EDITORIAL
diario El País

Relaciones internacionales

Tras la insólita votación en Ginebra, en la que Uruguay acompañó con su voto una resolución presentada por la Consejo Económico y Social de la ONU, de censura por “la ocupación israelí que representa un grave obstáculo para las mujeres y niñas palestinas en la realización de sus derechos”, el nuevo Canciller Bustillo, argumentó que había sido una “equivocación involuntaria”. Ahora tiene por delante una oportunidad para reparar el traspié, nomás comenzada su responsabilidad al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores, contradiciendo la tradicional postura (a excepción de los tiempos frentistas) del Uruguay, respecto del Estado de Israel. Un país extremadamente sensible en estos asuntos, dadas las complejidades inherentes a esa zona del mundo y cuya susceptibilidad se replica a nivel de la comunidad local.

Los actuales esfuerzos del Ministro para concretar el demorado encuentro entre el Presidente Lacalle Pou y el Primer Mandatario argentino Alberto Fernández y lo que resulte del mismo, adquieren entonces un doble significado. Curiosamente se ha producido un inesperado clima de coincidencia con el Presidente argentino a partir de su decisión de apoyar el informe del Consejo de Derechos Humanos de la ONU -que Uruguay respaldó- condenando a Venezuela por las continuas violaciones a estos derechos. Se compartió la posición con 22 naciones, entre ellas España, Francia, Alemania, Italia y las que conforman el Grupo de Lima; Perú, Chile, Colombia, Brasil y Paraguay. No está demás mencionar cuales dieron soporte al dictador caribeño. Eritrea, Filipinas y la propia Venezuela, aparte de varias abstenciones.

Sin embargo, en Argentina no faltó el tiempo para que puertas adentro acribillaran a Alberto Fernández. Empezando por la Asociación de la Madres de la Plaza de Mayo, como si alguna duda quedara de que su lucha por los derechos humanos es una gran farsa. Muy difícil creer en la autenticidad de los reclamos y diatribas de estas personas que de su activa militancia, supuestamente en favor de los derechos humanos, han hecho su modus vivendi pero no se escandalizan con los monstruosos atropellos que se cometen bajo la égida de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. A su vez, el núcleo duro del kirchnerismo, encabezado por Cristina y su hijo Máximo, también disparó.

Que hayan pasado 6 meses de la asunción del nuevo gobierno uruguayo sin ninguna reunión o una llamada telefónica en estos tiempo de Covid, entre los mandatarios de ambas orillas del río, tiene seguramente varias explicaciones. Por un lado, la complicada situación en la que se encuentra metido Alberto Fernández, un gobernante que tiene detrás suyo el poder del cristinismo, con el que tiene que convivir y hacer de equilibrista consumado.

El Uruguay es un espejo cuyo reflejo no resulta agradable a los gobernantes argentinos. Mientras nuestro país, acapara titulares y notas elogiosas en todos lados por la forma inteligente y exitosa en que ha actuado su gobierno ante la pandemia, la Argentina es lo opuesto

Por otro, el Uruguay es un espejo cuyo reflejo no resulta agradable para los gobernantes argentinos. Mientras nuestro pequeño país, sobre todo por el contraste con sus vecinos, ha acaparado titulares y notas elogiosas en todos lados por la forma inteligente y exitosa en que ha actuado su gobierno ante la aparición y mejor dicho, el ataque de la pandemia, según los datos a la fecha, la Argentina sobresale por lo opuesto. Son abrumadores los malos resultados sanitarios a pesar de la imposición de una muy larga cuarentena que ha terminado violentando a toda la población. Las numerosas marchas de repudio a estas medidas y a su pobre eficacia, de acuerdo a las elevadas tasas de contagio y muerte, así como contra los inaceptables avances del gobierno sobre la propiedad privada, tal la pretendida expropiación de una importante empresa de molienda y exportación de soja, se han hecho sentir. Lo mismo que la indignación ciudadana contra la intromisión del gobierno en la justicia, con la pretendida remoción de los jueces que atienden, justamente, las investigaciones por corrupción referidas a la expresidenta y hoy vice, Cristina Fernández. Por el momento, parece que el iracundo clamor en la sociedad logró que la Corte Suprema frenara el traslado de dichos magistrados, al menos por el momento. Queda por delante sin embargo, el estudio de los supremos sobre la pertinencia del aludido cambio en esos juzgados para que la decisión sea definitiva… En cuanto a los efectos del manejo de la pandemia, mientras cada millón de habitantes entre los argentinos hay 18 198 casos, en Uruguay son 620 cada millón de habitantes. Con igual referencia, los muertos argentinos cada millón de personas son 482 y los uruguayos 14. En paralelo, las consultas y trámites de miles argentinos que quieren venirse, tanto por lo sanitario como por la mala situación económica argentina, no cesa y les molesta.

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