EDITORIAL
diario El País

Sentido común y responsabilidad

Los programas de televisión donde opinan entrevistados y panelistas y más que nada las redes, discuten en estos días sobre si las medidas de cuarentena voluntaria son suficientes o no.

La discusión se origina a partir del pedido del Sindicato Médico del Uruguay (SMU) de que la cuarentena sea obligatoria y porque esa medida ya se adoptó en Argentina. En realidad, la diferencia es de matiz y está en la posibilidad que tiene o no un Estado para imponerla por la fuerza de ser necesario.

Hay países en el mundo que optaron por la medida aplicada hasta el momento en Uruguay y otros que impusieron la cuarentena obligatoria y todos, sin excepción, sabiendo que las medidas que hoy sirven, mañana pueden ser cambiadas.

El problema es que la cuarentena voluntaria no se acata en un cien por ciento. Muchas empresas cerraron transitoriamente para evitar la trasmisión rápida del virus, no para que la gente se lo tome como vacaciones.

Se apela al sentido común y a la responsabilidad. Se facilitan las cosas para que le gente se recluya, pero se espera que el resto lo haga cada uno. Somos gente grande, sabemos lo que hacemos, entendemos lo que pasa y por lo tanto corresponde que actuemos con cuidado.

Parece absurdo que haya quien no lo entienda, cuando el gobierno hace un genuino esfuerzo para informar a diario lo que está pasando a través de su vocero, de sus ministros o del propio presidente de la República.

El gobierno está haciendo las cosas bien y está tomando las medidas que corresponde para cada momento: son además las que está preparado para hacer cumplir. Consulta, discute, decide y comunica.

Muchos reaccionaron airados ante lo dicho por el ministro de Salud Pública, Daniel Salinas, al explicar que “veinte minutos de salir a caminar sin estar aglomerado, de forma personal, no le va a hacer mal a la persona y no le va a hacer mal a su sistema inmune”. Alegan que el ministro alentó a que la gente saliera a la calle en masa (cosa que nunca dijo) y por su culpa hay multitudes caminando despreocupadamente por la rambla o en la feria de Tristán Narvaja. Y las seguirá habiendo aunque la cuarentena sea obligatoria. ¿O habrá que sacar las tropas a la calle para imponerla?

En muchos barrios de Montevideo, que no están frente a la rambla, hay gente que sale a caminar y solo por un ratito, pero no hay aglomeración, ni multitud, ni grupos chicos. En esos barrios la gente quedó puertas adentro y casi no hay movimiento. La única salida en toda la semana es para el abastecimiento en el supermercado y se suele ir en días y horas de menor concurrencia. Lo demás se pide por el tan mentado “delivery”.

A los que caminan por la rambla sin cuidarse de la separación que debe haber con los demás, lo que haya dicho el ministro los tiene sin cuidado. Es como cuando en una consulta el médico le da severas indicaciones al paciente pero le hace una concesión: en ciertas ocasiones muy especiales, una copita de vino no le hará mal. Cuando el paciente llega a su casa, se sirve dos medidas de whisky y le dice a la familia: “el médico me dijo que podía tomar alcohol”.

En otras palabras, parece que un ministro no debería hablar desde el sentido común; tendría que reprendernos como a niños.

El gobierno está haciendo las cosas bien y está tomando las medidas que corresponde para cada momento: son además las que está preparado para hacer cumplir. Consulta, discute, decide y comunica. Día a día. Todos sabemos que esas medidas pueden cambiar, tomar un rumbo u otro según como avance la pandemia. Pero la población tiene que hacer su parte. Si se establece una cuarentena voluntaria, quien debe cumplirla es cada uno. Días pasados al explicar el operativo de disuasión hecho por la Policía, los noticieros mostraron la imagen de un oficial y varios agentes que le piden a un decena de jóvenes que se dispersen. Estaban reunidos en una plaza y el concepto de estar a más de un metro de distancia entre ellos les era absolutamente desconocido. ¿Es que realmente no saben lo que está pasando? ¿No saben el peligro que corren? Y peor aún, ¿no saben el peligro que transfieren a terceros?

Quizás el ministro hubiera hecho bien en no decir nada. No porque haya dicho algo fuera de lugar, al contrario, sino porque cada uno está pronto para interpretar sus palabras como mejor convenga. Ya sea para entenderlo como luz verde para salir y sumarse a las multitudes que caminan por la rambla, ya sea para desde el cumplimiento de la cuarentena distorsionar lo que quiso decir y hacerle pagar un peaje que no corresponde. Es bueno saber que en muchos barrios el movimiento se redujo en forma sensible y la gente se queda en sus casas; pero preocupa ver que en otros lados un asunto tan serio es tomado tan a la ligera.

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