EDITORIAL
diario El País

Reino Unido y nosotros

La nueva administración que alumbrará en marzo próximo convivirá con un tiempo internacional particular y desafiante. Será una época particular en la región.

Por primera vez en muchísimo tiempo, los gobiernos de nuestros dos poderosos vecinos muestran radicales diferencias en materia de concepciones políticas e ideológicas, tanto en lo que refiere a implementaciones de políticas públicas para el desarrollo interno como también para el planteamiento de alianzas y visiones distintas en la escena internacional.

Importará mucho entonces que Uruguay retome plenamente la soberanía de la fijación de su política exterior. Ya no debe bailar más al compás de ninguna partitura escrita en el exterior, ya sea basada en la quimera de la patria grande latinoamericanista o ya sea en el convencimiento cipayo, tan mujiquista, de viajar en el “estribo de Brasil”. Uruguay, como país independiente, como llave estratégica en la entrada del sur del continente, como pequeño país estable con gran sentido democrático, y con enorme poder de influencia regional justamente en función de sus viejas tradiciones y valores, debe plantearse un papel articulador que no abandone nunca su propio interés nacional.

La nueva administración no deberá confundir el interés de Brasil con el del Uruguay, ni el de Buenos Aires con el de Montevideo, como infelizmente ha sido el caso por tantos años con el Frente Amplio en el gobierno. Las excelentes relaciones bilaterales que hay que procurar con cada uno de nuestros vecinos no pueden hacerse negando la especificidad de nuestra visión de las cosas, ni ocultando nuestro interés tras un complejo de inferioridad provinciano sobre las relaciones exteriores. Eso y no otra cosa ha sido lamentablemente la política exterior mujiquista, seguida luego por el protagonismo del plenario frenteamplista en tanto hacedor último de nuestra política exterior, que relegó así al actual ministro de relaciones exteriores a uno de los lugares más nimios en la historia de nuestra cancillería.

Por poner un solo ejemplo, sustantivo: el Mercosur no puede ser el impedimento a nuestro mayor desarrollo. Uruguay precisa de la apertura al mundo, y sobre todo asiática y china, de forma de que nuestras exportaciones agropecuarias compitan mejor en esos mercados con rivales poderosos, como por ejemplo Australia y Nueva Zelanda que ya nos han sacado ventaja con sus acuerdos de libre comercio con China. Nuestra apertura no puede estar pues supeditada a los intereses de los industriales paulistas o a la estrategia de recepción de inversiones extranjeras porteña.

El futuro tiempo internacional también será desafiante. Más allá de la región, se están jugando definiciones claves en torno al nuevo orden internacional formado por los actores más importantes del mundo. El asunto no solamente pasa por la rivalidad comercial e industrial entre Estados Unidos y China, sino también por estrategias de Estados claves que han decidido tomar un camino propio y de mayor apertura al mundo, sobre la base de profundizar sus vínculos bilaterales. Y en ese caso está, sin duda, el Reino Unido del primer ministro Johnson.

Nadie podrá negar la importancia histórica de la relación que nos une con Inglaterra. Nadie tampoco podrá relativizar el peso estratégico, geográfico y sobre todo de potencial económico, que tiene el archipiélago de Malvinas para Londres. Y nadie podrá ocultar que para nuestro interés nacional, en materia de desarrollo comercial, naviero, logístico y hasta de servicios turísticos, es muy positivo desarrollar nuestras relaciones con Puerto Stanley. Allí ya hay, sin duda, motivo para profundizar nuestras relaciones bilaterales con nuevos acuerdos con Gran Bretaña.

Pero un reforzamiento del vínculo bilateral con Londres, ahora que un Reino Unido fuera de la Unión Europea apuesta a mirar con otros ojos incluso las relaciones transatlánticas, puede beneficiarnos en otras dimensiones claves y de largo plazo: en lo comercial y económico, con mayores inversiones inglesas en nuestro país; en lo cultural, con una mayor cooperación que potencie el idioma inglés en nuestras escuelas y liceos y nos vincule a la excelencia universitaria que conserva el Reino Unido; en la política de defensa, al asociarnos a un actor de primerísimo nivel mundial y cuya experiencia naval nos sería además de enorme beneficio en la defensa de nuestro enorme territorio marítimo.

En 2020 se abre un tiempo nuevo para Uruguay y para el Reino Unido. Aprovechémoslo: profundicemos nuestras relaciones bilaterales con esta gran potencia mundial.

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