EDITORIAL
diario El País

Son dictaduras plenas

El lenguaje diplomático permite ser amable aun cuando la realidad no lo sea Pero también ofrece flancos que otros usan como coartada para sostener posiciones indefendibles, como hizo en estos días el canciller saliente Rodolfo Nin Novoa.

El presidente electo Luis Lacalle Pou decidió no invitar a los gobiernos de tres países (Cuba, Venezuela y Nicaragua) por entender que no eran “democracias plenas”, para usar la expresión del futuro ministro Ernesto Talvi.

En esa expresión se apoyó Nin Novoa para descalificar la decisión del nuevo gobierno, mezclando y confundiendo conceptos en forma llamativa. Más llamativo aún es que viniendo del ala moderada del Frente Amplio, Nin Novoa terminó ubicándose en posiciones radicales, quizás para contentar a los sectores que hoy mandan en la coalición de izquierdas.

Lo cierto es que el ministro se aferró a la expresión “democracia plena” para cuestionar la exclusión de esos tres países. “En América latina no hay ninguna democracia plena, salvo Uruguay” dijo, y citó el ranking realizado por el Democracy Index de la revista The Economist. Sostuvo que en el continente hay muchas “democracias defectuosas, que le faltan elementos para considerarse como plenas”.

En un sentido estricto, Nin Novoa tiene razón. Hace muchísimos años esta medición pone a Uruguay en un lugar muy alto por su valoración de la democracia, a diferencia de buena parte de la región.

No hay posibilidad de discrepar sin ser perseguido y reprimido. Esos países tienen presos políticos arbitrariamente encarcelados, Y se vive al antojo de lo que el déspota dice. Una dictadura es una dictadura, no importa su signo ideológico.

Pero todos entendimos, y Nin también, que Talvi usó esa expresión con la prudencia propia de alguien que aún no asumió el cargo de canciller y debe cuidar el uso de ciertos términos, para respetar el espacio que todavía tiene el actual ministro en temas de política exterior. De todos modos, unos días después el presidente electo dejó en claro que no quería dictadores (y esa fue la palabra que usó) en su asunción.

Fue evidente que Talvi mencionó a esos tres países por ser dictaduras, lisa y llanamente, que violan derechos humanos a diario y van a contrapelo de todo lo que Uruguay considera valioso en la convivencia ciudadana, convivencia que explica por qué figura en el primer lugar del ranking de la prestigiosa revista británica.

Sin duda muchas de las democracias latinoamericanas funcionan con problemas, son imperfectas y defectuosas, pero eso no las convierte en dictaduras. Pese a sus enormes fisuras, ni siquiera están cerca de serlo.

No es el caso de Venezuela, Cuba y Nicaragua. En estos tres países decididamente rige una dictadura. Sus habitantes viven encerrados en esas grandes cárceles que son sus territorios. No hay libertad para desarrollarse ni tener una mínima calidad de vida. No hay posibilidad de discrepar sin ser perseguido y reprimido. Esos países tienen presos políticos arbitrariamente encarcelados, Y se vive al antojo de lo que el déspota dice. Una dictadura es una dictadura, no importa su signo ideológico.

Eso lo sabe bien Nin Novoa. Lo sabe bien todo el Frente Amplio y asombra que gente que vivió en el país, en el exilio o en la cárcel los duros doce años de dictadura en Uruguay en los años 70, no puedan darse cuenta de que estamos hablando de lo mismo. Son ellos quienes hacen la discriminación ideológica.

El ministro, para colmo, usa el argumento de la afinidad que debería tener Uruguay con esos países y en particular con Cuba, justamente la más larga y tiránica de las dictaduras del continente.

Al parecer le debemos a Cuba su generosa intervención en la “Operación Milagro” que permitió que muchísima gente de bajos recursos fuera operada de la vista en forma gratuita. Convenio que en principio incluía una parte gratuita de Cuba, pero también una participación importante en costos, del Estado uruguayo. De todos modos la supuesta gratuidad y generosidad de Cuba quedó en entredicho cuando a comienzos de 2015 el Parlamento condonó una enorme deuda que tenía el estado cubano con Uruguay. En ese momento era de 31,5 millones de dólares más intereses, lo cual hacía que la cifra fuera aún más alta. En otras palabras, con la condonación de la deuda las operaciones gratuitas de los oftalmólogos cubanos, no lo fueron tanto. Tuvieron su costo que no los pagó el paciente (y eso está bien, dado el fuerte contenido social del proyecto), pero sí los uruguayos con sus impuestos. La reacción del ministro al final desnuda cual fue el verdadero objetivo del operativo cubano: hacernos callar. Es decir, ante tanta generosidad no correspondía que los gobiernos uruguayos dijeran la verdad: que Cuba, Venezuela y Nicaragua son dictaduras plenas.

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