitud de gestión?

Ya ni siquiera se toman el trabajo de crear una “posverdad”, sino que optan lisa y llanamente por ocultar la información y fabricar ilusiones, cañitas voladoras que explotan a todo color pero se apagan al minuto.

Ayer fueron los campeones de la demagogia; hoy posan de pragmáticos, pero manipulan los datos de la realidad según su conveniencia.

Cómo se extraña la franqueza y rectitud de Jorge Batlle, cuando enfrentó aquellas graves crisis de la aftosa y de los bancos. Nunca ocultó información a la ciudadanía y enfrentó la adversidad con valentía y determinación. Sin propaganda mentirosa e iniciando ya desde 2003 un período de crecimiento que el Frente Amplio solo se limitó a continuar.

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