EDITORIAL

No solo el tabaco es peligroso

Mientras el gobierno impulsa aun nuevas medidas en contra del tabaco (ahora salen las cajas planas con el color más feo de la escala) hay otros números que dan para preocuparse y el gobierno ha hecho al respecto todo lo contrario que con el tabaco.

Todavía es temprano para cantar victoria. Poder calibrar a ciencia cierta si las políticas antitabaco han tenido suficiente incidencia para revertir lo que pasa con el cáncer, lleva tiempo. Según explicaba el subdirector del Instituto Nacional del Cáncer (INCA) Mauricio Cuello, en la entrevista en este diario del domingo pasado, recién empiezan a verse los resultados a los 15 años ininterrumpidos de su aplicación.

De todas maneras, es notorio que la prédica contra el cigarrillo a través de la información médica y las divulgaciones científicas internacionales y nacionales fueron abriéndole los ojos a la gente. La cual alegremente y con gran ignorancia caía en la adictiva costumbre sin tener conciencia de sus peligros, estimulada por la batería de avisos y publicidad explícita o encubierta desparramada sobre la sociedad. Basta recordar la época de gloria de Hollywood o el cine del realismo italiano y las actrices y actores siempre con un cigarrillo en la mano. Cuanto más sugestivas las primeras, mejor y cuanto más recios los caballeros, ídem.

En la actualidad, la propaganda indirecta continúa en series y películas, acorraladas como están las tabacaleras en su marketing. Pero ya no es lo mismo. Las señales de alerta respecto del hábito de fumar han calado en las personas. Durante el gobierno de Jorge Batlle, Uruguay adhirió al Convenio Marco de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la ley del primer gobierno de Vázquez prohibiendo fumar en lugares públicos hizo lo suyo.

Fue un instrumento decisivo para desalentar el hábito, así como también la suba del precio vía impuestos. De acuerdo a los últimos datos, en Uruguay los fumadores han descendido a un mínimo histórico; 19,4% entre los mayores de 15 años a diciembre 2018. Si bien hay reparos sobre estos porcentajes puesto que también existe el contrabando. El alza del costo lleva a que las ventas ilegales se potencien y puede que resulte aun más disuasorio que las horripilantes fotos de las cajillas. Como medir el contrabando no es nada fácil, los datos al respecto varían considerablemente. Las estimaciones van del 12% hasta el 20% y aún el 30%. Situación que relativiza las cifras oficiales del descenso y estarían más en consonancia con las que ubican a Uruguay con 21 puntos por encima de la media latinoamericana, en cáncer de pulmón vinculado en un 85% al cigarrillo.

Más allá de que no sería raro que ese indeseado primer lugar que ocupa el Uruguay pueda deberse en buena medida a un sub registro en varios de los países del continente, empezando por Brasil, lo cierto es que lo nuestro se encuentra inmerso en un gran contrasentido. Porque mientras el gobierno impulsa hasta nuevas medidas en contra del tabaco (ahora salen las cajas planas con el color más feo de la escala) hay otros números que dan para preocuparse y los gobiernos del FA, al respecto han hecho todo lo contrario que con el tabaco.

Hablamos de la marihuana. Se liberalizó su uso recreativo a partir de la ley de Regulación y Control del Cannabis de diciembre del 2013, pero de acuerdo a información científica, fumarla de manera regular acarrea los mismos o peores problemas que el tabaco. Cualquiera sea el contenido de THC (tetrahidro- cannabinol), el monto de alquitrán inhalado y el nivel de monóxido de carbono absorbido por los fumadores es entre 3 y 5 veces mayor que tras un cigarro de tabaco. Y ello sin mencionar otras varias consecuencias que serían largo de enumerar.

La falta de una debida campaña educativa por parte del gobierno, previa y simultáneamente a la liberalización del cannabis, trajo un resultado contraproducente; una generalizada rebaja de la percepción de riesgo en nuestra población, en especial la más joven. Prueba de esto es el estudio de especialistas del Centro Hospitalario del Pereira Rossell (CHPR) revelando que las embarazadas que dijeron fumar cannabis se ha multiplicado por siete, (El Observador) entre 2013 y 2018. Estudios internacionales han mostrado que ese consumo puede reducir el crecimiento fetal y por supuesto peor, si se suman otras drogas. El perímetro cefálico e impacto en el desarrollo del cerebro, la capacidad atencional, la memoria y el rendimiento, para el resto de la vida.

Debería el Estado enfocarse en escuelas y liceos y dejar de utilizar medios y redes para publicidad electoral disfrazada, en vez de realizar campañas educativas que alerten sobre el daño los perjuicios del cannabis y otras sustancias. Así como sobre el alcohol, lo más aceptado socialmente, que aumentó en las embarazadas un 50% entre 2013 y 2016 y produce los efectos más negativos en el desarrollo neuropsicológico de los niños.

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