EDITORIAL

Síntomas para una necesaria alternancia

Bastante llamativo fue el modus operandi de Daniel Martínez para elegir su vice. Dio tantas vueltas que confundió a todo el Frente. Largó nombres y descartó otros en forma pública lo que provocó fastidio en muchos dirigentes.

No es obligatorio definir quien será el compañero de fórmula de cada candidato la noche misma de las elecciones internas. Eso depende de cada partido y cada candidato.

Tampoco la decisión de quien es ese compañero de fórmula necesariamente sea un elemento clave para determinar el triunfo final de uno u otro candidato. Tabaré Vázquez ganó en 2014 con un opaco Raúl Sendic a su lado.

Pero el proceso por el cual se define ese cargo, sí muestra el estilo del candidato presidencial, su manera de encarar sus responsabilidades y sus condiciones para eventualmente ejercer el cargo.

Mucho de esto hemos visto en los días siguientes a las elecciones internas.

Uno de los candidatos, Luis Lacalle Pou, presentó a su compañera la misma noche de la elección. Fundamentó además, porqué lo hizo y dejó claro que contaba con el apoyo de sus hasta entonces adversarios.

El otro de los candidatos, Ernesto Talvi, se tomó su tiempo, lo cual generó algo de inquietud, pero no actuó con torpeza y salió al final con un nombre consensuado y de innegable prestigio.

Más llamativo ha sido el modus operandi de Daniel Martínez. Dio tantas vueltas que confundió a todo el Frente. Largó nombres y descartó otros en forma pública. Hizo su peregrinación a la chacra de José Mujica, habló con el presidente Vázquez, recorrió las casas de diferentes líderes frentistas; líderes de primera línea, de segunda línea y de tercera.

Con tantas vueltas provocó fastidio en muchos dirigentes y no faltó quien saliera a cuestionarlo por el manoseo de nombres que implicó su peculiar método.

Todo para terminar designando a una edil retirada que poca gente conoce.

Una foto sintetiza el patetismo de su modalidad de trabajo: aparece protegido con su bufanda, el infaltable mate y el termo bajo el brazo, tocando el timbre de una puerta. Por lo despintado de esa puerta, se nota que es la casa de Carolina Cosse. Pero lo desconcertante de la foto no es saber quien es el dueño de casa, sino esa debilitante imagen del que pretende ser el presidente de la República, tocando los timbres de cuanta casa se le cruzó por el camino, sin encontrar la persona ideal para el cargo.

Tal vez haya quedado atrapado por el compromiso frentista de que la fórmula debía tener a una mujer. “Ese asunto de la mujer”, dijo un despectivo Mujica. Completar una “fórmula paritaria” decían los que saben, lo cual llevó a la gente a buscar qué significado tenía esa palabra vinculada a que hubiera un hombre y una mujer en el tandem. Paritarias hasta ahora era donde se discutían los ajustes salariales. ¿Están ellas integradas con igual número de mujeres y de hombres?

De todos modos, la presunta obligación no significó que el candidato viera reducidas sus opciones; el Frente Amplio tiene numerosas mujeres en ambas cámaras y otras que ejercieron cargos de dirección en organismos públicos y ministerios. ¿Ninguna de ellas le sirvió a Martínez?

Lacalle Pou, pensando en un posible triunfo, decidió que necesitaba a alguien con experiencia parlamentaria. También necesitaba a alguien que desde la presidencia del Senado y de la Asamblea General (funciones que cubre el vicepresidente) tuviera capacidad de articular acuerdos con diferentes partidos y de saber componer cuando la búsqueda de esos acuerdos generara un conflicto. Además quería que fuera una mujer. O bien tuvo suerte o bien supo prestar atención a lo que su partido le ofrecía (tal vez le pasaron ambas cosas), pero lo cierto es que encontró en una sola persona, la suma de lo que buscaba.

¿Era tan difícil para Martínez encontrar algo similar en el Frente Amplio? Sin duda hay mucha gente con un perfil parecido al de Beatriz Argimón en ese sector político. Sin embargo, la complejidad de la lógica frentista le obligó a descartar a buena parte de esas personas.

El camino recorrido por Martínez, y su desenlace, lo mostraron débil, titubeante, poco apto para cumplir el cargo al que aspira. ¿Qué pensará su compañera de fórmula, al saber que se la elige por descarte, al ser la última tras ir tachando nombres de una larga lista?

El proceso también mostró la realidad interna de un Frente Amplio gastado, agotado, tenso en sus disputas internas, con reflejos anestesiados.

Esa realidad, tan gráficamente expresada en estos días, refuerza la idea de que a este país le llegó la hora de una saludable alternancia de partidos en el gobierno. Será positivo para su salud democrática y para retomar el camino de un impostergable impulso hacia un desarrollo que garantice mejor calidad de vida a sus habitantes.

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