EDITORIAL 

Del Rey Sol a María Julia Muñoz

Las noticias sobre el manejo partidista y sectario de las instituciones públicas, nada menos que de parte del ministerio de Educación y Cultura, exigen una aclaración de parte del gobierno. Y una rectificación urgente.

El rey Luis XIV de Francia acuñó una frase para la historia: “el estado soy yo”. Lo que sugería el monarca francés era la absoluta identificación del poder estatal con su persona. De más está recordar que contra esa visión del poder político, surgió toda una corriente filosófica que, entre otras consecuencias, instauró el concepto de democracia a la civilización occidental.

Pasados un par de siglos, en un pequeño país de América del Sur aparece una figura que, además de compartir la modestia y el don de gentes del monarca francés, parece representar buena parte de su filosofía política: hablamos de la ministra de Educación y Cultura del Frente Amplio, María Julia Muñoz.

Muñoz se ha caracterizado siempre por confundir personalidad fuerte, capacidad ejecutiva, y lealtad a un proyecto político, con petulancia, fanfarronería, y mala educación. Y desde tiempos en que era la Secretaria General de la Intendencia de Montevideo, hasta su actual rol en el Ministerio de Educación, ha hecho gala de las peores cualidades que puede ostentar un dirigente político.

Lo vivieron en carne propia los jerarcas de su propio partido a los que echó como perros, cuando su proyecto de reforma educativa chocó con el muro sindical. Lo han vivido los dirigentes de la oposición, que han intentado tener un debate de ideas elevado con la señora. Pero ahora, en plena campaña electoral, y cuando su partido parece camino a una derrota, los vicios de Muñoz quedan todavía más en evidencia.

Hace dos días El Observador publicó una nota firmada por Leonardo Haberkorn en la que se cuenta la forma en que el ministerio ha usado la red de los llamados Centros MEC, para hacer campaña por el gobierno. Y que cuando una dirigente de uno de estos centros, el de Cerro Largo más precisamente, se negó a poner a una institución del estado al servicio del partido de gobierno, fue echada sin miramientos. De hecho, la nota realizada por el periodista, da cuenta de una reunión entre Glenda Rondán, ex dirigente colorada y cercana amiga de Muñoz por lo cual encabeza esos centros MEC, junto con el diputado local del MPP, Alfredo Fratti, en la que se humilló y presionó a la directora local para que use los recursos públicos en favor del partido de gobierno.

Un breve paréntesis. Hacer eso nada menos que en Cerro Largo muestra que Muñoz y su troupe no solo son prepotentes y antirrepublicanos, sino que no tienen la más remota idea de historia nacional. Pero volvamos al tema central. La negativa de la funcionaria local a plegarse a las exigencias de Rondán, Fratti y Muñoz, terminó con la previsible destitución de su cargo. Y con la denuncia de la misma ante el tribunal de lo Contencioso Administrativo, que tiene en su poder una grabación, donde un opaco funcionario de segundo orden explica que el motivo de la salida de la directora del centro arachán, probablemente se debe a lo sucedido en esa reunión en la que se le exigió “ahora hay que militar”. Y que el argumento de la ministra habría sido “no la quiero más”.

Muñoz estará convencida de poder disponer del trabajo y de la honra de los funcionarios del estado a su capricho, pero no es así. Y probablemente el resto de los ciudadanos terminemos pagando las culpas cuando haya una sentencia en favor de la funcionaria injustamente removida de su cargo.

Pero no se trata del único episodio que muestra hasta dónde el gobierno, y más precisamente el ministerio de Educación, están usando recursos públicos, para hacer campaña en favor del partido de gobierno. Quien mire TV abierta, ya estará saturado de soportar la publicidad encubierta del gobierno, empaquetada como sensibles mensajes de interés público, que se emite de prepo en horarios centrales todos los días de la semana. Una publicidad donde se exhiben programas financiados por los contribuyentes, como grandes logros de un gobierno que no ha hecho nada ante la debacle de la educación pública. Y donde se usa de manera indignante a gente de a pie, para mandar mensajes electorales mezquinos.

Lo que no entiende Muñoz, ni su séquito de amanuenses, es que la gente ya se cansó de esta manipulación. Que cada publicidad de este tipo encubierta, que cada exhibición de prepotencia y abuso de autoridad, solo cementan el deseo creciente en la sociedad, de un cambio de gobierno. Un cambio que no solo permita modificar políticas equivocadas, o cambiar enfoques que no funcionan. Sobre todo, que habilite oxigenar a la república de personajes que ocupan un pequeño eslabón en el sistema político, a los que el poder se les subió a la cabeza, como para creerse herederos del Rey Sol.

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