EDITORIAL

Una respuesta seria por seguridad

Los cuerpos policiales no pueden seguir teniendo sobre sus espaldas el juicio implacable de la ciudadanía que no se siente protegida en ninguna de sus actividades más rutinarias. Ellos también son padres, hijos o nietos en esta insegura sociedad.

Un gobierno es gestión; decisiones, entendimientos, búsqueda de la excelencia, trabajo en equipo, administración transparente y siempre un responsable de sus resultados.

En todo ese proceso, el conflicto es parte de la vida de todo gobernante en sus relaciones en la sociedad. Pero cuando los conflictos involucran aspectos institucionales que afectan a miles de personas, como es el caso de la seguridad, los problemas y respuestas involucran políticas públicas claras y medibles.

El ministro del Interior es una figura clave en todo gobierno. Su responsabilidad va más allá de los temas específicos de su cartera, ya que la seguridad hace a la imagen que proyecta el Estado hacia adentro como hacia el exterior y se mide por la credibilidad que transmite en tranquilidad y el orden público.

Por tanto, la opinión que se tenga de la gestión de un ministro no puede reducirse a simpatías o rechazos hacia su figura. Todo se resume en la confianza que se proyecta hacia el interior de la fuerza policial y a los resultados que se obtengan en la prevención y represión del delito y los que se relacionan con el sistema carcelario.

El ministro nos abruma con cifras, estadísticas y mediciones que ocupan en los medios de comunicación importantes espacios. Pero, por otro lado, el pueblo, que como se definió gráficamente "anda y arde en la calle", sufre de indefensión e inseguridad con mayor intensidad en los barrios más carenciados.

El Poder Ejecutivo debería sustraerse a las cuotas políticas de los distintos sectores. Y no debe seguir insistiendo en mantener en sus cargos a ministros que se han desgastado por el solo paso del tiempo. El Presidente antes de anunciar (y de imponer) medidas desde el exterior en temas que son de exclusiva responsabilidad de su ministro, debería haber dispuesto su relevo.

Los problemas del deporte no son aislados. La violencia y los delitos que se cometen son el derivado de una sociedad que perdió sus referencias morales y que activa su imaginación en delinquir en actividades más creativas y rentables.

El Dr. Vázquez en su primera presidencia designó tres ministros del Interior y relevó a dos de ellos porque sus gestiones no respondían a sus legítimas expectativas. Sin embargo, en los últimos años, el ministro Bonomi se mantiene incólume, como si su actuación estuviera exenta de todo cuestionamiento. Es más, como si su impronta personal fuera el símbolo de la mejor política de seguridad de varios gobiernos. Y es así, que habla, explica y hasta se justifica recurriendo a todo tipo de argumento mientras la población se angustia, se sorprende y hasta encuentra ingeniosas bromas relacionadas con su estilo de comunicación como forma de desahogarse.

No se trata de crucificar a un servidor público. Simplemente de que el Poder Ejecutivo exhiba una razonable sensibilidad para que la política de seguridad pase a manos de otras personas que el Presidente pueda escoger hasta para protección de su propia imagen.

Los cuerpos policiales no pueden seguir teniendo sobre sus espaldas el juicio implacable de la ciudadanía que no se siente protegida en ninguna de sus actividades más rutinarias. La jerarquía y la verticalidad hacen a la esencia de sus funciones, pero también son padres, hijos y nietos que los enfrenta a la angustia familiar. A tal punto, que hasta el más humilde y respetable miembro de sus cuadros tiene la sensación de que todo el esfuerzo y sacrificio que hace no se valora, porque el pueblo, el juez mas legítimo e implacable, no confía como debiera en la fuerza pública para defender sus derechos.

Es necesario una reflexión en el Poder Ejecutivo para que al tomar decisiones a estos niveles pueda abstraerse de transacciones y negociaciones políticas vinculadas con cálculos electorales.

El Presidente tiene autoridad suficiente para hacer las consultas que estime conveniente, incluso manejar la designación como ministro del Interior de una persona incuestionable por su probidad y seriedad profesional.

Esto responde a la necesidad de abandonar criterios de reparto de cargos en función de negociaciones hacia adentro del FA. Quizás, actuando con la grandeza que la política requiere del propio gobierno, podría ser el mayor beneficiado por el juicio de la opinión pública.

Hasta ahora, las señales no son alentadoras ya que el gobierno se mantiene en el criterio de abroquelar correligionarios repartiendo las máximas jerarquías con viejos y superados criterios de comité político haciéndole pagar al país y a su seguridad un alto precio. A pesar de eso todavía está a tiempo.

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