EDITORIAL

La rendición frentista

La semana pasada ingresó al Parlamento y ya se encuentra a estudio de la Cámara de Diputados la rendición de cuentas y balance de ejecución presupuestal del año 2015.

Como es de público conocimiento el proyecto de ley importa porque no solo brinda una mirada retrospectiva hacia lo que fue la gestión presupuestal del año pasado sino porque también incluye nuevas proyecciones oficiales sobre las principales variables económicas así como medidas de todo tipo que abarcan las más diversas temáticas.

Si bien existe una impostergable corrección a la baja en las cifras de crecimiento de la economía uruguaya las nuevas proyecciones oficiales siguen siendo más optimista que las de muchos analistas privados. Esta corrección, luego del yerro mayúsculo del año pasado, no oculta un tono político partidario burdo en el mensaje que acompaña a la rendición. Entre gráficas armadas para presentar los números mejor de lo que son y excusas tontas para explicar los errores propios, se cuelan ataques a la oposición y a los economistas independientes. Cuando lo esperable, luego de que quedara a la luz pública la notoria incapacidad que tuvieron para manejar la bonanza —y ahora el estancamiento— sería una mayor cuota de humildad, lo que encontramos es lo contrario.

Bastaría verificar que luego de una década de crecimiento excepcional de los ingresos públicos solo ante el estancamiento de la economía (que no recesión) el gobierno se ve obligado a hacer un ajuste fiscal para que el déficit, la deuda pública y la inflación no se disparen para concluir que el manejo de la política económica fue pésimo. Cifras como la que exhibe hoy la economía uruguaya, con un déficit fiscal de 4% del PIB y la inflación en 11% hablan por sí mismas y son injustificables.

Con un mínimo de prudencia y de mejor gestión el país no estaría hoy ante la compleja situación que vive, pero entre el descontrol mujiquista de la administración anterior y la incapacidad manifiesta del equipo económico astorista, nos han conducido a esta penosa situación. En otras palabras, al fin de la fase expansiva del ciclo económico es necesario realizar un ajuste fiscal porque en el tiempo del crecimiento las cosas se hicieron rematadamente mal, punto y aparte.

En el mensaje que acompaña la rendición de cuentas, a la falta de humildad y del pedido de disculpas que correspondía, se le agregan justificaciones y argucias que si no fueran patéticas serían risibles. Se dice, por ejemplo, para justificar las horrorosas proyecciones con que el gobierno armó el presupuesto, que en aquel momento las proyecciones de los analistas estaban alineadas con las del gobierno.

Esto es absolutamente falso, salvo que lo comparen, como se hace en el informe, con la encuesta de expectativas económicas que realiza el Banco Central, que todo el país sabe desde hace un buen tiempo que es un chiste. Basta con ver la última publicada y corroborar que esa "encuesta" se arma con solo cinco encuestados y algunas estimaciones solo tienen tres respuestas para comprobar el dislate. La casi unanimidad de los analistas advirtió al gobierno el año pasado que los supuestos de comportamiento de la economía eran excesivamente optimistas, negar esa realidad como se pretende es tomarle el pelo a los uruguayos.

Al tiempo que se ensalzan supuestas fortalezas construidas por las administraciones frentistas (que sinceramente brillan por su ausencia) se presenta el ajuste fiscal que no tiene ninguna relación con estos logros, sino que se debe a que el equipo económico frentista fue sorprendido en su buena fe por el malvado ciclo económico.

Pero se nos explica, con espíritu didáctico, que este ajuste es muy distinto del que hacían blancos y colorados. "Hasta no hace mucho tiempo atrás, la respuesta a las recurrentes crisis fiscales eran el recorte de los programas sociales, la postergación de inversiones públicas, la implementación de acciones que contribuían a fragilizar el funcionamiento del sector público y un aluvión de impuestos distorsivos".

La realidad: se postergó el sistema nacional integrado de cuidados, se recortó la inversión pública ya desde el año pasado, se va a restringir la creación de nuevos cargos públicos después de que alcanzaron el máximo histórico y están aumentando la carga tributaria sobre los trabajadores y los jubilados. Con cuentos a otra parte que los costos de la ineptitud de las administraciones frentistas ya las están pagando los uruguayos con su trabajo, su salario y su confianza defraudada.

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