Editorial

Rentabilidad o muerte

Esta particular consigna caracterizó años atrás una serie de movilizaciones rurales, y supo ser caricaturizado por buena parte de los dirigentes del Frente Amplio. Sin embargo, cobra fuerte significación cuando se lo analiza a la luz del conflicto que ocurre hoy en el seno del gobierno a raíz del FONDES, ese fondo creado con los beneficios que logra el Banco República.

El conflicto está claro; por un lado están los sectores más ideológicos y atrasados del oficialismo, capitaneados por el ex presidente Mujica, que quieren que el FONDES siga funcionando como lo hizo durante todo su gobierno, esto es financiando empresas autogestionadas, en su abrumadora mayoría inviables, como forma de mantener prendida esa "velita al socialismo" que insisten en alimentar, pese al fracaso remachado de todo lo que se ha hecho en ese nombre en el último siglo. Lo de tropezar con la misma piedra, cada vez más confirmado.

Por otro, están los sectores más conscientes, que entienden que la generosidad estatal, hecha con dinero de los contribuyentes, debe ser medida y regulada, para que no se convierta en un pozo sin fondo. Que bien se podría utilizar o para proyectos más rentables y razonables, o dejarlo en el bolsillo de los ciudadanos, que seguramente sabrán darle mejor fin que un grupo de burócratas.

Sobre la viabilidad y justicia de un proyecto como el FONDES, es mucho lo que se ha escrito en este espacio. Sin ir más lejos, hace pocas semanas se publicó otro editorial titulado "El FONDES compañero" que ilustra con implacable crudeza el fracaso económico de la mayoría de los emprendimientos que ha financiado. Y el desquicio moral que significa que dineros producto de actividades especulativas del banco estatal, que extrae beneficios de hacer préstamos, muchas veces a gente de muy bajos recursos, vaya a parar a empresas no viables cuyo principal mérito es empujar ideológicamente para el mismo lado que los políticos que deciden su concesión.

Pero en estos días han sucedido hechos que ameritan nuevas reflexiones sobre el tema. Por ejemplo la reacción del diputado del MPP Daniel Placeres, uno de los líderes del proyecto Envidrio (beneficiario del fondo) quien reaccionó muy molesto por algunos cambios que se quiere implementar al FONDES. Placeres dijo que los cambios que le quiere hacer el gobierno le quitarán eficacia y lo dejarán como "una banca para pequeñas empresas con poco alcance". No contento con esto sostuvo, ante comentarios del ministro Astori que dijo no querer que el fondo quede asociado a fracasos, que "también hubo fracasos capitalistas".

Placeres obviamente, sabe poco de historia y de economía. No queda claro a qué se refiere con fracasos capitalistas, pero es obvio que la historia de la humanidad está llena de fracasos; políticos, financieros, morales. La diferencia es que en un sistema capitalista genuino, cuando se fracasa, lo que se pierde es dinero o trabajo propio, o en todo caso, capitales ajenos que decidieron apostar en un negocio riesgoso tras hacer cálculos muy finos. Acá las estimaciones no van por el lado de la rentabilidad o factibilidad económica de los proyectos, sino en la sintonía ideológica de quienes lo llevan adelante. Lo más grave es que la prédica de estos sectores fanatizados, parece estar haciendo mella en sus compañeros de ruta más pragmáticos. Por ejemplo, el director de la OPP, Álvaro García, quien dijo días atrás que "la rentabilidad no será el único elemento a tener en cuenta a la hora de evaluar los proyectos autogestionados". Un encanto. ¿Cuáles serían los otros elementos a tener en cuenta? ¿Le prestaría García dinero de su propio bolsillo a una empresa que no le de garantías de rentabilidad?

Ahí está el meollo de la cuestión. Y es un tema ideológico, en el mejor sentido de la palabra. Parece haber gente que cree que el dinero crece en los árboles, que fluye de manera natural por la sociedad, y que solo hace falta que la autoridad política lo canalice hacia causas buenas y nobles, para que estas prosperen, para que el socialismo nos ilumine. Y están terriblemente equivocados.

Uruguay es un país abierto y competitivo en el mundo. Esos recursos que se destinan a proyectos que no tienen la rentabilidad como eje central, tienen que salir de algún lado. O de ciudadanos a quienes no les sobra para regalar, o de empresas que sí son rentables. Pero si cargamos a estos dos sectores el costo de financiar a estos proyectos de dudosa viabilidad (tan dudosa que nadie salvo un político está dispuesto a financiarlos) solo haremos más difícil la vida de unos y volveremos inviables a los otros. ¿En qué manera eso puede ser beneficioso para la sociedad uruguaya?

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