EDITORIAL

Stephen Hawking y los espías

Más allá de las denuncias sobre las elecciones en EE.UU. que aún se investigan, el caso Skripal huele a operación a varias puntas. Primero: un veneno fácilmente asociable al laboratorio, primero soviético, luego ruso, aunque por su parte, ellos lo nieguen una y otra vez.

Es difícil juntarlos por lo distintos que son. Pero se trata de dos hechos de impacto internacional, ocurridos en estos días en Gran Bretaña. En primer lugar, la muerte de un científico y un ser humano genial, Stephen Hawking. Su voluntad y prodigioso intelecto le permitieron imponerse a una cruel enfermedad que lo atacó ya en su juventud, siendo capaz de vivir no hasta los 22 años que le habían pronosticado, sino hasta los actuales 76, dejando tras sí una descendencia de tres hijos y revolucionarios aportes a la ciencia moderna. Un hombre que desafió a los grandes misterios, tales como el origen del universo y la naturaleza de la gravedad.

A pesar de sus limitaciones motrices, este británico se convirtió en un físico de alcance mediático y junto a sus valiosos aportes científicos, su historia particular fue personificada en el cine con gran suceso. Además fue un conferencista requerido a pesar de sus grandes dificultades inclusive en el habla, un invitado de lujo en programas anglosajones del más alto rating que hasta fue incorporado como personaje en las series de los Simpson y The Big Bang Theory. También publicó varios libros que llegaron a ser best sellers a pesar de su ardua temática, aunque nunca faltaran de su parte frases que lo acercaban a la gente del común, como aquella "el universo no sería gran cosa, si no fuera el hogar de las personas que amas"...

Ahondó en la composición de los agujeros negros y a partir de allí nació la llamada "radiación Hawking", contradiciendo en cierta forma a su admirado Einstein y su "Teoría de la Relatividad", pues para el inglés los agujeros negros no lo son completamente, sino que cerca del horizonte de los mismos habría creación de pequeñas partículas que escapan, radiación, como si fuese un cuerpo caliente que desprende energía hasta desaparecer. Explicó el mecanismo por el que la materia no está dispersa en el universo sino formando galaxias, y se metió en el medio de lo que sostienen la mecánica cuántica y la relatividad general. Fue un firme promotor de la exploración espacial por considerar que es esencial para que los humanos puedan sobrevivir, dado que la vida en la Tierra se encuentra ante un creciente riesgo de ser eliminada por un desastre nuclear, un virus provocado por ingeniería genética y "otros peligros sobre los que todavía no hemos pensado". Sobre todo, Hawking logró comunicar la emoción que produce la ciencia, al decir de un colega, el astrofísico Didier Queloz.

Por otra parte, Gran Bretaña ha sido el escenario donde las fantasías han cobrado un espeluznante realismo. Ese género que tanto atrapa a los amantes de las películas de espionaje, aquellas en las que personajes enfundados en largas gabardinas se daban cita en brumosos parques londinenses o actuales como en Operación Red Sparrow, hoy en cartelera, que llevan bastante más violencia explícita que la intriga y el suspenso de otrora.

El envenenamiento del espía ruso Serguéi Skripal, llegado a suelo inglés en 2010 en un operativo de canje de espías (recuerden Check Point Charlie en épocas del muro de Berlín) y de su hija Yulia, por medio de un poderoso agente nervioso, ha causado sensación. Aunque en realidad no sea la primera vez que sucede y el Reino Unido se apresta a continuar las averiguaciones sobre 14 muertes sospechosas de los últimos tiempos. Se han disparado reacciones en Francia, Alemania y Estados Unidos, y ya se sabe que nadie de la realeza acudirá al Mundial en Rusia, justo cuando coincide con que la selección británica ya se clasificó. Theresa May anunció medidas económicas y expulsó a 23 diplomáticos rusos, al tiempo que estos anunciaron represalias del mismo tipo.

Más allá de las denuncias de injerencia en las elecciones en EE.UU. que aún se investigan, el caso Skripal huele a operación a varias puntas. Primero: un veneno, el Novichok, fácilmente asociable al laboratorio, primero soviético, luego ruso, aunque por su parte, ellos lo nieguen una y otra vez. Podrían haberlo matado de una manera mucho menos discernible como el accidente fortuito, la depresión que lleva al suicidio, como en varias otras ocasiones. Segundo: el lugar. Londres, la City y su mercado inmobiliario dependen mucho del dinero de los oligarcas rusos, y tras el Brexit se encuentran debilitados, así que carecen de medios potentes de represalia. Tercero: el momento. Unos días antes de las elecciones del 18 de marzo. A Putin le sirve exacerbar el espíritu nacionalista y patriótico, como anteriormente lo hizo con Crimea, y ahora si se presenta injustamente atacado por los demás países le es muy conveniente. Cuarto: una manera de advertir a los enemigos y soplones quién es el que manda.

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