EDITORIAL
diario El País

Responsables vs. covidiotas

El presidente Lacalle Pou salió duro: “Si no lo entienden por la salud lo tienen que entender por la falta de inversión, la falta de trabajo. No se puede ser egoísta. La falta de solidaridad de algunos atenta contra el poder parar la olla de muchos uruguayos”. Y no es para menos.

Mientras desde el gobierno se pide y se reclama todos los días y a toda hora que los ciudadanos se manejen con responsabilidad ante el coronavirus, todos los días y a toda hora -sobre todo por la noche- se ven perforaciones imbéciles que se repiten y que lo que hacen es poner en peligro a todos. Arriesgando su salud por un rato “agradable” -allá ellos- ponen en peligro la de padres, hijos, hermanos, amigos o de cualquier persona inocente. Incluso al costo de la vida.

Se le ha perdido el miedo y hasta el respeto al Covid. Parece que no se han dado cuenta que en el mundo, en especial en Europa, Estados Unidos y varios países sudamericanos -con Argentina y Brasil entre los peores del planeta, amenazantes en nuestra frontera- la pandemia sigue expandiéndose, redoblando contagios y cobrando más víctimas. Cuando todavía las posibles vacunas no han comenzado a aplicarse en forma masiva, la comunidad internacional asiste a la que ha sido llamada la segunda ola de la pandemia, que en realidad es la primera que nunca desapareció, pero sí ganó en ímpetu arrollador.

No hay dudas de que la mayoría de los uruguayos se mantiene en los lími-tes de la libertad responsable. Pero, también es cierto que hay una minoría de “covidiotas” (como muy bien dijo la semana pasada Hugo Burel en su columna “La libertad irresponsable”) que cada día marca mayor presencia y apunta a dar vuelta unos números que eran sorpresa en el mundo y orgullo para el país.

Vayamos unos día atrás. ¿Era tan imprescindible realizar una fiesta en Atlántida para 300 personas (a $ 250 por cabeza)? ¿O la gran cantidad de gente que se reunió en la plaza principal en Trinidad y, entre otras cosas, le costó el cargo al jefe de Policía interno? ¿O los 800 jóvenes que coparon el Rosedal en el Prado y terminaron con destrozos en el Paso Molino? ¿O los festejos (desbordes) estudiantiles en el Colegio Santa Rita? ¿O la provocación e incidentes registrados en la Plaza Líber Seregni?

Esto último fue muchísimo más grave. Y no por el número de personas que asistieron, sino porque quedó la impresión de que el rato “agradable” que las había reunido, más allá de que no se respetaban las mínimas medidas sanitarias, escondía una finalidad política o se utilizó para agitar cuestiones ideológicas y descalificar directamente al mismísimo ministro del Interior.

Le erraron feo si pensaron que el nombre de la plaza daba algún derecho de propiedad al Frente Amplio o sus militantes. Fue el único caso -por lo menos hasta ahora- donde la actuación policial, que ya es habitual cuando se registran aglomeraciones porque el objetivo primario sigue siendo la salud de los ciudadanos, se convirtió en un cuestionamiento al ministro Larrañaga y el disparador para que el FA hiciera un pedido de interpelación.

El ministro y la Policía tienen la responsabilidad de proteger a los ciudadanos: su vida, propiedad y salud y fue lo que hicieron. El FA, en lugar de apoyar por esta tarea, lo interpela. Aunque la verdad es que no sorprende: es el mismo Partido que, junto con su socio el Pit-Cnt, convocaron a “cacerolear” contra un gobierno recién instalado, apenas 10 días después (el 23 de marzo) de la aparición del Covid en Uruguay.

No hay nada que hacerle. En estos momentos, y desde hace meses, debería haber una sola manera de ver al país. Encolumnados detrás del gobierno (elegido por el pueblo) todos juntos para sacar adelante al Uruguay en medio de una pandemia mundial que va pulverizando economías, e ir lentamente abriendo puertas para el desarrollo de la mayor cantidad de actividades posibles dentro de las limitaciones sanitarias. Sin palos en las ruedas ni demagogia de nadie.

“Lamentablemente muchos uruguayos han muerto y otros se han enfermado. No hay nada más importante que la salud de todos los uruguayos” reclamó el presidente. Y “lo que más nos llama la atención es que estos casos nuevos se dan por la falta de cuidado. No hay que buscar nada raro, es falta de cuidado”.

Los tiempos que se acercan serán decisivos. La tregua del verano en principio juega en contra. Es el gran desafío. La derrota o el triunfo será solo de los uruguayos, de todos los uruguayos. Y todos los días se jugarán finales.

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