EDITORIAL

Sendic y Talvi

Ninguno de estos politólogos compañeros de ruta frenteamplistas que hoy siembran dudas sobre la capacidad de gobierno de la oposición, ninguno, dijo absolutamente nada sobre los disparates y las corruptelas de Sendic.

Cuanto más cerca estén las elecciones y más claro sea que el Frente Amplio peligra perder el poder, más esfuerzo harán los politólogos, analistas y demás líderes de opinión de corazón frenteamplista y de pretensión objetiva, para instalar la siguiente duda: ¿están los partidos de oposición a la altura de las exigencias para ejercer el gobierno?

Se trata del último manotazo de ahogado que intentarán dar los compañeros de ruta frenteamplistas con tal de evitar que su fuerza política sea derrotada: sembrar dudas y sospechas sobre la posibilidad de que blancos, colorados, independientes y seguidores de Novick sean capaces, por ejemplo, de reformar la educación o de mejorar la seguridad ciudadana. O, para decirlo en la jeringonza de ellos, dudar de la “madurez política suficiente” de los elencos partidarios opositores para “pasar de la competencia a la cooperación”.

Esos analistas y politólogos enteramente partidistas son los mismos que, por años, nunca sospecharon de la incapacidad de gobierno y corrupción de, por ejemplo, Raúl Sendic. Parece gracioso si no fuera patético: aquellos que nada dijeron sobre la evidente campaña electoral del sector de Sendic en la interna frenteamplista de 2014 sustentada en el mismo slogan publicitario que antes había utilizado Ancap; aquellos que en 2013- 2014 nada comentaron sobre el ya por entonces evidente mal manejo de Ancap, con inversiones estrafalarias y fiestas al ritmo del bombo peronista- kirchnerista; o aquellos que son capaces de poner en duda la transparencia de la financiación de la campaña electoral del Partido Nacional pero que siguen guardando profundo y prolongado silencio sobre las contundentes denuncias de irregularidades en la financiación del sector de Sendic en 2014, son los mismos que, hoy, tienen el tupé de preguntarse si la oposición estará a la altura de las circunstancias si llega a ser gobierno en 2020.

La respuesta es evidente y no se precisa ir muy lejos para encontrarla. En estos días, Sendic ha dado detalles en distintos medios de prensa sobre las características del “Plan Atlanta” que, según él, ha sido responsable de su calvario político. No se crea que el ex -vicepresidente ha iniciado una carrera de cómico internacional y que esté probando nuevos sketchs entre el ridículo y el absurdo. De verdad, Sendic dice que hay un plan de desestabilización internacional, Atlanta, y que es comparable a la primavera árabe. De verdad, afirma que hay operaciones bien montadas, por todo el continente, de redes sociales, justicia y prensa. Y recuérdese que, de verdad, había dicho antes que era medalla de oro en genética, que su título de licenciado existía y que no se había enriquecido utilizando la tarjeta corporativa de Ancap en su beneficio.

Mientras que Sendic declaraba todas estas tonterías, Talvi lanzó su pre- candidatura a la presidencia por el Partido Colorado, con definiciones ideológicas claras, con críticas a la gestión de gobierno de la izquierda y, sobre todo, con planes concretos y gente calificada para enfrentar los verdaderos problemas nacionales. Así, por ejemplo, afirmó que hay que abrir 136 liceos modelo en todas las zonas carenciadas del país del estilo del exitoso Impulso que funciona en Montevideo. Además, Talvi ya ha dado muestras de ser plenamente consciente de la particular circunstancia electoral que atraviesa su partido y de la necesidad de formar una coalición de gobierno con los demás partidos del espectro político hoy opositor. Y, por cierto, su título existe: es Doctor en economía por la prestigiosa universidad de Chicago.

Cuando se comparan las declaraciones de Sendic con las de Talvi, ¿dónde está la incapacidad para hacerse cargo de los grandes problemas del país? ¿Quién es el que, evidentemente, no es capaz de plantear un gobierno creíble e innovador?

No es cuestión ahora de dar poca importancia a Sendic: fue el ahijado político de Mujica y contó con los respaldos presidenciales de Vázquez y de Mujica para llevar adelante su malísima gestión. Todo el Frente Amplio, con su silencio cómplice, legitimó en 2014 su campaña electoral que se beneficiaba de la campaña institucional de Ancap, “el Uruguay que queremos”. Y ninguno de estos politólogos compañeros de ruta frenteamplistas que hoy siembran dudas sobre la capacidad de gobierno de la oposición, ninguno, dijo absolutamente nada sobre los disparates y las corruptelas de Sendic.

Guarde este editorial. Cuando, desesperados por la perspectiva de la derrota frenteamplista, estos analistas vuelvan a criticar a la oposición, reléalo.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos