EDITORIAL

¿En serio es precandidato?

El descalabro de Ancap en la gestión de Sendic no salió de un repollo: en varias oportunidades el exvicepresidente fue muy claro en señalar que él aplicó el plan de desarrollo del ente que planteó su predecesor Daniel Martínez.

En el tablero de ajedrez que es el Frente Amplio aún resta saber qué decisión electoral tomará el expresidente Mujica, pieza clave de todo el engranaje de la izquierda. Sin embargo, a la vez que todo parece trancado por esa demorada definición, la precandidatura del actual intendente de Montevideo viene sonando cada vez más fuerte.

Que esa pueda ser considerada una opción real y seria para disputar la candidatura presidencial de la izquierda, no deja de asombrar por varios motivos. En primer lugar, es evidente que el descalabro de Ancap en la gestión de Sendic no salió de un repollo: en varias oportunidades y con total claridad, el ex vicepresidente fue muy claro en señalar que él aplicó el plan de desarrollo del ente que planteó en su momento su predecesor Daniel Martínez.

Algún defensor de Martínez podrá decir que lo que falló fue la gestión y no tanto la idea previa. Pero, en realidad, el enorme problema de Ancap fue justamente el legado que dejó Martínez como mapa de ruta: un ente desarrollando actividades por fuera de sus cometidos específicos —producir perfumes, por ejemplo—; un ente ineficiente en sus costos de producción e incapaz de abrirse a una leal competencia internacional fijada por la libre importación de combustibles; un ente, en definitiva, al servicio de sus funcionarios y jamás al servicio del país productivo.

En segundo lugar y mucho más grave, es evidente que la gestión del intendente de Montevideo es absolutamente insuficiente. Montevideo da pena. Es una ciudad grafiteada por todas partes que transmite una enorme sensación de dejadez y desgano; que sigue sufriendo el problema de la mugre por doquier, luego de más de 1.000 días de gestión de Martínez; que no logra mejorar su sistema de transporte colectivo, cada vez más caro y que lleva a la gente como sardina en lata en las horas pico; que sigue sin reaccionar a las mayores dificultades del tránsito como consecuencia del aumento sostenido y previsible del parque automotor; que no alcanza siquiera a pintar líneas blancas para distinguir claramente diferentes carriles en grandes avenidas o en calles muy recorridas; y que tiene en estado realmente deplorable sus veredas: es imposible caminar una cuadra sin encontrar baldosas rotas, flojas, o sencillamente pozos con tierra. Además, no hay semana que no enfrente problemas graves con el gremio de funcionarios de la intendencia: si no es la basura es la necrópolis, por ejemplo.

Frente a esta realidad evidente para todos, a inicios de cada año el intendente Martínez promete que, este sí, será el año de las grandes obras para la capital. Entre tanto, sigue sin pasar nada sustancial y Montevideo pierde pie regional frente a las otras grandes ciudades del Cono Sur, más modernas, más ordenadas, más limpias y más dinámicas.

Asombra pues que Daniel Martínez pueda ser considerado un precandidato del Frente Amplio en base a sus antecedentes en Ancap o por causa de su gestión actual. Pero además, periódicamente se despacha con un argumento de ciencia ficción, que dice que él está haciendo en verdad un sacrificio actuando en la vida política, porque económicamente le redituaría más dedicarse a ser empresario. Y es ciencia ficción porque, francamente, en este Uruguay de hoy son muy pocos los empresarios que entre salario y gastos de representación pueden estar percibiendo alrededor de 10.000 dólares por mes como recibe el intendente de Montevideo.

Los promotores de la candidatura de Martínez seguramente señalen que en las encuestas le va bien, que es mejor que los intendentes anteriores del Frente Amplio y que se trata de la renovación de la izquierda. Y es verdad que no se conforma quien no quiere: se sabe que las encuestas tienen valor relativo sobre todo después de los fiascos de 2014, que es muy difícil salir mal parado de una comparación con las pésimas intendencias de Olivera o Ehrlich, y que es claro que en cualquier lugar del mundo nadie mayor de 60 años puede ser considerado renovación de nada.

Alguien podrá decir que de la colcha de retazos izquierdista se puede esperar cualquier cosa electoramente, porque, por ejemplo, sus militantes votaron ampliamente a Sendic en 2014 para que acompañara a Vázquez: a nadie se le movió su seregnista bigote, siendo que era evidente que el eslogan de campaña de Sendic era calcado del de Ancap. Con ese antecedente, es claro que para 2019 podrían acompañar encantados a Martínez, convencidos de que es un gran candidato. Quien así razone, infelizmente, seguramente tenga razón.

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