Editorial

Señal militar correcta

¿Alguien recuerda cuándo fue la última vez que el presidente de la República concurrió al entierro de un policía asesinado en el cumplimiento de su deber?

El trágico asesinato del soldado de 20 años de edad, Víctor Ruiz, no pasó desapercibido. En efecto, las máximas jerarquías del Ejército reaccionaron acompañando a la familia del joven durante el sepelio. Sería muy bueno que ese gesto fuera imitado en el futuro por otras autoridades del Estado, cuando infelizmente ocurran desgracias similares.

La información es conocida: padre de una niña de tan solo un año de edad, Ruiz trabajaba en la carpintería de los servicios de material y armamento del Ejército. Como tanta gente humilde y trabajadora, era bien considerado por sus vecinos. Solidario, ayudaba a su hermano en la construcción de su casa a través de una cooperativa de ayuda mutua. El domingo pasado, caminando con un amigo por el barrio de Punta de Rieles y llevando su moto de a tiro, fue sorprendido por dos personas que le exigieron que se las entregara, y a pesar de que mostró disposición para hacerlo, fue muerto de varios disparos a quemarropa por parte de los delincuentes.

Hay que dejar claro que Ruiz no fue asesinado por ser militar, sino que sufrió, como tanta gente humilde y trabajadora de nuestro país, la inseguridad que está completamente fuera de control sobre todo en los barrios populares de Montevideo. Como bien comentó el presidente del Centro Militar en esta difícil circunstancia, la extensión de la inseguridad hace que cualquiera de nosotros no sepa si vuelve a su casa cuando sale por la mañana hacia el trabajo. Más aún, la verdad es que ni siquiera la policía puede dar seguridad en sus propias instalaciones, ya que han robado la dependencia de Radio Patrulla y varias comisarías del Interior.

Es por todo esto que la gestualidad política e institucional de las autoridades del Ejército debe ser destacada. El comandante Manini Ríos, cinco generales y varios coroneles decidieron concurrir a la ceremonia del sepelio de Ruiz, porque entendieron con total razón que había que demostrar el profundo dolor que ese crimen provocó en el cuerpo del que formaba parte el soldado.

Infelizmente, este gesto tan elemental de solidaridad con la joven familia del asesinado y de respaldo moral a la gente honrada que solo aspira a vivir de su trabajo y prosperar en seguridad, no es algo que se vea entre las autoridades del gobierno cuando ocurren estas lamentables desgracias.

¿Alguien recuerda cuándo fue la última vez que el presidente de la República concurrió al entierro de un policía asesinado en el cumplimiento de su deber, en este contexto de ola de violencia delictiva más grave de los últimos 50 años? Nadie, porque no fue nunca.

Ni siquiera las autoridades del ministerio del Interior se hacen presentes en los velorios o sepelios de policías asesinados. Incluso, pasa todo lo contrario: hubo casos en los que el ministro Bonomi y el subsecretario Vázquez han sido capaces de criticar al policía muerto, mostrando una falta de respeto y de humanidad incalificables.

¡Qué diferencia con lo que ocurre en otras partes del mundo! En estos meses, el presidente de Francia brindó honores solemnes a varios policías caídos en el cumplimiento del deber, porque la República francesa prestigia a quienes se sacrifican por ella; en estas semanas, el presidente de Chile acudió al velorio de un carabinero muerto por la delincuencia de ese país, y fue uno de quienes sostuvo, camino al cementerio, el féretro de su subalterno asesinado.

Así las cosas, en este contexto nacional tan degradado, la solidaridad expresada por las autoridades militares hacia la joven familia del soldado Ruiz es una mínima señal de respeto que, seguramente, haya ayudado en algo a sobrellevar su feroz tragedia. Y también, muestra un camino que debiera de ser seguido por otros actores sociales y políticos.

En efecto, es tiempo ya de que los representantes de los partidos de oposición tomen mayor protagonismo en este sentido. Si por mezquindad institucional y humana las señales políticas del gobierno no llegan, ¿por qué no hacer sistemática la presencia de un representante político de la oposición en cada ocasión en la que infelizmente hay que enterrar a un integrante de la policía que haya sido asesinado por la infame delincuencia que asuela el país?

Si la oposición se hiciera cargo de esa mínima gestualidad institucional, no faltará el comentarista profrenteamplista que la critique por demagoga u oportunista. Sin embargo, como representantes del pueblo en esta hora tan delicada, es lo que corresponde hacer: mostrar solidaridad con las compungidas familias de nuestros sacrificados servidores públicos.

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