Editorial

Síntomas de fin de ciclo

Las soluciones a nuestros problemas deben venir necesariamente de otro lado, no de quienes yendo de mal en peor piensan que el fin justifica los medios para no perder sus pingües privilegios.

Cuando todavía queda lejos marzo de 2020 en que el actual gobierno finalizará su período constitucional, los síntomas de agotamiento, falta de planes y los malos resultados de la gestión afloran por todos lados.

La macroeconomía fue manejada de forma imprudente, la educación y la salud arrojan malos resultados, volvieron los apagones por la falta de inversiones en UTE, la inseguridad se ha disparado y desde el 22 de mayo no tenemos noticias del presidente que ha mantenido un profundo y prolongado silencio.

Los últimos números de la economía muestran un sendero sinuoso por el que nos vamos deslizando hacia un terreno peligroso. El último dato de déficit fiscal a mayo, que reiteró el 4% de abril, cuando la explicación del gobierno por ese dato había sido que se debía a circunstancias de coyuntura que no se repetirían, marca una realidad fiscal tremendamente preocupante. Si a eso le sumamos una rendición de cuentas en que se aumenta el gasto a cuenta de futuro ingresos inciertos, no se puede descartar que el déficit seguirá creciendo y no disminuyendo como, cándidamente, plantea el equipo económico.

El último dato de incremento de la deuda pública, resultado del déficit fiscal acumulado, también es alarmante. El dato del primer trimestre fue de 66,9% del PIB, insólitamente alto luego de más de una década de crecimiento económico. Por su parte, el último dato de inflación confirma que el Banco Central, nuevamente, no cumplirá con sus propias metas de inflación, alcanzan- do la anualizada a julio el 8,41% y en aumento.

Es evidente que la gestión de Astori y su equipo económico no solo no fue garantía de estabilidad económica sino que, al final, cuando ya esté en retirada le dejará una pesadísima herencia al próximo gobierno. Casi que podría decirse que, en un acto de irresponsabilidad mayúscula para con el país, le dejarán activada una bomba que deberá desactivar en condiciones mucho peores de las que disfrutó el actual gobierno.

Pero no solo es en el área económica que los gobiernos del Frente Amplio muestran que están entregados y no están pensando ya no en el largo plazo, ni siquiera en el mediano sino en el cortísimo. Renunciaron a la reforma de la educación, renunciaron a mejorar el sistema de salud amparando un funcionamiento plagado de falta de controles donde pululan los actos de corrupción; la inserción internacional del país se encuentra estancada sin avances hace más de una década, entre muchos otros temas que demuestran la más completa desidia.

Por si fuera poco, en las últimas semanas han vuelto los apagones sistemáticos, como no se veían desde hace 30 años. La pésima gestión de UTE y la falta de inversiones para transferir recursos a rentas generales es la explicación evidente del descalabro que sufre la empresa y que ahora es evidente al quedar a la vista de todos en cada corte.

Mientras tanto, el presidente de la República ha decidido recluirse, y desde su curiosa visita a San Luis el 21 de mayo (donde justamente veranea) para reunirse con unos pocos vecinos para hablar de seguridad, se ha llamado a silencio. Quizá sea que todas las noticias son malas y no tienen nada positivo para anunciar. Quizá sea que salvo cambiar el envoltorio de los cigarrillos no haya tomado una sola medida en los últimos meses. Quizá simplemente sabe que su gobierno está agotado y no quiere pasar vergüenza públicamente explicando por qué crece la inseguridad, hay cortes de luz y la inflación y el desempleo van en aumento.

Lo cierto es que todo apunta en el mismo sentido: hay clima de fin de ciclo. El Frente Amplio ya no está en condiciones de dar respuesta a los problemas de los uruguayos y simplemente procura aferrarse al poder con proyectos disparatados como apurar el voto desde el exterior contra la Constitución y contra el pronunciamiento explícito de un plebiscito. Las soluciones a nuestros problemas deben venir necesariamente de otro lado, no de quienes yendo de mal en peor piensan que el fin justifica los medios para no perder sus pingües privilegios. La pelota está en la cancha de la oposición que tiene la obligación histórica de estar a la altura de las circunstancias para salvar al país del derrotero en que viene en los últimos años. Si prima el patriotismo y se privilegia el bien común, hay razones para ser optimistas y pensar que la debacle en que venimos tiene sus días contados y veremos renacer la República, la prosperidad y el clima de convivencia que nunca debimos haber perdido.

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