EDITORIAL
diario El País

De reinas y tarjetas rojas

Esta campaña electoral para las departamentales nos dejará algunas frases para el recuerdo. Carolina Cosse ha motivado algunas de ellas.

Una muy notoria fue cuando en un discurso callejero se equivocó de barrio, mereciendo un grito de una vecina, entre burlón y compasivo: "asesorate, reina, asesorate". Se trata tal vez del sustantivo que mejor define la personalidad de la candidata.

Pero la frase más graciosa de todas fue de la propia ingeniera, cuando calificó como una paradoja el hecho de que la critiquemos "usando iPhones comprados gracias a los planes de Antel". Uno no sabe si reír o lamentarse por las serias chances que tiene esta persona de ser la próxima intendenta de Montevideo. La primera respuesta sería pedirle permiso, a ver si nos autoriza a criticar sus despilfarros a quienes usamos celulares de otras marcas o adquiridos a otras compañías. La segunda, consultarle si la gran generosidad que tuvo al invertir dineros públicos en promocionar esos productos, es razón suficiente para agradecerle con alabanzas y votos.

El nivel de soberbia con que algunos dirigentes frenteamplistas han manejado el país como si fueran patroncitos de estancia, llega a estos extremos. Prácticamente toda su campaña electoral ha rezumado un curioso odio por aquellos que no nos dimos cuenta de lo bueno que hicieron durante quince años y los desplazamos del gobierno nacional. En realidad, algunos de ellos llegan a la conclusión de que no somos personas, que somos apenas la derecha, la oligarquía, o en el mejor de los casos, desclasados manipulados por los medios de comunicación que responden a las clases dominantes y bla bla bla.

En esa línea se inscribe otra de las frases inolvidables de la campaña. En respuesta al sincericidio de Daniel Martínez, que reconoció en entrevista al semanario Búsqueda que se hallaba en un frágil equilibrio entre el comunismo de Cosse y el mujiquismo de Villar, este último le respondió que ese argumento era "típico de la derecha", a lo que terció entonces la socialista Daisy Tourné, con un video que se tornó viral. "¿Cómo es posible que acuse a un compañero de ser de derecha?", preguntó a cámara. Como si esa condición fuera tan infamante como la de asesino en serie.

Y cerró con otro de los sablazos que ya no dirigen solamente a la coalición multicolor, sino que se están propinando entre ellos mismos: "¡Tarjeta roja, Villar!" Lo echó de la cancha y chau.

Y con idéntico criterio, en cuanto a la orden de excomulgar a todo montevideano que se atreva a contradecir su pensamiento único, está la reveladora frase proferida esta semana por Constanza Moreira: "¡Montevideo seguirá siendo nuestra!" (¿Cómo? ¿No era "de todos"?) Esta última semana de campaña marca un verdadero cruce de caminos.

Cosse y Villar sobreactúan las críticas a Raffo y al gobierno nacional, solo para evitar que la sangría de votos astoristas cruce a la otra vereda partidaria

Tres encuestas diferentes coinciden en que el Frente Amplio ganaría solo por la acumulación de sus tres candidatos, puesto que quien capta individualmente la adhesión mayoritaria sigue siendo Laura Raffo, por lejos.

Otras constantes de esas mediciones son la tendencia creciente de Raffo, la consolidación de Cosse en la interna del FA y la caída libre de Daniel Martínez. El del expresidenciable es un fracaso cargado de significación. En primer lugar, por contraste con su inesperada performance en el balotaje, con un inusitado crecimiento de votos que lo llevó a darse golpes en el pecho en recordado momento televisivo. Pero más importante aún es la evidencia de que la fortuna gastada por la intendencia de Di Candia para publicitar la gestión de su predecesor, parece no haber servido de nada: cada vez más votantes huyen de Martínez y ese es el segmento más codiciado por todos los partidos.

Por eso Cosse y Villar sobreactúan las críticas a Raffo y al gobierno nacional, solo para evitar que la sangría de votos astoristas cruce a la otra vereda partidaria y les comprometa un triunfo que, hasta hace unas semanas, aún creían seguro. Por eso Villar ha dado un giro final a su campaña, de corte insólitamente opositor a la gestión de su propio partido, mostrando a vecinos que se quejan del mal estado de las calles, del pésimo transporte y de la falta de higiene. (Se está buscando otra tarjeta roja de la señora Tourné...)

Tal como están dadas las cosas, tenemos la plena confianza de que el ciudadano montevideano, este domingo 27, optará por decir basta.

Con este patético comportamiento de la izquierda, no es raro que salgan "derechistas" y "desclasados" de abajo de las baldosas y aseguren por fin el cambio hacia la responsabilidad y transparencia, que tanto anhelamos.

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