Editorial

Semana cargada

La mitad de la semana tuvo un día cargado de sucesos. Algunos internacionales y otros locales. Y ya sea los de fuera como los de dentro, dejarán su huella. Los primeros porque vivimos en un mundo hiperconectado, y los internos, porque nos atañen directamente.

En Argentina, en Estados Unidos y en Brasil hubieron hechos que tienen un efecto que va más allá de sus fronteras. Para empezar, el nuevo gobierno de Macri cumplió con su promesa de campaña y levantó el cepo kirchnerista que estrangulaba a los argentinos desde hacía demasiado tiempo, además de otro conjunto de medidas. Se devaluó un 45%, habrá dólar único, sube a US$ 2 millones por mes el límite de compra, quitaron trabas para exportar y varias otras novedades. La complicada operación es todo un desafío, y su buen o mal resultado está ligado al grado de confianza que despierte este nuevo gobierno que no es ni peronista ni radical. Algo que no se había dado en varias décadas.

Al mismo tiempo, en Estados Unidos se cumplió una profecía que no por esperada, es menos relevante. La Reserva Federal decidió por fin la suba de tasas que habían bajado a límites increíbles, cuando las autoridades monetarias estadounidenses decidieron privilegiar el repunte de la actividad económica. La llevaron a un piso del 0-025% siete años atrás, luego de la caída del banco Lehman Brothers. Su actual presidente, Janet Yellen, anunció que habría un aumento que llevaría el rango de la tasa a 0,25-0,5%; es la primera suba en casi una década. La última vez que la Fed elevó el costo al cual se prestan dinero los bancos, había sido en junio del 2006.

Esto supone que el ciclo de abundancia de créditos e inversiones hacia los países emergentes llegó a su culminación, y las consecuencias se sentirán en Latinoamérica, así como en Europa central y occidental, África y Medio Oriente. Sin embargo, las secuelas no serán tan graves porque el mercado ya esperaba que esto sucediera y había ido preparándose. Desde el 2014 las condiciones para otorgar préstamos a países emergentes se habían ido ajustando. Con qué rapidez el volumen de créditos se desacelerará depende, en gran medida, de los próximos indicios de la Reserva Federal, y la esperanza es que sea gradual.

Pero buena parte del ajuste se sentirá en el precio de los bonos. Y los de Brasil, justo en momentos tan cruciales de su situación política, con la posibilidad cada vez más grande del impeachment a la Presidente Rousseff, tras la baja en su calificación de riesgo, tuvieron una caída estrepitosa. Cerca del 60% de los bonos de los mercados emergentes emitidos desde la crisis financiera están denominados en dólares. La rebaja de los títulos brasileños a nivel "basura" es un duro golpe a los deseos de recuperación de una economía golpeada por la recesión, el aumento del desempleo al 8,9%, una inflación anual del 10,4% y una caída anual del PBI de -3,1%.

Aparte de las secuelas que también se sentirán en nuestro territorio a raíz de lo antes mencionado, el miércoles pasado los uruguayos quedaron atónitos ante el nivel de violencia desplegado por distintos grupos de empleados sindicalizados. Por un lado ocurrió lo que lamentablemente ya es habitual: Unott (sindicato del transporte colectivo) decretó un paro repentino y la gente que nada tiene que ver con el conflicto que afecta a una empresa de colectivos, fue castigada por los huelguistas y quedó tirada en las calles sin poder trasladarse. Las grandes colas de personas acaloradas y con visibles signos de agotamiento, se vieron por toda la ciudad.

Pero ahí no terminó la cosa, sino que hubo emboscadas a los ómnibus de Cutcsa que de alguna manera remediaban el problema de tantos dejados de a pie. Y no sólo fue para amedrentarlos, sino que les rompieron los vidrios a varios; uno de los ómnibus fue embestido por un vehículo de Raincoop (la empresa que está a punto de cerrar por insolvencia), otro fue incendiado, y un conductor de Cutcsa fue amenazado por un hombre con revólver y por otro armado de un palo. Mientras tanto los iracundos se saludaban a los gritos desde el techo de los coches con los que formaban barricadas creando un terrible pandemonio capitalino, con los miembros de Adeom que se encaminaban a ocupar la Intendencia, subiendo hasta donde se encuentra el despacho del jerarca municipal, quien luego reclamó el desalojo. Parecido fue en Lavalleja donde la Intendente Peña ha terminado saliendo ella misma a recoger la basura. El Frente Amplio optó por apañar siempre al sindicalismo, y actualmente vemos las consecuencias. O mandan las autoridades elegidas por los ciudadanos (democracia), o mandan los sindicatos (fascismo).

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