EDITORIAL
diario El País

Seguridad y paz social

Las cifras oficiales dadas a conocer por el Ministerio del Interior muestran que su estrategia en seguridad está dando resultados. Eso es una buena noticia.

Días pasados, el presidente de la República, Luis Lacalle Pou participó de un emotivo acto de reconocimiento a los policías caídos en cumplimiento de sus tareas.

Fue en la plaza del Policía, en Agraciada y Lucas Obes. Una niña, la hija de la oficial baleada los primeros días de marzo en un intento de rapiña, le regaló al presidente una pequeña imagen de un policía, hecha en porcelana por ella misma. Lacalle Pou le prometió que pondría esa imagen sobre su mesa de trabajo.

Al terminar el acto y ser abordado por los periodistas, el presidente dijo con mucha franqueza: “no estamos conformes”. Y añadió: “creo que (al decir esto) hablo en nombre del ministro del Interior”.

La frase fue honesta, real y necesaria. Una cosa es que se estén haciendo bien las cosas, que la actuación de la Policía haya mejorado, sea más eficaz y que los resultados sean alentadores y otra cosa muy distinta es “estar conforme” con lo logrado.

Para lo segundo, aún falta.

No es fácil evaluar cómo ha estado actuando la Policía, en comparación a años anteriores ya que hay dos realidades que no entraban en el radar el año pasado. Uno es la emergencia sanitaria y la pandemia. Ella cambió los hábitos de vida de la gente, lo cual forzó también a que los delincuentes debieran cambiar su “modus operandi”.

Hay rutinas que ya no pueden cumplir porque quienes serían sus víctimas se mueven de otra manera.

El otro cambio, si bien era previsible, es la fuerza que adquirió la criminalidad motivada por el tráfico de drogas. Las bandas operan salvajemente, aún pese al acoso constante de la Policía, y se han infiltrado en todo el tejido de la sociedad uruguaya.

Aquello de que un asesinato era por “ajuste de cuentas”, dicho por anteriores ministros para quitarle importancia por ser algo ajeno a la vida cotidiana, ya no corre. Suelen ser jóvenes las víctimas de estos asesinatos (que son eso -asesinatos- y no “ejecuciones” como mal los denominan algunos cronistas policiales); muchachos atrapados en la trama del narcomenudeo y cuyas vidas se truncan antes de siquiera haberlas empezado.

De acuerdo a las estadísticas, la actuación de la Policía empezó a dar resultados gracias a las políticas dispuestas por el gobierno. El ministro Jorge Larrañaga está en permanente acción, dando fuerte respaldo a cada operativo policial. La Policía actúa con rapidez y eficacia. Y lo hace bien. Cada vez que alguien sale a gritar “abuso policial”, la Policía puede mostrar evidencia irrefutable de que no la hubo, que se procedió correctamente. Cuenta además con el apoyo de la gente que está conforme con que la Ley de Urgente Consideración le hubiera dado más margen de acción y que en consecuencia actúe con firmeza y sin propasarse.

Aquello de que un asesinato era por “ajuste de cuentas”, dicho por anteriores ministros para quitarle importancia por ser algo ajeno a la vida cotidiana, ya no corre más.

Se trata de un objetivo logrado que debe mantenerse. La tentación al desborde está siempre presente, más cuando hay grupos que juegan deliberadamente a provocarlo.

En estos meses de gestión, el ministro puede mostrar con satisfacción los logros. Pero como él mismo dijo alguna vez, esto no se resuelve enseguida y tomará un largo tiempo cambiar la situación de inseguridad que aqueja al país.

Por eso es bueno que el presidente haya dicho con claridad y honestidad que aún no está conforme, que el objetivo es aspirar a más.

Explicó que si bien el sueño de una sociedad sin delito es utópico, lo importante es lograr “una sociedad donde la paz social sea la regla y no la excepción”.

Esto implica que si bien una primera etapa es lograr que la Policía sea eficaz en el combate a la delincuencia, al crimen y al narcotráfico, luego y como consecuencia de ello viene una etapa donde por efecto de esa eficacia, y también de otros factores, la delincuencia cede y se reduce, la Policía actúa menos porque hay menos casos que atender, la ciudadanía recupera la tranquilidad y la libertad de andar por la calle y vivir con seguridad.

La Policía, con el respaldo del ministro, es quien arranca ese proceso, apoyada por una Justicia sensible y eficiente. Pero también es necesario que las demás instituciones, el sistema educativo, los partidos políticos, las organizaciones sociales incluido el movimiento sindical, ayuden a consolidar un clima de sólida y pacífica convivencia civil, sin crispaciones ni violencia. Solo así se alcanzará esa tan necesaria paz social.

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